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Santos del mes
Por Francisco D. Zazzu

Santa Catalina Labouré
" La Santa encargada de la Medalla Milagrosa".

"La Santa de la humildad que guardó durante toda su vida el secreto de las apariciones que presenció de la Virgen María".

Solemnidad: 27de noviembre

Biografía

El 2 de Mayo de 1806 en la familia Labouré nacía Catalina, una niña de ojos azules que parecían del cielo. Al día siguiente fue bautizada en la Iglesia de Fainles-Mountiers, población de Borgoña, Francia.

Su padre era campesino y también alcalde del pueblo. Era un hombre rudo, trabajador, taciturno, autoritario, profundamente honrado y cristiano. Quería ser sacerdote y había comenzado sus estudios en vista de eso. Pero sobrevivió la furiosa tempestad política que devastó las más antiguas instituciones religiosas, cerrando los seminarios y persiguiendo a los sacerdotes, obispos y religiosas.

Fue así que a los 27 años se casó con Luisa Magdalena Gontard, mujer profundamente cristiana, llena de fe y piedad. En este hogar Catalina encontró la vivencia de la fe cristiana, profunda y activa. Catalina quedo huérfana de mamá a los 8 años. El mismo día de la muerte de su mamá, la criada sorprendió a Catalina sobre una silla abrazando una imagen de la Virgen y pidiéndole protección y amor. Y la Madre de Dios la cuidó y la protegió hasta hacerla santa.

Como su hermana mayor se había hecho monja, Catalina tuvo que quedarse al frente de los trabajos de la cocina y del lavadero en la casa de su padre y por eso no pudo aprender a leer ni a escribir.

Tenía el deseo de ir a la misa todos los días a las cinco y media de la mañana, lo que representaba seis kilómetros de ida y vuelta, pero no le importaba; salía a las cinco de la mañana sin desayuno y con cualquier clima. De regreso iba a ver a su hermanito enfermo, Agustín.

A los 14 años Catalina le pidió a su papá que le permitiera irse de religiosa a un convento pero él, que la necesitaba para atender los muchos oficios de la casa, no se lo permitió. Ella le pedía a Nuestro Señor que le concediera lo que tanto deseaba: ser religiosa. A los 18 años tuvo un sueño: vió a San Vicente de Paúl celebrando misa y le oyó decir: “ahora huyes de mí, pero un día te sentirás dichosa por ser Hija de la Caridad , de esa Congregación que fundé”.

Desde ese día se propuso ser hermana vicentina y tanto insistió que al fin fue aceptada en la comunidad.

Siendo una joven monjita, tuvo unas apariciones que la han hecho célebre en toda la Iglesia. En la primera, una noche estando en el dormitorio sintió que un hermoso niño la invitaba a ir a la Capilla. Lo siguió hasta allá y él la llevó ante la imagen de la Virgen Santísima. Nuestra Señora le comunicó esa noche varias cosas futuras que iban a suceder en la Iglesia Católica y le recomendó que el mes de Mayo fuera celebrado con mayor fervor en honor de la Madre de Dios. Catalina creyó siempre que el niño que la había guiado era su ángel de la guarda.

P ero la aparición más famosa fue la del 27 de noviembre de 1830. Estando por la noche en la Capilla, de pronto vio que la Santísima Virgen se le aparecía totalmente resplandeciente, derramando de sus manos hermosos rayos de luz hacia la tierra. Y le encomendó que hiciera una imagen de Nuestra Señora así como se le había aparecido y que mandara hacer una medalla que tuviera por un lado dicha imagen, y por el otro, las iniciales de la Virgen y una cruz con esta frase: "Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti" . Y le prometió ayudas muy especiales para quienes lleven esta medalla y recen esa oración.

Después de las apariciones de la Santísima Virgen, la joven Catalina vivió el resto de sus años como una cenicienta escondida y desconocida de todos, haciendo los trabajos más denigrantes dentro de su comunidad, y cuidando a los ancianos del asilo que las Hermanas atendían en París. Ya en 1836 se habían repartido más de ciento treinta mil medallas.

Finalmente, ocho meses antes de su muerte, Catalina le contó a su nueva superiora todas las apariciones con todo detalle y se supo así quién era la afortunada que había visto y oído a la Virgen. Por eso cuando murió, todo el pueblo se volcó a sus funerales.

En 1947 el santo padre Pio XII declaró santa a Catalina Labouré, y con esa declaración quedó también confirmado lo que ella contó acerca de las apariciones de la Virgen. Su cuerpo aún hoy permanece incorrupto.

Datos:

1806: Nace, un 2 de Mayo.
1815: Muere su mamá.
1818: Recibe su primera comunión.
1830: Ingresa a las Hermanas de la Caridad. El 27 de Noviembre la Virgen le pide acuñar la Medalla Milagrosa.
1831: Termina el noviciado y recibe el hábito de la comunidad.
1876: Muere el 31 de Diciembre.
1933: Es declarada beata y en 1947 santa.

Bibliografía recomendada:

- La Médaille Miraculeuse. M. Aladel. París, 1934.
- La Venerable Catherine Labouré. E. Crapez. París 1910.

Reflexiones:

“Su silencio, sus humildes servicios, su vida al servicio de la Madre de Dios, convirtieron a Catalina en una fiel devota de la Virgen y en una servidora de los designios de Nuestro Señor. La diligencia de Catalina se notaba en querer obedecer hasta en los mínimos detalles, en guardar el silencio y en escoger los oficios más humildes que llamaba perlas de las Hijas de la Caridad. Su vida es hoy un ejemplo de una fe inmensa por Dios y por la Santísima Madre”.


Pbro. Martín Ernesto Bernal Alonso
Delegado del Obispo para la Pastoral de Comunicación Social

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