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Legión de María



50º aniversario del fallecimiento del
Siervo de Dios Alfonso Lambe

El próximo miércoles, 21 de enero, se cumplirán 50 años de la partida de Alfonso Lambe a la Casa del Padre. Actualmente se encuentra abierta la causa de su beatificación y para los interesados, la Legión de María ha creado el sitio WEB: http://www.legiondemaria.org/alfonso.html

Afonso Lambe
...un enviado bajo la cruz del sur

por Etta Mooney

Este es un breve comentario de la vida de Alfonso Lambe, como yo lo vi, y abarca el tiempo comprendido entre el envío de dos telegramas. El primero llegó de Irlanda a Sud América en septiembre de 1955, que decía: “Concilium recomienda campaña de extensión Argentina” . El segundo fue enviado desde Argentina el 21 de enero, 1959, dirigido al Concilium y decía: “Alfonso se reunió con Edel hoy” .

¿Qué puedo decir de un joven que murió a los veintiséis años de edad? que era buen mozo y brillante. Amaba a Beethoven, Mozart y Bach. Su canción favorita Irlandesa era “Danny Boy”. Pero sobre todo amaba a Dios con toda su alma y corazón. Su vida fue dedicada enteramente a la Legión de María.

En la fiesta de Santa Inés, enero 21, 1959, sonó el teléfono: Eran las 7 de la mañana, el mensaje era “Murió Alfonso Lambe”. Seis meses antes de cumplir 27 años, ese amigo maravilloso, gentil e inteligente se había ido de este mundo, otra víctima del cáncer. Era increíble.

Cuando él se enfermó el 8 de diciembre, 1958 (hacía tiempo que no se sentía bien, pero no prestó atención a sus dolores) estaba trabajando con un grupo de extensionistas en la ciudad de Córdoba. Primero se negó a ver al médico, pero finalmente cedió y fue enviado a un hospital de esa ciudad. Los médicos lo pusieron a dieta y solamente le permitían tomar leche, lo cual él aborrecía. Sin embargo, su único comentario fue: “Si continúo tomando tanta leche, toda las vacas de Córdoba quedarán secas”.

Finalmente, el médico decidió que Alfonso debería ser llevado a Buenos Aires para seguir su tratamiento. Antes de salir para el aeropuerto Pajas Blancas, Alfonso se enteró de que el Obispo Carlos Halon (un Pasionista) estaba en el hospital. Este fue el Obispo que había pedido al Concilium que mandara un Enviado para fundar la Legión de María, en su Diócesis de Catamarca, y así fue como vino Joaquina Lucas como Enviada a la Argentina. Alfonso pidió a mi hermana Bridgie, que estaba entre los extensionistas que trabajaban con él en Córdoba, que fuera a visitar al Obispo. Cuando ella contestó que prefería ir al aeropuerto para despedirlo a él, Alfonso dijo: “Es más importante tu visita al Obispo”.

Fue en los días cercanos a Navidad cuando Alfonso llegó de regreso a Buenos Aires antes de su operación. Él se quedaba en el departamento de una Legionaria quien se lo había cedido para que tuviera residencia permanente. Mi hermana Mary y yo lo visitamos un día antes de Navidad. Yo acababa de llegar de Nueva York, y Alfonso quería saber si había cambiado mucho durante un año de ausencia, y si tenía acento norteamericano al hablar inglés. Él nos entregó su regalo de Navidad: La quinta Sinfonía de Beethoven. Fue el último regalo que nos dio. Uno piensa que los Santos están siempre en las nubes y que no tienen tiempo de pensar en pequeñas cosas como comprar regalos de Navidad para los amigos. Alfonso siempre tenía tiempo para todas esas cosas y era sumamente atento en todo sentido.

En Buenos Aires en la Pequeña Compañía de María, operaron un “team” de médicos (uno de ellos era el presidente de la “Curia de Buenos Aires”). Ellos simplemente lo abrieron y cerraron. La cirugía no lo podía ayudar. Los médicos decidieron no decirle la verdad acerca de su enfermedad. El Dr. Kelly, uno de los médicos, le dijo en broma a Alfonso que durante la operación él pedía un ministro protestante. Ante esto, Alfonso se rió mucho, lo que le provocó un gran dolor.

Cuando lo visitamos un poco más tarde de su operación, nos dijo que se iba a cuidar y que tenía intención de volver a Irlanda para reponerse. Lo visitábamos diariamente. Teníamos que hacerlo a pie, eran como 15 cuadras porque había una huelga de transporte en la ciudad. Él nunca perdía la oportunidad de hacer un chiste y siempre nos decía: “¿Cómo tardaron tanto en llegar?”.

Dos días antes de su muerte en un momento tuvo dificultad en tragar la cena que le habían llevado. Nosotras tratamos de retirarnos de la habitación desapercibidas, pero él nos pidió que nos quedáramos y dijo: “Yo quiero agradecerles a las dos por todo lo que han hecho por mí, no solamente durante ésta enfermedad, sino por todo lo que han hecho siempre por mí”. Cuando nos dio la mano, se leía claramente en sus ojos que se estaba despidiendo para siempre, había un dolor muy grande en su mirada al decirnos “Adiós”.

Una enfermera en el Sanatorio una vez le dijo: “Sr. Lambe, Ud. debe ser muy buen católico”. El contestó, “Soy simplemente normal”. Ella sacudiendo la cabeza dijo: “Entonces, yo no debo ser normal”.

Cuando se le preguntó si podía dormir de noche, contestó: “Tengo unas pesadillas terribles, por lo tanto trato de permanecer despierto. Pienso en Irlanda y con la imaginación viajo de un condado a otro sin tener que preocuparme por los itinerarios o los precios de los pasajes”. Él antes nunca había admitido que amaba tanto a Irlanda. En realidad, casi nunca hablaba de su patria. Yo siempre le hacía bromas porque amaba tanto a la Argentina y siempre hablaba con preferencia el castellano, y le decía: “¿Qué clase de Irlandés eres?” Un día dijo: “No tienen idea de cuánto amo a Irlanda. Yo apostaría que hay pocas personas en Irlanda que amen tanto a ese país como yo lo amo”.

La mañana en que murió, una señora en la habitación próxima a la suya, preguntó si el Señor Lambe tenía su habitación llena de rosas. La enfermera le dijo que no había una sola rosa en todo el piso del sanatorio.

Empezamos a enterarnos de cosas que estaban ocurriendo cuando su cuerpo estaba todavía con nosotros. Muchos sacerdotes y religiosas dijeron que le habían pedido ciertas gracias frente a su ataúd y “las habían logrado”. Un sacerdote tenía un grave problema y pidió a Alfonso que lo ayudara. Su director espiritual se había ido de viaje esa mañana, y el sacerdote no veía la manera de obtener el consejo que tanto necesitaba en ese momento. A la mañana siguiente, cuando se dio vuelta durante la Misa, vio a su director espiritual de rodillas allí. El viaje había sido postergado. Un poco antes de morir, Alfonso había comentado: “Si muero sin ver a mi madre, será para el bien de ella, porque ganará méritos por no poder ver a su hijo otra vez”. Él siempre veía el lado espiritual de las cosas.

El día antes de su muerte, él le estaba dando instrucciones a mi hermana Bridgie con respecto al recibimiento del Hermano Noel Lynch, el Enviado que venía a ayudarlo. (Por unos pocos días se desencontraron. Se suponía que Noel debía recibir su “training” de Alfonso). Las instrucciones eran las siguientes: Tratar de conseguir que muchos legionarios fueran al Aeropuerto para darle la bienvenida y cuando comience a descender el avión, rezar el Magnificat. “Cuánto lamento no estar allí para recibirlo” dijo Alfonso.

Al Hno. Noel Lynch le esperaba una tarea muy dura. Él venía para trabajar con Alfonso, y de repente se encontraba completamente solo. Tenía planeado trabajar y a la vez aprender, maestro y aprendíz. Dios tenía otros planes para los dos.

Un poco antes de morir Alfonso dijo: “Ustedes no tienen que preocuparse por la Argentina, de ahora en adelante andará muy bien la Legión” . Uno no puede menos que pensar que ofreció su vida por el crecimiento de la Legión en la Argentina. Cuando él estaba en el Sanatorio, el Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Santiago Luis Copello, estaba también allí, en el mismo piso. Para el cumpleaños del Cardenal, Alfonso le envió un Manual de la Legión de María. Y fue el Cardenal quien le administró los últimos Sacramentos.

Legionarios de todo lo largo y ancho de la Argentina venían a verlo. Muchos de ellos dieron sangre para él.

La Legionaria que le había cedido su apartamento, lo visitaba todos los días, y una noche, cuando se iba, lo besó dos veces. “¿Porqué me dio el segundo beso?” él le preguntó. “Por su madre, porque ella no está aquí” le respondió.

Él nunca se quejaba, a pesar de que decían que estaba en constante dolor. Pero sus últimas palabras fueron: “Hermana, ¡no lo puedo soportar más!”.

Alfonso fue velado en una Capilla de las Hermanas del Instituto de Cultura Religiosa Superior en Buenos Aires. El Rosario y las oraciones legionarias fueron repetidas sin interrupción a medida que cada “Praesidium” se acercaba a decirle el último adiós a su querido Enviado. Era como una letanía de flores, cada praesidium había enviado una corona de flores con el nombre del mismo.

Los Hermanos Cristianos y los Padres Pasionistas habían ofrecido la bóveda de su Comunidad a la Legión. Pero, puesto que Alfonso había querido ser Hermano Cristiano, parecía muy apropiado que descansara en la de los Hermanos Cristianos. La bóveda está situada en el cementerio de la Recoleta. Está enterrado cerca de sus compatriotas: el Almirante Brown y el Padre Fahey.

Cuando mi hermana Mary conoció a Alfonso acababa de regresar de un viaje a Europa y mientras relataba sus experiencias recientes a un grupo de sus amistades, Alfonso llegó, en ese momento ella contaba que había ido de paseo a Tullamore (su ciudad natal) y en su rostro se dibujó una sonrisa. Se alegró aún más cuando ella contó que en la Catedral de Westminster había tenido el privilegio de oír un sermón del P. W. Aedan McGrath. Este sacerdote estuvo preso en China por haber fundado la Legión de María en ese país.

Alfonso estaba sorprendido y maravillado de encontrar un grupo que había sobrevivido por más de cinco años.

Cuando él llegó a Buenos Aires encontró un praesidium con siete miembros que había sido fundado por Joaquina Lucas hacía cinco años; otro que hacía un año que funcionaba y un tercero que tenía seis meses de existencia.

En agosto de 1958, Alfonso finalmente obtuvo permiso para fundar una Curia. Empezó por trabajar en el Gran Buenos Aires y luego sistemáticamente fue fundando grupos hasta formar un círculo que rodeaba toda la Capital. Al solicitar de nuevo permiso para trabajar en la ciudad de Buenos Aires, el Cardenal le dijo: “Veo que me tiene rodeado de la Legión, por lo tanto, ¡Siga adelante!

Nunca lo vi enojado. Cuando él visitaba un praesidium y notaba que algo no estaba bien, nunca hacía un comentario. Se limitaba a bajar la vista (nosotros que lo conocíamos sabíamos que algo estaba mal) y más tarde hacía una sugerencia muy positiva sobre ese punto.

Cuando visitaba un hogar y encontraba que un miembro de la familia no era Católico práctico, él concentraba toda su atención, encontraba un tema de interés común y no hablaba de religión hasta conseguir establecer una firme amistad con esa persona.

Era muy simpático y usaba bien esa simpatía. A menudo decía: “Yo creo que no sería muy difícil ser santo, yo creo que si tratáramos de serlo, podríamos ser santos”.

Nos contó que cuando los hermanos Cristianos le dijeron que tenía que desistir de ser de esa Comunidad debido a su frágil salud, regresó a su casa donde vivía con su madre y su hermano Joe, con el corazón destrozado. Su hermano lo invitó a una reunión de la Legión de María, y él fue por no desilusionarlo. Quién hubiera pensado al verlo en esa primera reunión, que más adelante, lleno de Espíritu Santo y del espíritu de María, había de ser una luz brillante, una fortaleza, una inspiración para todo el mundo y el orgullo y la alegría de todos aquellos que tuvimos la dicha de ser sus amigos y poder compartir sus alegrías como sus momentos más difíciles. Para él un alma era de tan gran valor, que nada, absolutamente nada, le era difícil si significaba ayudar a darle una mano a esa persona.

Nos enteramos de que durante un retiro para los Legionarios (hombres) había hecho grandes sacrificios y yo hice la observación de que seguramente había recibido muchas gracias especiales. El respondió: “No pedí nada para mí, pero sí, pedí muchas vocaciones para el sacerdocio, porque necesitamos muchísimos sacerdotes legionarios...” Unos años más tarde tuvimos la oportunidad de conocer de cerca a un joven sacerdote quien nos dijo que había asistido a ese retiro como legionario y que antes de ese retiro no había pensado en el sacerdocio. También nos enteramos de dos vocaciones más surgidas del mismo.

Una vez, después de una reunión de praesidium, Alfonso comenzó a ayudar a guardar el altar y al tomar la estatua de la Virgen, yo me ofrecí para que él pudiera conversar con los legionarios. Pero él me dijo: “Por favor, lo quiero hacer yo para tener el privilegio y el honor de llevar a la Santísima Virgen”.

Continuamente tenía la extensión de la Legión en su mente. Un día, Mary quedó en encontrarse con él a la salida de su trabajo y al contemplar la salida de todos los empleados de un enorme edificio, dijo: “¡Qué hermoso grupo de personas, cuántos praesidia podríamos formar con todos ellos!”.

Al referirse al trabajo de extensión, él dijo: “no debemos hablar mal de un sacerdote aunque lo veamos hacer algo malo. No debemos ir de lugar en lugar repitiendo lo que hemos visto. Dios castiga severamente a todos los que critican a sus ministros”. En otra oportunidad dijo: “Debemos tratar de asistir a Misa diariamente y comulgar si es posible. Si no hay una unión íntima con la Reina de la Legión nuestro trabajo no dará fruto . Debemos tratar de meditar por lo menos quince minutos todos los días, el tiempo dedicado a la meditación no es tiempo perdido. Yo no entiendo cómo el legionario puede corregir sus defectos si no medita diariamente”.

“Cuando trabajamos para la Legión estamos trabajando para Cristo”. Con frecuencia pedía oraciones para la Legión en Argentina y esperaba que algún día hubiera Legión en todas las ciudades del país.

Uno de sus proyectos favoritos era el “APOSTOLADO DE LA CALLE”. Cuando yo regresé de Nueva York no tenía muchos deseos de hacer ese tipo de apostolado, especialmente porque sabía que mis amistades me harían bromas diciendo: “¿Así que ahora te ganás la vida vendiendo diarios? ” puesto que se hacían los contactos ofreciendo la venta de “Esquiú”, pero fui y al regresar visité a Alfonso en el sanatorio. Él preguntó: ¿Quiénes fueron a trabajar? Cuando le dije que yo también había ido, se sonrió, realmente mi recompensa fue grande por haber hecho el sacrificio.

En una de sus cartas a los distintos Consejos dijo: “Poco importa dónde estamos si Dios está con nosotros” .

Alfonso recibió muchas llamadas telefónicas y amenazas de los comunistas. Estaba estudiando ruso y tenía planes secretos de ir a ese país como estudiante. También tenía esperanzas de hacer traducir el Manual a ese idioma y había fundado un praesidium Ortodoxo en Buenos Aires.

Decía que no había que tratar de ganar sino de convencer. Buscaba más la verdad que el éxito.

Todos los que conocimos a Alfonso Lambe, sabemos que era inteligente, prudente y devoto, no sabía lo que era el miedo, a pesar de ser muy joven; era muy reservado y capaz de hacer cualquier sacrificio por la Legión de María.

Alfonso ha sido comparado a San Francisco Javier. Deben haber sido muy parecidos. Los dos eran muy gentiles; tenían un fervor apostólico capaz de prender fuego al mundo entero y estaban llenos del Espíritu Santo y miles de planes y ambiciones de orden espiritual. Ambos parecían atraer a la gente como un imán. Tenían lo que se llama “don de gentes” y la habilidad de llevarse bien con todo el mundo; en otras palabras, tenían el don de comunicarse con los demás. Ambos murieron mirando hacia su meta, pero sin llegar a ella: San Francisco Javier, China; y Alfonso, Rusia.

Muchas veces se le oyó decir: “Hay tanto trabajo para hacer y tan poco tiempo para hacerlo”. Alfonso tenía la habilidad de entusiasmar a la gente con la Legión. El habló a los Obispos y altos dignatarios de un país en su idioma cuando hacía apenas un año que estaba en Sud América. Después de dar una conferencia a los Obispos del Ecuador y luego de ver ellos el trabajo de la Legión, declararon a la Legión de María la organización apostólica oficial del país.

Alfonso Lambe poseía un alma selecta. Era un apóstol incansable. Había en él la perfecta combinación de seriedad y bondad; fidelidad hacia sus deberes y amable flexibilidad para con los demás. Vivía feliz en el mundo y a la vez se adivinaba en él, el deseo de llegar pronto al puerto de la Eterna Justicia. Era extremadamente humilde y justo con los demás. Tenía la Santísima Virgen entronizada en su corazón.

No hay duda de que la Legión de María en la Argentina será una de las perlas más preciosas que brillarán en su corona en el cielo .

Yo estoy orgullosa de poder decir que tuve el privilegio de hablar, reír, trabajar y rezar con un santo.


Pbro. Martín Ernesto Bernal Alonso
Delegado del Obispo para la Pastoral de Comunicación Social

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