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Delegación para la Animación Misionera

- Misa de Envío de Grupos Misioneros
- Encuentro de Congresistas del Decanato de Hurlingham
- TRIDUO DE NAVIDAD (Se adjunta archivo en WORD)



“El mandato misionero es la primera urgencia”

Misa de Envío de los Grupos Misioneros

Para agradecer el esfuerzo que hacen llevando el anuncio del Evangelio más allá de las fronteras de la Diócesis; para sentir que no están solos, sino que es toda una Iglesia la que los envía, se invita a la comunidad diocesana, y de un modo especial a los Grupos Misioneros, a la Misa de Envío que tendrá lugar el próximo domingo 20 de diciembre, a las 20.00 hs., en la Iglesia Catedral.


A la misión no vamos por nuestra iniciativa,

sino, que somos enviados

 

Con estas palabras envió San Ignacio de Loyola a San Francisco Javier, Patrono de las Misiones. Creemos que nuestro envío misionero es un llamado a la Santidad.

P. Ignacio:

- “Yo te bendigo, Javier:

que Dios bendiga tus hechos.

A grandes empresas vas

y no hay peligro más cierto

que éste de que, arrebatado

por el afán del suceso,

se te derrame por fuera

lo que debes guardar por dentro.

La vida interior importa

más que los actos externos;

no hay obra que valga nada

si no es del amor reflejo.

La rosa quiere cogollo

donde se agarren sus pétalos.

Pídele a Dios cada día

oprobios y menosprecios,

que a la gloria, aun siendo gloria

por Cristo, le tengo miedo.

No te acuestes una noche

sin tener algún momento

meditación de la muerte

y el juicio, que a lo que entiendo,

dormir sobre la aspereza

de estos hondos pensamientos

importa más que tener

por almohada, piedra o leño.

Cada mañana tendrás

con la Señora, algún tierno

coloquio, donde le digas

esos dolores secretos

que a la Madre de le dicen

de modo más desenvuelto

que no al Padre, que por ser

el Padre, da más respeto.

Mézclame, de vez en cuando,

en el trabajo requiebros

y jaculatorias breves,

que lo perfuman de incienso.

Ni el rezo estorba al trabajo,

ni el trabajo estorba al rezo.

Trenzando juncos y mimbres

se pueden labrar a un tiempo,

para la tierra un cestillo

y un rosario para el cielo.

Escríbeme, por menudo,

tus andanzas y sucesos;

ni los agrandes por vano,

ni los calles por modesto;

que de Dios serán las glorias

y tuyos solo los yerros.

Piensa que ella en esta vida

no volveremos a vernos.

Te emplazo para la gloria,

que para los dos la espero

por la bondad del Señor,

que no por méritos nuestros.

Mientras tanto, Javier mío,

porque no nos separemos,

llévame en tu corazón,

que en mi corazón te llevo”.

 

(Extractado de la Obra “El Divino Impaciente” de José María Pemán)

 

 

 

 

 

 


Encuentros Decanales para los congresistas

El Decanato de Hurlingham organizará un encuentro para alentar la participación de los congresistas del primer Congreso Misionero Diocesano.
Durante el mismo, los participantes tratarán el Documento de Trabajo y recibirán los aportes de lo trabajando en cada comunidad.

Será este sábado 19 de diciembre, de 10.00 a 12.00 en la Parroquia San Carlos Borromeo (
Uspallata 2086, Hurlingham - 4665‑8368).

 

 




 

Para que llegue a más hermanos la
buena noticia del Nacimiento de Jesús
(Se adjunta archivo en WORD)

Dentro de las propuestas del camino hacia el Congreso Misionero, está la realización de un gesto misionero en Adviento.

Por tal motivo, el Equipo Diocesano de Animación Misionera adjunta el presente Triduo, animando a cada comunidad a salir a misionar con él, para que llegue a más hermanos la buena noticia del Nacimiento de Jesús.



Triduo preparatorio a la Navidad para que las Comunidades y todos los hombres, hagan de su corazón un pesebre en el que nazca el Salvador, Jesús el Señor.

1* Día: 21-12-09

CONTEMPLEMOS A MARÍA SANTÍSIMA:

 



Lucas 1, 39-49
"39 En esos días se levantó María y fue de prisa a una ciudad en la región montañosa de Judá. 40 Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Aconteció que, cuando Isabel oyó la salutación de María, la criatura saltó en su vientre. E Isabel fue llena del Espíritu Santo, 42 y exclamó a gran voz y dijo:

-¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! 43 ¿De dónde se me concede esto, que la madre de mi Señor venga a mí? 44 Porque he aquí, cuando llegó a mis oídos la voz de tu salutación, la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45 Bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le ha sido dicho de parte del Señor.

 

El cántico de María

46 Y María dijo:

-Engrandece mi alma al Señor;

47 y mi espíritu se alegra

en Dios, mi Salvador,

48 porque ha mirado

la bajeza de su sierva.

He aquí, pues, desde ahora

me tendrán por bienaventurada

todas las generaciones,

49 porque el Poderoso ha hecho

grandes cosas conmigo.

Su nombre es santo".

 

Aunque la vida de María Santísima estuvo siempre recogida y concentrada en Dios, hubo de estarlo de una manera especialísima durante aquel período en que, por virtud del Espíritu Santo, tuvo en sus entrañas al Verbo divino encarnado.

El ángel Gabriel había encontrado a María en soledad y en el recogimiento, y en esa atmósfera le había revelado lo decretos de Dios: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por eso el hijo engendrado será santo, será Hijo de Dios” (Lucas 1,35).

El recogimiento había hecho a María abierta a la escucha del mensaje divino, abierta  al consentimiento y dispuesta al don total de sí misma.

En aquel momento recibió ella “al Verbo de Dios en su corazón y en su cuerpo (LG:53) y Dios se hizo presente en María de un modo especialísimo que supera toda otra presencia de Dios en la criatura. La humilde Virgen atestigua el sublime cántico del Magníficat: “Mi alma engrandece al Señor…porque ha hecho en mí maravillas el Poderoso” (Lucas 1,46.49).

Sin embargo, encubre en sí el gran misterio y lo vive recogida en la intimidad de su espíritu. Llegará el día en que José descubrirá la maternidad de María y no sabrá cómo comportarse; pero ella no creerá oportuno romper el silencio ni para justificarse ni para dar alguna explicación. Dios que le ha hablado y que obra en ella, sabrá defender su misterio e intervenir en el momento oportuno. María está segura de ello y a él remite su causa, continuando en su doloroso silencio, fiel depositaria del secreto de Dios.

Aquel silencio debió conmover el corazón del Altísimo; y he aquí que un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir en tu casa a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo” (Mateo 1,20)

Dios no puede resistir a un silencio que es fidelidad incondicionada y entrega total de la criatura en sus manos.

Comenzamos éste Triduo uniéndonos a María Santísima en su caminar detrás del proyecto de Dios. Le pedimos a ella que en un modo especial en ésta preparación encontremos el tiempo y el lugar para el encuentro íntimo con el Creador.

 

 

María Reina de las misiones que dijiste SÍ a la voluntad de Dios, que generosamente visitaste a Isabel, ya mayor embarazada, la alegraste hasta el júbilo con tu presencia, inspira a todos los creyentes a imitarte en la solicitud presurosa y solidaria por el basto campo de la actividad misionera. Que sepamos mostrar al mundo la visita del Sol naciente para iluminar a los que están en las tinieblas. En las sombras de la muerte. Guía nuestros pasos por el camino de la paz.

María sé nuestra humilde Maestra generosa que nos enseñe a no querer entenderlo todo, a no querer razonarlo todo y a tener un corazón inocente preparado a recibir los misterios de Dios en nuestra vida.

Que nos enseñes del mismo modo a salir de nuestras seguridades, de nuestras estructuras para estar disponibles para Dios en bien de nuestros hermanos.

Que la encarnación del proyecto divino en nuestras vidas nos colme el corazón de gozo. Amén.

 

2* Día: 22-12-09

CONTEMPLEMOS A LOS PASTORES

 

 



Lucas 2, 6-14

6 Aconteció que, mientras ellos estaban allí, se cumplieron los días de su alumbramiento, 7 y dio a luz a su hijo primogénito. Le envolvió en pañales, y le acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

 

Anuncio de los ángeles a los pastores

8 Había pastores en aquella región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. 9 Y un ángel del Señor se presentó ante ellos, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y temieron con gran temor. 10 Pero el ángel les dijo:

-No temáis, porque he aquí os doy buenas nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11 que hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor. 12 Y esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

13 De repente apareció con el ángel una multitud de las seres celestiales, que alababan a Dios y decían:

14 -¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres de buena voluntad!”


Hoy nos encontramos con los pastores, gente sencilla dedicada a su trabajo; el cuidado de sus rebaños. Que reciben la visita del ángel anunciándoles el nacimiento del Salvador.

Deben haber sentido temor, porque lo que sucedía era incomprensible, pero a la vez, sus corazones sencillos esperaban al mesías y pudieron recibir  éste anuncio con gozo y disponibilidad a salir inmediatamente hacia donde el ángel les indicaba.

Hoy como ayer, el Espíritu nos guía y nos quiere encadenados a él, como nos dice San Pablo “Ahora voy a Jerusalén, atado por el Espíritu, sin saber lo que allí me sucederá” (Hechos 20,22). Porque el Espíritu Santo conoce la Voluntad del Creador y nos lleva a vivirla en plenitud; haciendo que con su guía nuestra misión de abundantes frutos.

Y por escuchar el llamado del ángel e ir hacia donde él les indicaba se encontraron con el Niño recién nacido.

Escucharon interiormente la voz íntima de Dios, que se descubre secretamente a quienes le aman y le buscan con deseo vivo, sincero y constante.

Y arrodillados frente a ÉL fueron los primeros que le adoraron y sus almas se llenaron del agua viva que mata la sed del espíritu humano.

Alcanzaron el grado inicial de la contemplación, don precioso y gratuito de Dios, que no niega a quien le busca con amor y pureza de corazón.

Hoy el Niño sigue estando en el pesebre esperándome. Esperándome en cada Sagrario que silenciosamente reclama mi presencia y esperándome en cada hermano que necesita de mi asistencia.

 

 

“Señor tantas veces me distraigo, y tu Espíritu en mi alma grita y estoy tan sorda que no lo puedo escuchar.

Ven a mí en éste día con tu gracia y regálame el don de ser receptiva a tus inspiraciones. Para que dejándome guiar por ellas te encuentre y me pueda unir a los pastores en el gesto de adorarte. Amén.

 

3* Día: 23-12-09

CONTEMPLEMOS AL SALVADOR

 



Lucas 2, 15-20

15 Aconteció que, cuando los ángeles se fueron de ellos al Cielo, los pastores se decían unos a otros:

-Pasemos ahora mismo hasta Belén y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha dado a conocer.

16 Fueron de prisa y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Al verle, dieron a conocer lo que les había sido dicho acerca de este niño. 18 Todos los que oyeron se maravillaron de lo que los pastores les dijeron; 19 pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. 20 Los pastores se volvieron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como les había sido dicho”.


“Hoy nos ha nacido el Salvador, que es Cristo Señor” (Leccionario).

Los profetas entrevieron este día a distancia de siglos y lo describieron con profusión de imágenes: “El pueblo que andaba en tinieblas, vio una luz grande” (Isaías 9,2) La luz que disipa las tinieblas del pecado, de la esclavitud y de la opresión es el preludio de la venida del Mesías portador de libertad, de alegría y de paz: “Nos ha nacido un niño, nos ha sido dado un hijo. (Isaías 9,6) La profecía sobrepasa inmensamente la perspectiva de un nuevo David enviado por Dios para liberar a su pueblo y se proyecta sobre Belén iluminando el nacimiento no de un rey poderoso, sino del “Dios fuerte” hecho hombre; él es el “Niño” nacido para nosotros, el “Hijo”, que nos ha sido dado. Sólo a él competen los títulos de Maravilloso Consejero, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la paz. Pero cuando la profecía se hace historia, brilla una luz infinitamente más grande y el anuncio no viene ya de un  mensajero terrestre sino del cielo. Mientras los pastores velaban de noche sobre sus rebaños, “se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvía con su luz…Os traigo una buena nueva, una gran alegría, que es para todo el pueblo: Os ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías Señor” (Lucas 2,9-11).

El Salvador prometido y esperado desde hacía siglos, esta ya vivo y palpitante entre los hombres. El nuevo pueblo de Dios posee ya en ese niño al Mesías suspirado desde tiempos antiguos: la inmensa esperanza se ha convertido en inmensa realidad.

San Pablo lo contempla conmovido y exclama: “Se ha manifestado la gracia de Dios a todos los hombres…Apareció la bondad y el amor hacia los hombres de Dios, nuestro Salvador” (Tito 2,11; 3,4).

Ha aparecido en el tierno Niño que descansa en el regazo de la Virgen Madre: es nuestro Dios, Dios con nosotros, hecho uno de nosotros, “enseñándonos a negar la impiedad y los deseos del mundo, para que vivamos…con la bienaventurada esperanza en la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro” (Tito 2,12-13)

El arco de la esperanza cristiana está tendido entre dos polos: el nacimiento de Jesús, principio de toda salvación, y su venida al fin de los siglos, meta orientadora de toda la vida cristiana.

Contemplando y adorando el nacimiento de Jesús, el creyente debe vivir no cerrado en las realidades y en las esperanzas terrenas, sino abierto a esperanzas eternas, anhelando encontrarse un día con su Señor y Salvador.

Ninguna mayor alegría puede ser anunciada al mundo. El Mesías, el Salvador viene a nacer a nuestro corazón.

Regocijémonos, adoremos al Hijo de Dios, Encarnado en María Virgen.

Dejémonos guiar y Salvar por ÉL.

Nació el Niño Jesús. Dios se ha hecho hombre, que la gracia de la Navidad nos conduzca por la senda de la humildad y así poniéndonos en el camino salgamos a anunciar la Buena noticia de la Salvación a todos los hombres.

 

 

¡Oh dulce Niño de Belén!, haz que yo me acerque con toda el alma a este profundo misterio de la Navidad. Pon en el corazón de los hombres aquella paz que ellos buscan tan ásperamente a veces y que sólo tú puedes dar. Ayúdanos a conocernos mejor y a vivir fraternamente como hijos de un mismo Padre. Descúbrenos tu belleza, tu santidad y tu pureza. Despierta en nuestro corazón el amor y el agradecimiento por tu infinita bondad.

Une a todos los hombres en la caridad. Y danos tu celeste paz. Amén (Juan XXIII).

 

 

Delegación para la Comunicación Social de la Diócesis de Morón

OFICINA DE PRENSA DEL OBISPADO DE MORÓN

Sr. Fabián Parodi.

De lunes a viernes de 9 a 12 horas.

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