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Santos del mes
Por Francisco D. Zazzu

San Martín de Tours
“El Soldado de la capa, Patrono de Buenos Aires”

"El Santo militar que se hizo monje, cuyos milagros recorrieron toda la Europa medieval".

Solemnidad: 11 de noviembre

Biografía

Hijo de un tribuno romano, San Martín de Tours nació en Sabaria, actual territorio de Hungría, hacia el año 316. Siendo todavía niño, su familia regresó a la península itálica para establecerse en la ciudad de Pavía, donde fue inscripto como catecúmeno. Sin embargo, al igual que su padre, sintió la vocación militar, razón por la cual, a los 15 años de edad se enroló en el ejército de Roma, siendo destinado a la caballería de la Guardia Imperial.

Siendo miembro del ejército, fue que un día se encontraba de campaña a las Galias y junto a las puertas de la ciudad de Amiens, encontró a un mendigo cuyo aspecto desdichado lo impresionó. Martín no llevaba dinero ni objeto alguno que pudiera darle como limosna. Se miró a si mismo, contempló su capa militar y no dudo en cortarla en dos mitades y darle una de ellas al pordiosero. Esa noche Martín tuvo una visión de Jesús que le decía: “Martín, el catecúmeno, me ha vestido con su capa”.

A los 18 años, el joven soldado sintió la necesidad de ser bautizado y, poco después, un hecho asombroso lo llevó a abandonar la milicia para abrazar la vida religiosa.

Era emperador de Roma por esos días el césar Juliano, conocido en la historia por el apodo de “Apóstata”, ya que habiendo conocido el cristianismo por intermedio de los herejes arrianos, intentó instaurar nuevamente el culto pagano. Corría el año 356, cuando las hordas bárbaras de salios y camavios penetraron en territorio galo, arrasando todo a su paso. Los romanos concentraron sus fuerzas en Worms y hasta allí se encaminó Juliano, para entregar a sus tropas el incentivo en dinero con el que las mismas eran animadas. Al llegar el turno de San Martín, éste miró al emperador y sin aceptar la dádiva exclamó: “Hasta ahora, César, he luchado siempre a tu servicio, permíteme hacerlo a partir de ahora por Dios. Quien desee continuar a tu servicio acepte entonces tu donativo; yo soy soldado de Cristo. No me es lícito seguir en el ejército.” A ello respondió el emperador: “Tu actitud, mi querido Martín, más parece miedo a la batalla que convicción religiosa; tu sabes que los bárbaros nos atacarán mañana. Sabes que debemos responder con contundencia porque la seguridad del imperio peligra. Dices ser cristiano, es decir que eres un cobarde. Tienes miedo de enfrentar al enemigo.”Martín sabía que además de buen comandante, Juliano era enemigo del cristianismo y que si titubeaba, sus compañeros no sólo se reirían de él, sino del mismo Cristo, razón por la cual, solicitó que le permitiesen formar en la primera fila, sin armas ni escudo ni yelmo. “Así mi internaré tranquilo entre los bárbaros, demostrándote mi valor y fidelidad y que lo único que temo es derramar sangre de otros hombres.” Por la mañana, cuando la batalla estaba a punto de comenzar, los bárbaros enviaron un parlamentario y pidieron la paz. Los anales atribuyeron la victoria a Juliano, pero algunos legionarios manifestaron que el enemigo había entrado en pánico al enterarse que, seguros del triunfo, había soldados que marcharían a combatir sin armamentos.

Ya liberado del ejército, Martín se traslado a Poitiers, para incorporarse a los discípulos del Obispo Hilario, y junto a ellos se preparó para recibir el orden sacerdotal.

San Martín regresó por un tiempo a su ciudad natal y desde allí pasó a Milán primero, y a una isla cercana a Génova después, para llevar vida de ermitaño, en silencio y oración. Al cabo de un tiempo, regresó a Poitiers llamado por San Hilario. En la ciudad cercana de Ligugé fundó el que sería el primer monasterio de Francia y un verdadero semillero de obispos y sacerdotes defensores de la ortodoxia católica, desde donde su fama comenzó a extenderse por toda la Galia mientras se le unían los primeros discípulos.

Fue así, que en 371 el obispado de Tours quedó vacante y el clero lo convocó a Martín para ocuparlo pero el insistía en continuar con su vida apartada, hasta que un ciudadano de Tours, llamado Rusticio, acudió a pedirle que llevara los últimos sacramentos a su mujer moribunda.

Ni bien transpusieron las puertas de la ciudad, Martín, sorprendido, se encontró envuelto por el júbilo del pueblo que lo aclamaba como su nuevo obispo. El 4 de Julio recibió la ordenación correspondiente y sus actividades pastorales fueron consideradas como modelo para obispos.

Finalmente, San Martín de Tours falleció el 8 de Noviembre en Candes, Turena, en el año 397, a los 81 años de edad. Murió apaciblemente, recostado en el suelo sobre cenizas, ante los ojos del Altísimo, y supo rechazar violentamente al demonio que intentó en aquel trance tentar su trasparente alma. Sus restos fueron conducidos al sepulcro en solemne procesión, escoltados por una guardia de honor de más de 2000 de sus monjes. Su episcopado marca el triunfo del cristianismo en el Oeste de las Galias y su tumba no tardó en convertirse en centro de peregrinación. Su fiesta se celebra el 11 de Noviembre y es santo de los soldados, de los artistas, de los tejedores y fabricantes textiles –junto a San Francisco de Asís– y Patrono de Francia y Hungría, además de varias ciudades, entre ellas: Amiens, París, Utrech, Aviñon y Buenos Aires.

Datos:

316: Nació en Panonia (Hungría).
332: A los quince años se alista en la milicia.
337: Deja el ejército para volcarse a la prédica.
371: Fue designado Obispo de Tours, Francia.
397: Murió el 8 de Noviembre, en Candes y el 11 es sepultado en Tours.

Bibliografía recomendada:

Sulpicius Severus, Vita S. Martini , ed. J. Fontaine , 3 vol., Paris 1967-1969.
Régine Pernoud (1998). San Martín de Tours . Encuentro Ediciones.

Reflexiones:

San Martín de Tours, patrono de Buenos Aires, te pedimos que no nos abandones y nos acompañes en el largo camino a la Casa del Padre. Con tus enseñanzas y obras les mostraste el rumbo a millares de personas, a través de los siglos y es tu vida un ejemplo de amor a Cristo y a nosotros sus hijos.


Pbro. Martín Ernesto Bernal Alonso
Delegado del Obispo para la Pastoral de Comunicación Social

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