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Santos del mes
Por Francisco D. Zazzu

San Domingo Savio

El santo cuya muerte lloró toda Italia ”.

Un joven que sirvió de ejemplo a quienes lo conocieron” .

Fiesta: 9 de marzo

Biografía

Domenico Savio nació en San Giovanni da Riva, cerca de Chieri el 2 de Abril de 1842; pero cuando tenía sólo unos veinte meses, sus padres, Carlos Savio y Brígida Galato, se trasladaron a Murialdo, donde nacieron sus hermanos. En 1847, su madre lo llevó a la Iglesia por primera vez y allí Domenico aprendió a ayudar en misa, llegando a ser un buen monaguillo.

Don Zucca, un cura de Murialdo, vio que Domenico era especial; tenía una instrucción precoz y un amor a Jesús inmenso. Y le permitió tener el primer encuentro con el sacramento a los siete años. Pero lo más llamativo fue que a tan temprana edad, Domenico escribió los siguientes propósitos:

1. Me confesaré muy a menudo y recibiré la sagrada comunión siempre que el profesor me lo permita.

2. Quiero santificar los días de fiesta.

3. Mis amigos serán Jesús y María.

4. Antes morir que pecar.

A los doce años, el 8 de Diciembre de 1854, se consagró a María repitiendo el tercer y cuarto propósito con una gran convicción. Ese mismo año, entró a formar parte del oratorio de Don Bosco. Sería un alumno fuera de lo común y expresará sus deseos de convertirse en sacerdote. Seis meses luego de ingresado al Oratorio, tras un sermón del Padre Bosco acerca de la austeridad y el sacrificio, donde remarcaba que cuando uno se siente oprimido por alguna calamidad o molestia del cuerpo, hay que ofrecérselo a la Virgen. Éste sería el medio más adecuado para llegar a la más alta perfección. En ese momento el niño Domingo se propuso convertirse en santo y le preguntó a Don Bosco cómo tenía que comportarme para comenzar tal empresa. El Padre le dijo que debía sentir desde ese momento una constante y moderada alegría.

Domingo comenzó a realizar austeridades de todo tipo, como consumir sólo la mitad de su ración de comida, dormir menos tiempo y rezar más. Sentía gran devoción por la Virgen María, llegando a permanecer más de cinco horas diarias rezando. En cierta ocasión, desapareció durante toda la mañana hasta después de la comida. Don Bosco le encontró en la Iglesia, arrebatado en oración, en una postura muy poco confortable; aunque había pasado seis horas en aquel sitio, Domingo creía que aún no había terminado la primera misa de la mañana. El santo joven llamaba a esas horas de oración intensa "mis distracciones": "Siento como si el cielo se abriera sobre mi cabeza. Tengo que hacer o decir algo que haga reír a los otros."

Poco a poco, la salud del joven Domenico empezó a debilitarse y, consciente de todo, le dijo a Don Bosco: “quiero celebrar este mes como si fuera el último de mi vida”. Finalmente murió el 9 de Marzo de 1857, cuando le faltaba poco para cumplir quince años.

Al poco tiempo los milagros comenzaron a florecer: ojos que recuperaban la vista, curaciones de diversos dolores, enfermedades sanadas, etc. Por eso Pío XII lo proclamó en 1954 santo de la Iglesia Universal y Patrono de los Niños Cantores.

Datos:

- 1842: Nació en Riva San Giovanni, Italia.
- 1843: La familia Savio emigra a Murialdo.
- 1848: Domenico comienza sus clases con el capellán Don Zucca.
- 1854: Primer encuentro con Don Bosco, en Becchi. El 29 de Octubre entra al oratorio de Turín y se consagra a la Virgen.
- 1857: Comienza a estudiar humanidades. El 1º de Marzo deja el oratorio, enfermo. El 9 de ese mes muere en brazos de su padre. Es sepultado en Mondonio el día 11.
- 1908: Comienzan su causa camino a los altares.
- 1950: El Papa Pío XII lo beatifica el 6 de Marzo.
- 1954: El mismo Papa lo canoniza el 12 de Junio y es proclamado “Patrono de los Niños Cantores”.

Bibliografía:

- Domingo Savio, Antonio González, Editorial CCS, Madrid, España, 1995.
- Domingo Savio, un mensaje para todos, Miguel Ángel Ramírez, Editorial CCS, Madrid, España, 1998.

Reflexiones:

“El joven Domenico nos enseñó, a pesar de su corta edad, el gran amor que tenía por Jesús y por María; su característica fundamental era la alegría, su rostro siempre radiante se alimentaba profundamente de Jesús y del bien obrar. Ojalá nuestros jóvenes puedan aprender del pequeño Domenico y sepan valorar la vida y la obra de Dios, con alegría y con felicidad”.



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