Menú Principal | Guía Eclesiástica | Página inicial de SC

Delegación para la animación misionera

“Hay de mí si no evangelizare”
San Pablo

Queridos hermanas y hermanos de la diócesis de Morón: Gracia y Paz

En el mes de Octubre, en toda la Iglesia estamos llamados a renovarnos en el espíritu misionero. Reflexionar, animarnos, imaginar juntos nuevos acercamientos misioneros a los hermanos más alejados, empezando por casa, nuestras comunidades y más allá de las fronteras.

En el año Paulino, San Pablo, Misionero por vocación, nos estimula en este mes a rezar y sostener la tarea misionera.

El 11 y el 12 de este mes será la oportunidad para que en cada Eucaristía, ofreciendo el Santo Sacrificio y ofreciéndonos nosotros, se geste una nueva primavera misionera, así como lo soñaron nuestros Obispos en Aparecida.

Oportunamente Nuestro Obispo nos sugirió que recemos la misa votiva por la evangelización de los pueblos.

Las colectas de las eucaristías animadas por cada comunidad, serán destinadas para apoyar las misiones sobre todo en los lugares donde el nombre de Jesús no es conocido.

Animamos a todos a sumarse con el rezo del Santo Rosario para que, unidos a María del Buen Viaje, cuya fiesta celebramos en Octubre, lleguemos a ser fieles al anuncio evangelizador.

Que Santa Teresita del niño Jesús y San Francisco Javier intercedan para que cada uno de nosotros sea una respuesta de amor al Señor.

Un caluroso Abrazo

Equipo de Animación Misionera Diocesana.

 

PD: El guión de la Misa y demás subsidios se pueden encontrar en la revista "Iglesia Misionera hoy" de las Obras Misionales Pontificias, que fueron distribuidas por la curia a todas las parroquias junto a los afiches para animar el mes del octubre misionero.

También se transcribe y adjunta la ponencia del Padre Víctor Manuel Fernández sobre la conferencia de Aparecida y sus diez motivaciones esenciales:

COMINA 3
SER DISCÍPULOS MISIONEROS

PBRO. VICTOR MANUEL FERNÁNDEZ

Hemos querido en este Congreso, tener muy presente la Quinta Conferencia del Episcopado de América Latina, en Aparecida, Brasil.

Yo estuve participando allí, junto con otras 260 personas entre obispos, sacerdotes, religiosas, laicos y laicas, y también con algunos hermanos de otras confesiones Cristianas.

Ustedes saben que estas conferencias se celebran más o menos cada 15 años y lo que se hace en estos días es tratar de ver por dónde va el mundo, por dónde va la Iglesia y cuáles son los desafíos y tratar de encontrar algunas líneas comunes para toda América Latina.

Es importante que ustedes, como misioneros, traten de descubrir qué tiene para decirles esta Quinta Conferencia, que en realidad tiene muchísimo para decirles porque el Papa quiso que fuese una conferencia esencialmente misionera, que su mensaje, para toda América Latina, fuera marcadamente misionero.

¿Con qué se encontró esta Quinta Conferencia? Se encontró con un mundo muy distinto al de 15 años atrás. Se encontró con muchos problemas nuevos, con muchos desafíos nuevos. Si uno mira, por ejemplo, la familia, en estos últimos 15 años se ha deteriorado mucho y en algunas ciudades de nuestro país de cada dos matrimonios nuevos hay un divorcio, lo cual significa que la mitad fracasa. Es una crisis muy profunda en la vida familiar, y ustedes saben que cuando decimos que la fe se transmite en la familia entonces una crisis en la familia complica la transmisión de la fe. Saben ustedes también la fuerza que tienen hoy en día los medios de comunicación, que meten dentro de ustedes y también dentro de mí muchas dudas, muchas desconfianzas y un culto al placer y a la comodidad personal. Todo eso también complica la transmisión de la fe. Ustedes saben que en algunos países de América Latina, donde hace unas décadas los católicos eran el noventa por ciento, hoy en día son el sesenta y algo, e incluso en algún país de Latinoamérica han bajado al cuarenta por ciento de católicos, cuando eran en otra época el noventa por ciento. Eso ya empieza a ser sumamente preocupante y quiere decir que si los misioneros no se mueven un poco más, dentro de pocos años nos van a comer los ratones, dentro de pocos años nuestra Iglesia Católica va a quedar notablemente reducida. Pero un fenómeno muy parecido está sucediendo en algunos barrios de varias ciudades de nuestro país. Podríamos decir muchas cosas más pero hay una cosa que a mí personalmente me duele mucho, y es que de esos católicos que dejan la iglesia la mayoría son pobres. Este éxodo de católicos se da sobre todo en los barrios y en los pueblos y en las ciudades más pobres. Por eso algunas personas han hecho una profunda autocrítica y han dicho: “Algunos nos reunimos muchas veces a hablar de los pobres, otros sé reúnen muchas veces a hablar de temas de la moral, de la bioética, pero ninguno estuvo cerca de los pobres. Nos reunimos mucho, conversamos mucho, pero son pocos los que de verdad han compartido la vida con los pobres y se han dedicado a estar cerca de ellos”. Por eso el Papa cuando estuvo en Brasil pidió con mucha fuerza que todas las fuerzas vivas de la Iglesia vayan a hacerse presentes en las periferias, en estos lugares más alejados y más abandonados.

Pero ustedes saben que hay otro problema además de todo lo que podemos ver en el mundo y en la Iglesia , en realidad hay otro problema que posiblemente esté dentro de muchos de ustedes y quizás también dentro de mí. Es algo más profundo. En este momento donde se nos ofrecen tantas cosas para disfrutar de la vida, la mayoría de nosotros estamos siempre cuidando nuestro tiempo, siempre cuidando esos momentos de libertad, de autonomía, de placer, deseando que nadie nos joda. Entonces cuando una persona se obsesiona por cuidar tanto su tiempo, su autonomía, su comodidad, ¿cómo esa persona va a ser misionera y va a transformar el mundo? ¿Cómo esa persona va a dedicarse realmente a estar cerca de los pobres? No puede. Entonces a los problemas del mundo se agrega también esa especie de desgana, de desaliento, ese excesivo cuidado de uno mismo y también esa débil seguridad que tenemos en nuestra propia verdad, esa poca convicción que tenemos del valor y de la fuerza del Evangelio.

Por todo eso entonces en la Quinta Conferencia de Aparecida se propusieron sobre todo tres grandes ejes:

El primero , que es el más importante, es invitar a todos a ser misioneros. Simplemente así. Este es el primer gran tema que cruza todo el documento y toda la propuesta de Aparecida: invitar a todos a ser misioneros.

Para eso yo ahora les voy a comentar 10 grandes motivaciones, grandes motivaciones que pueden ayudarnos a despertar un poco mas las ganas de ser misioneros y el fervor misionero.

¿Cuáles serian esas 10 grandes motivaciones que uno puede encontrar en Aparecida, o 10 cosas que uno puede reflexionar y orar para alimentar las ganas de ser misionero?

•  La primera es la convicción serena y feliz de que uno es querido con un infinito cariño por Dios. Esa conciencia profunda a uno le da seguridad y le permite a uno caminar por la calle con la frente alta aunque uno caiga, aunque uno se equivoque, aunque uno meta la pata, aunque no sepa a veces que hacer pero lo mismo camina por la calle con la frente alta seguro porque se sabe infinitamente amado. Y es un amor gratuito, incondicional. No puede ni debe ser comprado o pagado por nada. Es porque sí, porque quiere amarnos. Uno es objeto de un amor que no tiene límites y eso es lo que a uno le da una grandeza interior, una firmeza, una solidez existencial. Uno, después de vivir así la vida, se da cuenta de que vale la pena proponerle eso a otros, se da cuenta que a eso vale la pena comunicarlo y transmitirlo para que la gente viva con más paz y esperanza.

•  Una segunda motivación para ser misionero es darse cuenta de que la vida solamente crece si uno la comunica. La vida madura, se hace fuerte, se hace hermosa si uno la comunica, pero si uno deja de comunicarla se empieza a achicar, se empieza a debilitar, se empieza a enfermar. Eso pasa en todos los niveles. Saben ustedes que a veces hay personas que se jubilan y después de la jubilación ya no hacen ninguna tarea, se encierran en su casa. Si vas a ver a esa persona dos o tres meses después decís que en dos o tres meses avejento diez años. La vida crece, madura, se hace fuerte y preciosa en la medida que uno la da. Si uno se convence de eso entonces va a dejar de cuidar tanto su comodidad su pedacito de placer, su mundo privado, y se va a dar cuenta que más que cuidar eso, si quieren ser felices, tienen que dedicarse a dar, a comunicar la vida. Esa convicción es clave para decidirse a ser misionero en serio.

•  Una tercera motivación para ser misionero es convencerse de que el Evangelio de Cristo responde a las necesidades más profundas de los corazones. Que esos vecinos del barrio, que esa gente que ve cada tanto por ahí, que incluso los compañeros de trabajo han sido creados para eso que les propone el Evangelio, están hechos para eso y por lo tanto lo necesitan. Aunque estén atontados con tantas cosas que ofrece el mundo, aunque estén un poco con la mente cerrada, en el fondo de su corazón necesitan y piden a gritos el Evangelio de Jesucristo. De eso hay que estar profundamente convencidos. La Redemptoris Missio dice así: “El misionero esta convencido de que existe ya en las personas y en los pueblos por la acción del Espíritu Santo, una espera, aunque no sea conciente, por conocer a Dios y su verdad sobre la vida, sobre nuestro camino y sobre la muerte misma”. El entusiasmo por anunciar a Cristo viene de la convicción de estar respondiendo a esa espera. Aunque no te lo digan, aunque lo nieguen, están esperando ese anuncio

•  Un cuarto punto que uno tiene que tener en cuenta es que todas las otras ofertas del mundo para la gente, todas las otras propuestas están llenas de limites y están llenas de mentiras. Entonces hay que acostumbrarse a interpretar esas mentiras, acostumbrarse a interpretar esos engaños. Evidentemente hoy en día hay una maquinaria infernal de publicidad y el mecanismo del mercado realmente tiene infinitas armas para cautivarte y para engañarte. Entonces hay que estar listo para percibir el engaño. Cualquier cosa que se te ofrece te esta ofreciendo un infinito que no puede dar, y te engaña. Entonces vos, misionero, te sentís llamado a destrabar ese engaño, te sentís llamado a ayudarle al otro a ver que se ha vuelto esclavo, que puede liberarse de esa esclavitud y que se puede vivir de otra manera. Porque si no se libera, uno desarrolla parte de su vida y mutila y atrofia lo más profundo de su existencia. Es como una persona que se le cría excesivamente el brazo derecho y desarrolla un brazo de 3 metros y el resto del cuerpo esta raquítico, pequeño. Eso también le pasa a un ser humano cuando solo vive de lo que le ofrece el mundo y el mercado: desarrolla como gigante la parte superficial de su vida y el resto de su existencia se muere y grita de dolor. Si el misionero esta convencido de eso va a tener ganas de ser misionero para desarrollar esa misión liberadora.

•  Otro estímulo para ser misionero es descubrir la belleza del Evangelio, que nos llena de deseos de comunicarlo. Pero para eso hay que recuperar un espíritu contemplativo. Hay que volver a detenerse, dejar de correr por un momento, porque hoy en día aunque no tengas nada que hacer corres igual, te inventas algo. Entonces hay que recuperar la capacidad de detenerse y aquietarse, tomar el Evangelio pero con calma y sin apuro, detenerse en un pedazo del Evangelio y empezar a ver la belleza, la hermosura, la luz que hay en los detalles; como un enamorado que se pone a mirar a la novia y le ve un pelito arriba de la oreja y se queda media hora mirándolo y se fija en el lunarcito que tenias debajo de la pera y que no lo había visto nunca. Entonces, el misionero enamorado toma el Evangelio y empieza a cautivarse con los detalles de ese Evangelio y si algo no le convence del todo, si hay una parte de ese Evangelio que no le gusta, se pregunta: “¿qué habrá en mi que esto no me gusta?, ¿qué problema tengo yo que no puedo ver esta hermosura?, ¿Qué me pasa a mí? ¿Por qué yo no puedo reconocer esta verdad y esa luz?” De manera que, cuando el misionero hace ese trabajo todos los días y se deja cautivar por la figura de Jesús en el Evangelio, tiene ganas de llevarle eso a los otros, no pierde el entusiasmo. Yo me he dedicado últimamente a estudiar un poco otras religiones: el hinduismo, el budismo, y otras, y verdaderamente he visto que hay cosas muy lindas, cosas que valen la pena conocer y aprender de los demás, porque el Espíritu Santo siembra belleza y luz en todas partes. Pero llega un momento en que uno se da cuenta que ahí hay algo que falta, que hay algo que se queda a mitad de camino, que hay algo que ahí no esta y que deja el corazón insatisfecho. Y uno sabe perfectamente que ese es Jesús y la amistad que el nos ofrece y eso esta en el Evangelio, y eso es lo que vos estas llamado a comunicar.

•  Pero hay otra motivación que es muy importante. En la medida que uno mira el Evangelio, se encuentra una figura de Jesús, y empieza a ver qué relación tenia Jesús con la gente , y uno empieza a ver que este Jesús estaba cerca de todos, comía y bebía con los pecadores, lo trataban de comilón y borracho . Dice el Evangelio: “Este es un comilón y un borracho, anda chupando y comiendo por ahí con los pecadores”, se junta con mala gente, se para a charlar con cualquiera. Jesús se preocupaba por el ciego del camino, ese que todos lo hacían callar y él decía “llámenlo”, y estaba solo frente a frente con el ciego. A la mujer que la querían apedrearla la defiende y se queda solo frente a ella, los dos mirándose a los ojos. Ese es mi Maestro. Y cuando uno ve a Jesús así le empieza a nacer interiormente el deseo de vivir también así. Ó sea, no escapando de la gente, no cuidando el propio tiempo, sino con el sueño, el ideal, las ganas de estar cerca de todos. Y eso es el misionero, alguien que tiene ganas de estar cerca de los otros, de ir donde ellos estén, deseoso de ir a buscarlos. Deja de escapar de los que puedan quitarle su tiempo, perturbarlo, pedirle algo. El que tiene esa mística, ese sueño, esa pasión de estar cerca de todos como Jesús, quiere llorar con los que lloran y alegrarse con los que están alegres. Gusta ese ideal, gusta ese estilo de vida. Si uno no lo gusta, podrá decir: “A mí me encanta estar con Jesús, yo a Jesús lo amo, me gusta orar, me gusta leer el Evangelio pero a la gente no la aguanto”. Ese no puede ser misionero, pero si verdaderamente contempla a Jesús le brotan las ganas de estar cerca de todos. Si yo contemplo a Jesús, veo que sus ojos se levantan y se dirigen a la gente abandonada y necesitada, y me dice: “Andá, yo te envío”.

•  Otra motivación tiene que ver con una decisión. El misionero tiene que alimentar una decisión y esa decisión es aceptar entregar mi tiempo. Porque uno se puede motivar de muchas formas, puede pensar, reflexionar, pero nunca se detiene y no termina de hacer este acto de entrega diciéndole a Jesús: “Señor yo acepto entregar mi tiempo, te entrego mi tiempo, te ofrezco estos días, estas horas, te las doy para la misión”. Si uno no hace esta ofrenda generosa y sincera de corazón, por más que tenga motivaciones siempre va a encontrar excusas para dedicarse a otras cosas, para dedicarse a su pequeño mundo. Entonces, quizás todas las semanas uno tendría que apartarse y volver a tomar esta decisión, y volver a hacer esta ofrenda, “Señor te doy este tiempo para los demás”. En este punto la Conferencia de Aparecida ha insistido mucho, dice que la opción por los pobres tiene que dejar de ser una cosa genérica y tiene que convertirse en opciones y gestos concretos, en primer lugar dedicando tiempo , dedicando tiempo a los pobres, prestándoles atención, escuchándolos, acompañándolos, eligiéndolos para compartir nuestro tiempo. E sto lo propuso Jesús diciendo: “Cuando des una comida o una cena invita a los pobres, a los sordos a los ciegos a los paralíticos” (Lc. 14, 13). Entonces cuando uno prefiere darle su tiempo a gente linda, interesante, a un grupo de amigos, y tiene la tentación de encerrarse en ese pequeño mundito de seres agradables, tiene que volver a tomar la decisión: “Yo me quiero dedicar siempre a tus pobres y abandonados, a esos que nadie atiende, a esos que nadie escucha, a esos que nadie visita. Te ofrezco mi tiempo para eso y acepto dedicar parte de mi tiempo semanal para esa misión” 

•  Además de esta decisión vamos a otra motivación que puede ser muy importante para ustedes: es alimentar esa convicción interna del valor que tiene cada ser humano. Porque a veces uno puede llegar a despreciar a la gente que rechaza a Cristo, o se puede dar manija y decir “¡Esos ignorantes!”. O puede preguntarse si esta gente de este mundo perdido merece que uno les está dedicando su tiempo. Si no cambian de vida, si no escuchan, ¿merecen que yo les entregue mi tiempo, mi esfuerzo? Y vos podrás decir que sí, pero a veces uno dice que sí de la boca para afuera porque por dentro siente que es una gentuza que no merece realmente que uno se desviva por ellos. Entonces uno tiene que volver a alimentar esa convicción interna, profunda, de que todo ser humano, ese ser humano, esa vieja gritona, nerviosa, renegada, resentida o todo lo que quieras, ese ser humano tiene un valor infinito . Pero no tiene ese valor porque es linda, no porque es inteligente, no porque es agradable, no porque me brinda un momento de placer. Tiene un valor infinito porque es criatura amada del Padre Dios, porque Dios vive en su corazón, porque es imagen de Dios, porque Jesucristo dio su sangre hasta la ultima gota por esa vieja, porque Jesús resucito por ella, porque ál la ama sin límites y la busca permanentemente. Por eso esa vieja tiene para mi un valor infinito y es infinitamente sagrada. Entonces sí que merece mi tiempo y mi esfuerzo y merece hasta que yo de mi vida por ella. Si uno no se convence de eso va a seguir encerrado en su pequeño mundo de gente agradable y no se entregará a la misión. Un ser humano lo merece todo, y si mi tarea misionera sirve para que una sola persona le abra el corazón a Cristo y empiece a vivir con más dignidad, toda la tarea misionera de mi vida valió la pena, porque di mi vida por una persona sagrada. Esta motivación es verdaderamente clave.

•  Otra motivación muy importante es reconocer la acción del Espíritu Santo. En esta época por ahí creemos que las fuerzas del mal son más poderosas que las fuerzas del bien y entonces uno tiene a veces ganas de bajar los brazos y dice: “Yo lo intento, hago todo lo que puedo pero consigo muy poco, mi tarea no sirve para nada”. Hay que volver a descubrir que el Espíritu Santo sigue actuando y actúa mas allá de lo que uno puede controlar. El Espíritu Santo trabaja misteriosamente, secretamente, mucho mas allá de lo que uno puede medir. Acá no estamos en cosas donde entra la contabilidad, acá estamos en cosas que no se pueden calcular ni controlar. Un acto de entrega generosa que yo hago de corazón y con amor por un ser humano aquí, a lo mejor no logra nada que yo pueda ver aquí, pero esa entrega de amor sincero se mete adentro del mundo, se mete en el corazón de la tierra, se mete en el fondo de la vida y eso aparece por algún lado: en África, en Japón, ¿quién sabe dónde?. Y ese acto de entrega misionera que a lo mejor acá no da ningún fruto visible lo produce allá donde yo no puedo controlarlo, donde yo no puedo verlo, donde yo no me puedo aplaudir a mí mismo. Pero yo tengo la certeza de que cuando yo me ofrezco al Espíritu Santo como instrumento, él siempre trabaja y siempre actúa, y siempre produce frutos. Este sentido del misterio es esencial para un misionero, esta convicción de que si Jesús te llamó y que si vos te ofrecés al Espíritu, sí o sí serás fecundo aunque no lo veas.

• Pero agreguemos una motivación más: Jesucristo esta Resucitado, Jesús vive y no muere más. Y la resurrección no es sólo decir: “¡Qué bueno que Jesús que sufrió tanto, que murió en la cruz, y que ahora esté contento, esté Vivo” ¡No! La resurrección quiere decir que la vida y el poder y la gloria de Dios se han metido en el corazón del universo. Por lo tanto, eso anda dando vuelta por todos lados, la vida de Jesús resucitado esta dando vueltas por todos lados. Y le cortarán un brote acá, pero brota por allá, lo cortarán por allá, pero vuelve a salir por allá. Es como la primavera que es incontenible. Aunque vos arranques todas las flores está explotando, es inevitable. Entonces yo sé que Jesús esta resucitado y que está vivo. Por lo tanto el mundo no esta condenado, no estamos condenados a la destrucción, a la ruina. Está la vida dando vueltas y queriendo dar frutos y a veces solo hace falta un instrumento que se entregue para que brote esa vida con todas sus fuerzas. Ese instrumento de la resurrección sos vos.

Después de estas diez motivaciones que les quería dar habría una cosa muy importante para tener en cuenta: Hoy hablamos de la necesidad del testimonio . Es verdad que los testimonios hablan más que las palabras, pero no hay que entenderlo mal. El testigo no es un inmaculado, sino el que quiere entregarse más, el que lucha, el que busca, el que ora. No es el perfecto, no es el que no tiene mancha, no es el que no tiene límites, no es ese ser que es tan inmaculado que nadie se puede dedicar a imitarlo porque no puede. El testigo es el que confía en el amor de Dios y por eso no deja de luchar. El testigo es el que busca al Señor para tratar de ser fiel, el que no deja de intentarlo, el que por amor hace lo que puede, ése es el testigo. Porque sino con esto del testimonio mucha gente no se decide a ser misionera porque pone como excusa sus imperfecciones. No logra superar un defecto, no logra curar ese límite que tiene, y no se decide. ¡No!, Lo que hace falta no es que seas perfecto, lo que hace falta no es que no caigas nunca, lo que hace falta no es que ande todo bien en toda tu vida. Lo que hace falta para ser testigo es simplemente que vos tengas la seguridad de que hay un Dios que te ama infinitamente, que no dudes que Jesús te ha salvado, que vivas la seguridad interior de que su amor tiene la última palabra y que con Él todo va a terminar bien. Entonces no es lo mismo tenerlo a Él que no tenerlo, no es lo mismo la vida con Él que la vida sin Él, y eso siempre te da una esperanza y eso es lo que vos, aunque seas imperfecto, le querés comunicar a los demás.

Estas motivaciones son las que tendríamos que tratar de alimentar todos en la oración, en la reflexión comunitaria, en los intentos cotidianos, y tratar también de transmitírselos a los otros en nuestras parroquias, en nuestros colegios, en nuestros grupos, para que otros se decidan a ser misioneros.

Todo esto que estamos diciendo nos ayuda a entender en que sentido la Quinta Conferencia propone que todos, sin excepción, sean misioneros. Todos, no solo los que son perfectitos, sino todos y esta misión implica decidirse y salir a buscar al que esta alejado. Ustedes ya lo saben a esto, pero hay que repetirlo. Uno puede decir “misión”, y entender la catequesis y toda la actividad de la iglesia, pero ya cuando decimos misión ad gentes quiere decir ir a buscar al que esta lejos. No necesariamente en otra parte, sino quizás a la vuelta de la esquina, aun en estos areópagos de nuestra propia sociedad, pero es tener ganas de ir a buscar al que no conoce a Cristo. Es decir, no dedicarse a conservar a los que ya están, no ser administradores de parroquias y de grupos que ya están, sino tener esa especie de santa obsesión de ir a buscar al que no está. Eso es ser misionero y de eso hay que convencerse, porque si no los grupos misioneros terminan otra vez organizando charlas, cursos, reuniéndose a cada rato en la parroquia, y dejan de ir a buscar a los que están lejos. Y justamente lo que dice la Quinta Conferencia es que tenemos que entrar en un estado permanente de misión que nos exige transformar todas las estructuras de la iglesia para que sean efectivamente misioneras, de manera que cualquier grupo, cualquier institución, cualquier movimiento, que cualquier organización sirva par acercar al que esta lejos. Todo debe estar armado para que ese que está lejos se encuentre con Jesucristo y viva en la comunidad de los discípulos. Pero dice más la Quinta Conferencia: dice que hay que destruir todas las estructuras que ya no sirvan para la misión. Dice textualmente: “hay que abandonar todas las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe en Cristo” . Por lo tanto hay que decidir, no basta que un misionero tenga todas las motivaciones que yo les dije y que tenga ganas de misionar si las estructuras que tenemos terminan achanchándolo y encerrándolo en un pequeño grupo y perdiendo el entusiasmo y las ganas. Hay que transformarlo todo y animarse a eliminar las reuniones que nos terminan haciendo perder el tiempo mirándonos el ombligo, y acabar con los cursos interminables, que cuando termino los cursos ya está viejo, o se enfermó, o ya tiene dos o tres hijos y no tiene mas tiempo. Ustedes tienen este Documento que es muy claro en estos temas y pueden comenzar a exigir una transformación real de las estructuras para que nuestras parroquias, colegios, instituciones, movimientos sean células llenas de fuerza expansiva, es decir núcleos verdaderamente abiertos, entusiastas y generadores de vida por todas partes. Que sean verdaderamente células misioneras, en eso estamos, y para eso se hizo la Quinta Conferencia , y en realidad para eso están ustedes aquí. Ustedes que tienen una identidad misionera tienen que tener olfato para darse cuenta cuando hay algo que empieza a quitarles el fervor, el tiempo y las ganas para la misión. Porque ustedes no tienen la misión como un aspecto de la vida, como un lugar, como un pedazo de la vida, a ustedes la misión los colma por entero.

-“¿Cómo se llama usted Señora?”

- “Neli Lazarle”.

- “Neli, usted es Neli Misionera Lazarde, su identidad es esa, usted esta marcada hasta en su propio nombre, usted esta marcada en todo su ser por el llamado misionero, no es una parte. Entonces usted sabe que si usted no realiza esa misión, si no vive ese llamado, la vida de usted se le arruina. Entonces si usted va a una parroquia, va a un movimiento, va a un colegio o a cualquier institución de la Iglesia y ve que allí la misión se traba, usted tiene que resistirse, usted no lo puede soportar, usted tiene que invitar a que esto cambie porque sino usted se ahoga. ¿Será así?

Pero esto vale para todos, desde las grandes estructuras hasta los pequeños detalles. Por eso siempre cabe repetir esta vieja pregunta: “¿Esto que vamos a hacer realmente va a servir para acercar a los otros a Jesús? ¿O va a complicar las cosas? ¿Esto que voy a decir va a ayudar a que esta persona se acerque más a Jesús? ¿O corro el riesgo de alejarla más?” Esta pregunta cambia todo en la Iglesia. Porque esta pregunta nos ayuda a poner en primer lugar lo que esta primero y después lo que esta después, a no entretenernos excesivamente en las cosas secundarias, a recordar que hay cosas que son inmensas y hay otras que no son tan grandes, a poner el acento donde hace falta. Esto que vamos a hacer, este grupo que formamos, esta tarea, estas palabras que voy a decir ¿va a servir para que ellos se acerquen más a Jesús? Esa es la gran pregunta que el misionero se tiene que hacer siempre.

Y ustedes saben que en esta Quinta Conferencia se quiso acentuar que somos Discípulos Misioneros , sin la “y”. Esa “y” se sacó de todos los títulos. Porque no hay discípulo que no sea misionero, y no hay misionero que no sea discípulo, las dos cosas son absolutamente inseparables.

¿Por qué? Porque si vos en algún momento dejas de necesitar a Jesús, y dejas de ser discípulo de corazón, ¿qué misionero vas a ser? ¿Si en algún momento crees que ya no necesitas aprender nada, crees que el Evangelio te dice siempre lo mismo, no te dice nada nuevo, qué misionero vas a ser? Te apagas, te morís. Tenés que ser siempre discípulo que busca a Jesús, que sabe que siempre le falta algo, que sabe que el Evangelio siempre le puede enseñar algo nuevo, que sabe que necesita de nuevo a Jesús todos los días, que sabe que Jesús que vive con uno, que camina con uno, que respira con uno, que trabaja con uno. De otra manera el misionero pierde identidad. Si realmente uno no tiene un corazón de discípulo el misionero se apaga, y a eso lo sabemos todos. El misionero es alguien que siempre tiene que estar aprendiendo, que siempre tiene que estar escuchando de nuevo a Cristo, que siempre tiene que estar enamorándose de el otra vez, que siempre tiene que dejar que Jesucristo le cambie los esquemas de la vida, y que también tiene que dejar, que a través de los demás, Jesús lo cuestione a uno permanentemente. Eso es ser Discípulo. Por lo tanto es evidente que el misionero tiene que ser discípulo todos los días.

En esta Quinta Conferencia hay un tercer eje: este tercer eje es la “vida” que Jesucristo ofrece . Vos sos Misionero para hacer crecer la vida por todas partes. Somos “discípulos misioneros para que nuestros Pueblos tengan Vida en Cristo”, para que la gente tenga vida. Y una cosa linda de esta Quinta Conferencia es que queda claro que a Jesús le gusta que la gente sea feliz, que cuando decimos Vida, es toda la vida, y son todos los aspectos de la vida. Por eso en Aparecida dice así: “La vida en Cristo incluye la alegría de comer juntos”. Eso también es vivir en Cristo, ser felices comiendo juntos. También incluye el entusiasmo por progresar, el gusto de trabajar y de aprender, el contacto con la naturaleza, el entusiasmo de un proyecto comunitario, el placer de una sexualidad vivida según el Evangelio y todas las cosas que el Padre nos regala como signos de amor. Podemos encontrar a Jesús en medio de esas alegrías de nuestra limitada existencia y así brota una gratitud sincera.

El Misionero no es el predicador del “no”, no es el que aparece siempre a decir lo que no hay que hacer, lo que esta mal. El misionero no es un ser negro que lo ves llegar y decís: “Este viene a joderme la vida”. ¡No! El Misionero no es eso, el Misionero es el que comunica la felicidad las ganas de vivir, el gusto de luchar, las ganas de vivir juntos, el que invita a descubrir a Jesús en las pequeñas alegrías lícitas de la vida. Eso es el Misionero , un comunicador de vida .

Pero ¿qué nos pasa a veces? Que en televisión hay un cura, un Obispo, un cristiano discutiendo un tema y la gente cuando llega el cura, el Obispo o el laico que va a hablar dicen: “Ya se lo que va a decir... Va a decir que no, que está mal, que algo no se puede” Y por supuesto que nosotros tenemos que mostrar todas las exigencias del Evangelio y no callar nada, pero todo tiene que ser dicho de tal manera que se vea que estas ofreciendo vida, que la propuesta es vivir mejor, que la propuesta de Jesucristo es vivir con más dignidad y con más plenitud. El Misionero tiene que ser capaz de presentar las cosas siempre mostrando que el Evangelio es para vivir mejor, no para la muerte, no para mutilar la existencia, no para ser un desgraciado triste, sino para la vida. Ese es nuestro anuncio: que la amistad con Jesucristo no nos quita nada nuevo, que asume todo, y que nos lleva a las mayores profundidades de esa vida. Por eso es tan importante este tercer eje de la Quinta Conferencia. Discípulos misioneros para que los demás tengan Vida, para que los Pueblos tengan Vida.

Si ustedes leen la Biblia se van a encontrar con este Dios que ama la vida. Vuelvan a leer el Eclesiástico capitulo 14, que es un texto precioso, donde Dios dice: “Hijo, trátate bien, no te prives de pasarte un buen día” . El Padre Dios te dice: trátate bien, no te tortures, no te prives de pasarte un buen día. Porque Dios es un Padre que ama, y cualquier padre que quiere en serio a un hijo lo quiere ver contento, feliz, disfrutando de la vida. Dios es así, entonces hay que tener un cuidado sagrado de no mostrar a Dios como un Padre que mutila, que mata, que destruye la vida, porque ese no es Dios, ese es un ídolo, ese no es Dios. Y si es así, recordamos entonces porque la evangelización incluye la promoción humana. Evangelizar es promover al ser humano entero, en toda su existencia. Eso esta claro porque Dios se encarno, el Hijo de Dios vino a compartir toda nuestra vida y por eso la Evangelización incluye la promoción humana. Si, pero a veces tenemos la imagen de un Hijo encarnado, de un Verbo encarnado que no viene a traer vida, felicidad y plenitud, que le molesta que sus hijos sean felices. Entonces por más que este encarnado ese no te invita a promover al ser humano entero. El Evangelio presenta un Jesucristo que ama la felicidad de cada ser humano y que se alegra con la alegría de cada uno de nosotros. Por eso entonces cuando yo evangelizo busco que la gente viva mejor en todos los sentidos. Pero finalmente es vida “en Cristo”. Yo sé que por más que alguien tenga todo, hasta que no lo encuentra a Él le falta lo más grande, y por eso dice la Quinta Conferencia : Jesús ofrece mucho más que el agua para saciar la sed del cuerpo. A la samaritana le ofrece mucho más que el agua del pozo, a todos nos ofrece mucho más que satisfacer las necesidades inmediatas porque se quiere entregar Él mismo como amigo, como amor y como vida nuestra. Lo encontramos a él en todas las cosas de la vida y más allá de todas las cosas.

Les propongo entonces que hagamos un pequeño instante de oración sabiendo que estamos aquí, en la ciudad de María, la Misionera , la enamorada de su Hijo, la que quiere con todo cariño a todos nuestros Pueblos de América Latina, la que se ha hecho presente con tantos rostros. Esa misma es la que en Aparecida se hace presente con una red, como diciendo: “ Vayan y pesquen en abundancia para Jesús” . Por eso María, Madre, queremos pedirte en este día que con ese cariño materno vengas y nos abraces y que nos ayudes a destrabar todas esas cadenas que nos atan, que nos frenan, que nos quitan las ganas, el entusiasmo, la alegría. Empújanos Madre y no nos dejes anclados, enfermos, limitados. Empújanos porque vos sabés cuál es el mandato de tu Hijo: “Vayan y Anuncien el Evangelio a todos” . Y en este día precioso en que estamos reunidos en tu nombre, Jesús, queremos darte gracias de corazón porque nos has tenido en cuenta. Gracias Jesús porque nos has llamado a ser misioneros, gracias porque nos has invitado a una vida intensa, a una vida fecunda, a una vida plena. Gracias Señor.

Y te pedimos en este día Jesús, que abras tu corazón que está lleno del fuego del Espíritu Santo, y derrames en todos nosotros esa fuerza incontenible del Espíritu Santo.

¡Ven Espíritu Santo!. ¡Ven Espíritu Santo!. ¡Ven Espíritu Santo!. Toca nuestros corazones, penetra, sana, libera, cura toda enfermedad, toda debilidad, desata toda atadura que nos detenga. ¡Ven Espíritu Santo!. Ven a derramar la vida de Cristo resucitado, ven con la alegría de seguirlo y de comunicarlo a Él. ¡Ven Espíritu Santo!. Y que venga el Espíritu allí donde vos más lo estas necesitando en este momento, que toque y sane esa tristeza, esa angustia, ese miedo, que toque y sane eso que te hace daño, eso que te quita el gozo y la experiencia del amor inmenso del Padre.

Por eso, Padre Dios, Padre que nos das la vida a cada instante, te pedimos que abras el corazón de tu Hijo resucitado y derrames sobre todos los que están aquí presentes el fuego, la luz y el poder del Espíritu Santo. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Muchas gracias.


Pbro. Martín Ernesto Bernal Alonso
Delegado del Obispo para la Pastoral de Comunicación Social

OFICINA DE PRENSA DEL OBISPADO DE MORÓN
Sr. Fabián Parodi.
De lunes a viernes de 9 a 12 horas.
Teléfono: 4629-3143  E-mail: encuentrodiocesano2005@gmail.com
Buen Viaje 936 - Morón     
Sitios WEB: www.diocesisdemoron.org.ar
Periódico Seguimos Caminando: www.seguimoscaminando.org.ar