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Santos del mes
Por Francisco D. Zazzu

Santa Cecilia
"La Santa noble, Patrona de la música"

"La Santa que nació en la aristocracia romana y se consagró al Dios de los cristianos".

Solemnidad: 22 de noviembre

Biografía

Santa Cecilia es una de las mártires más veneradas de la primitiva Iglesia. Hacia el siglo IV, ya se había levantado una Iglesia en su honor en lo que había sido el palacio de su familia, una de las más destacadas de la nobleza romana.

Cecilia fue una joven de la alta nobleza romana, pero con una fuerte convicción de la Verdad de Cristo, por lo cual alternaba su vida palaciega con la de las catacumbas.

El obispo Urbano (luego Papa y más tarde santo) era quién guiaba la comunidad a la que pertenecía la noble doncella y tenía su sede bajo un templo de ídolos romanos. Cristianos simulando ser mendigos se echaban ante la puerta disimulada de la catacumba alertando ante la presencia de soldados romanos en las inmediaciones. Cecilia era conocida y respetada por todos, y cualquiera que invocara su nombre era inmediatamente guiado ante el obispo Urbano: con toda seguridad, su alma venía en busca de la nueva fe en el Dios único y verdadero.

Cecilia era conocida por predicar la Palabra del Señor y por imitarlo en sus gestos: asistía al hambriento, lavaba los pies al caminante, llevaba consuelo al afligido. Ella no temía a un destino seguro de martirio ante los leones. Esa vida tan unida al Señor le llevó a consagrarle su virginidad siendo muy joven. El obispo Urbano sabía de esto y de confidente, se convirtió en el sacerdote que tomó esa consagración, pero sus padres ignoraban las promesas de su hija y, siguiendo las costumbres de la época, la prometieron en matrimonio a un joven noble llamado Valerio, educado y de familia de alta alcurnia, enamorado de ella.

Cecilia lo conocía y sentía por él el afecto de una hermana pero no encontraba el modo de contradecir la decisión de sus padres y no quería revelar su gran secreto de la consagración.

Sin embargo, tanto deseaba convertir a Valerio al cristianismo que finalmente aceptó casarse con él, confiando en que podría lograrlo, aun cuando las bodas se celebrarían según el rito pagano.

Cuando al fin se hallaron solos los dos esposos, Cecilia, fortalecida con la virtud del Cielo, le habló a su marido y le dijo que ella había entregado su virginidad a Dios y que un ángel celosamente guardaba su cuerpo; por consiguiente, Valeriano debía tener el cuidado de no violar su virginidad. Valeriano pidió ver al ángel, después de lo cual Cecilia lo envió junto a la tercera piedra miliaria de la Vía Apia dónde debía encontrarse con el papa Urbano I.

Valerio obedeció y fue al encuentro de Urbano, el papa lo bautizó y Valerio regresó como cristiano ante Cecilia. Entonces se apareció un ángel a los dos y los coronó como esposos con rosas y azucenas. Cuando Tiburcio, el hermano de Valerio, se acercó a ellos, también fue convertido al cristianismo y a partir de entonces vivió con ellos en la misma casa, en completa pureza.

Convertido Valerio y su hermano, los dos fueron muy pronto denunciados por dar cristiana sepultura a los contrarios al paganismo romano, ejecutados y abandonados en las calles porque, según la ley civil, no eran merecedores de una sepultura. Valerio y Tiburcio fueron decapitados.

Después del martirio de su esposo, Cecilia vendió todos los bienes familiares y distribuyó el oro obtenido entre los necesitados. Luego la propia Cecilia fue buscada por los funcionarios del prefecto. Fue condenada a morir ahogada en el baño de su propia casa. Como sobrevivió, la pusieron en un recipiente con agua hirviendo, pero también permaneció ilesa en el ardiente cuarto. Por eso, el prefecto decidió que la decapitaran allí mismo. El ejecutor dejó caer su espada tres veces pero no pudo separar la cabeza del tronco. Huyó, dejando a la virgen bañada en su propia sangre. Cecilia vivió tres días más, dio limosnas a los pobres y dispuso que después de su muerte su casa debía dedicarse como templo.

El obispo Urbano la enterró en la catacumba de Calixto, donde se sepultaban los obispos y los confesores.

En el año 1594 Santa Cecilia fue nombrada patrona de la música por el Papa Gregorio XIII y, a través de los siglos, su figura ha permanecido venerada por la cristiandad, con ese padrinazgo. Su fiesta es el 22 de noviembre, fecha que corresponde con su nacimiento y que ha sido adoptada mundialmente como el Día de la Música. El padrinazgo de la música le fue otorgado por haber demostrado una atracción irresistible hacia los acordes melodiosos de los instrumentos. Su espíritu sensible y apasionado por este arte, convirtió así su nombre en símbolo de la música.

 

Datos:

No hay datos exactos acerca de su nacimiento aunque muere mártir en el año 177.

Bibliografía recomendada:

- Santa Cecilia o la fuerza de la música. Relato de Heinrich von Kleist (1810).
- La Roma sotterránea cristiana descritta ed illustrata . Roma: 1877, (vol. 1) 180-181. Giovanni Battista.

Reflexiones:

“Cecilia solía entonar hermosas melodías de alabanza a Dios y en su corazón, su único amor era hacia Él, vivía íntimamente unida al Señor y oraba casi sin cesar. Cecilia era toda luz, revestida con la blanca túnica de las consagradas al Señor, su oración era canto del alma y revoloteo de alas invisibles”.


Pbro. Martín Ernesto Bernal Alonso
Delegado del Obispo para la Pastoral de Comunicación Social

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