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Cáritas Diocesana
García Silva 823 Morón (1708)
Tel./fax: 4483-3154
Email: moron.caritas@speedy.com.ar

“Construyamos juntos una
Patria
sin excluidos”
Tu aporte
es necesario
Invitamos a los Presidentes, Directores y
Representantes
de las comunidades a la reunión de
ANIMADORES
DE COLECTA
que
tendrá lugar el día
jueves
20 de mayo de 17:00 a 20:00 Hs
en
la sede de Cáritas Diocesana - García Silva 823
Sabemos
que cada encuentro es una ocasión
especial
porque nos reúne, nos hermana y nos
permite
estrechar vínculos, formarnos, reflexionar
y
enriquecernos desde las experiencias compartidas.
Los saluda fraternalmente
Comisión
Directiva de Cáritas Diocesana

Celebración del Bicentenario de la Patria
Equipo
de Sacerdotes para las Villas de Emergencia de la Ciudad de Bs. As.
Poder celebrar un Bicentenario con
justicia e inclusión social
Estamos
entrando en la celebración del Bicentenario de nuestra Patria (2010-2016). La
Misión de la Iglesia en la Argentina no puede estar separada de este
acontecimiento. [1]
El anhelo es “poder celebrar un Bicentenario con justicia e inclusión
social”.[2]
Como
Equipo de Sacerdotes para las Villas de la Ciudad de Buenos Aires nos
preguntamos: ¿Cómo hacer realidad este anhelo en nuestros barrios?
La pastoral popular que desarrollamos desde el Evangelio, tiene como
horizonte “contribuir a la integración y unión de un pueblo… unir al pueblo
que está en las villas con el pueblo de la ciudad”.[3]
Sabemos que “los retrasos en la integración tienden a profundizar la
pobreza y las desigualdades”,[4]por
eso nos parece imprescindible trabajar por la integración urbana.
Ahora bien, al tratar de pensar los sucesos de hace ya doscientos años,
y que todos conocemos, buscamos recoger con el pensamiento y traer a la
memoria las cosas ocultas, descuidadas y dispersas. Es necesario que la
memoria de un pueblo que celebra busque en si misma lo que se ha escapado,
pero no se ha perdido, sino que sólo está oculto.
Cuando leemos, escuchamos o vemos relatos sobre nuestra historia solemos
encontrarnos con nombres de un grupo muy reducido de la población. Cuando
estudiamos por ejemplo el período independentista del que ahora comienza a
celebrarse su bicentenario, los nombres que se mencionan son los de
personas que fueron muy importantes en el proceso, pero que evidentemente no
lo hicieron solos. Miles de mujeres y hombres cuyo recuerdo casi se ha
perdido fueron también partícipes del proceso de independencia y su acción
fue decisiva en los acontecimientos que estamos celebrando. Por eso, si
se tiene en cuenta sólo a quienes hoy tienen calles que llevan sus
nombres, se está centrando la atención nada más que en una minoría ilustrada.
Y queda afuera el grueso de la población, lo que en la época se llamaba “el
bajo pueblo”. Pero si no contemplamos la acción de ese bajo pueblo no
entendemos la historia en su plena verdad.
Queremos destacar entonces, la influencia del “bajo pueblo” en los
acontecimientos que celebramos: “ese grupo no fue una caja de resonancia de
las decisiones y acciones de la elite porteña sino que también contribuyó a
delinear el destino de Buenos Aires. Es más, no es posible comprender la
política porteña de la época si no se atiende a la participación plebeya”[5].
Hoy en día el pueblo que habita las periferias de la ciudad también puede
recibir este nombre de “bajo pueblo”. Y nosotros creemos firmemente que está
llamado a tener un rol protagónico en la celebración del Bicentenario.
Tal vez alguien podría afirmar que las Villas están habitadas por muchos
extranjeros. ¿Por qué incluirlos en “nuestra” celebración? Pero en realidad,
“si algo no ha de resultar ‘extraño’ (=extranjero) a nuestra sensibilidad es
precisamente el extranjero. Estamos en un pueblo que a lo largo de su
historia ha incorporado continuamente a extranjeros, que aportaron valores de
sus propias culturas”[6]
Este año celebramos el Bicentenario de la Revolución de Mayo, que inicia el
proceso que terminará en la independencia de un nuevo país, Argentina. Ahora
bien, a partir de 2010 comienza una serie de bicentenarios importantes para
nuestro país: la bandera y la batalla de Tucumán en 2012, la Asamblea del Año
XIII y la libertad de vientres en 2013, la independencia en 2016, el Cruce de
los Andes en 2017, la batalla de Maipú en 2018, por citar sólo los más
destacados. Pero la década que se inicia no sólo trae celebraciones para
nuestro país, es una década americana. Porque en 1810 no sólo se formó una
junta en Buenos Aires, sino que también hubo juntas en Caracas, Santiago de
Chile, Bogotá, Quito y en parte de México. Porque “nuestra” guerra de
independencia es la misma que condujo a las independencias de Chile, Perú,
Bolivia, Paraguay y Uruguay, por citar sólo los casos cercanos.
En esa época la gente tenía dos identidades: el lugar donde nació (así había salteños,
mendocinos, porteños, correntinos, cordobeses, potosinos, cochabambinos,
limeños, asunceños, etc.) y ser americano. No existían las identidades
nacionales todavía. Por eso, sólo podemos entender el proceso de la
independencia si lo vemos como un fenómeno americano y no sólo argentino. “El
pueblo argentino nace en el espacio fraterno de la solidaridad
latinoamericana que no puede ser borrado de la memoria histórica”[7]
Este es el Bicentenario de todos. Por eso, es también la celebración de los
bolivianos, paraguayos, peruanos, uruguayos y otros latinoamericanos que
viven en nuestro país, en nuestra Ciudad de Buenos Aires y por consiguiente
en nuestras Villas. Sería muy bueno que pensemos a los años que vienen como
una oportunidad para la integración; que sea el Bicentenario de la
integración.
Los vecinos de nuestros barrios de indudable condición social pobre, no son
simplemente carentes de dinero, sino que tienen un modo de ser, una cultura
propia. Hay en nuestras Villas una enorme riqueza cultural que ha
tenido como origen la llegada a la gran ciudad, de familias del interior del
país y de países limítrofes. Se respira y se vive una cultura popular que
tiene como núcleo la fe en Dios y en la Virgen[8].
Cultura popular que entiende el barrio ante todo como el vínculo de los
vecinos que anhelan vivir los valores de la fraternidad y la solidaridad. Hay
en la mayoría de los habitantes de nuestras Villas un deseo profundo de
progresar; pelean cada día por una vida más digna.
Por otro lado esta realidad se da en un contexto de marginación dentro de
nuestra querida Buenos Aires. Nos
parece que hay entre otros, dos presupuestos que dificultan la integración de
nuestros barrios a la Ciudad y tienden a deslegitimizar todo derecho
del habitante de la Villa a vivir en este sector de la Ciudad. El primero
tiene que ver con la propiedad privada[9]:
“no es su tierra, no pagan todos los impuestos, ni todos los servicios, por
eso no son ciudadanos”. Y es así que los criterios más pragmáticos de una
sociedad capitalista privilegian el potencial lucrativo de la tierra por
sobre el derecho a la vivienda de los más pobres. El segundo presupuesto
tiene que ver con el privar de todo valor a la cultura popular que allí se
vive por identificarla a algunos de los antivalores que se dan en ella[10].
Pero si miramos desde otra perspectiva constatamos que se da de hecho una
enorme desigualdad de oportunidades respecto de otros barrios. Los habitantes
de la Villa, cada uno con su rostro, su raíz y su esperanza, merecen ser
respetados e integrados al todo de la Ciudad. Para ello en primer lugar es
necesario escucharlos. Son vecinos de la Ciudad de Buenos Aires, no se puede
ocupar su lugar dejándolos al margen de las decisiones, sobretodo en temas
que afectan directamente a su vida. Para nosotros los más pobres son sujetos
de su propio destino, de su promoción humana integral.
Ahora bien, creemos que considerar a los más pobres no como objeto, sino como
sujeto, implica también reconocer que los más pobres tienen una manera
particular de pararse frente a la realidad, un modo de situarse frente a la
vida. No sólo dan que pensar, sino que piensan; no sólo despiertan
sentimientos sino que sienten. Tienen una cosmovisión que ofrecer. Esto
parece una verdad elemental, sin embargo, en la práctica, a la hora de trazar
políticas de Estado para estos barrios no es suficientemente tenida en
cuenta. Tal vez habría que decir que a lo largo de los años las decisiones
sobre las Villas cambiaron con los sucesivos gobiernos. Entonces descubrimos
por ejemplo que el verdadero urbanizador ha sido el vecino común de la Villa.
En muchos de los casos fueron los mismos villeros los que hicieron habitables
algunos sectores de la ciudad ganando espacio a un basural, o rellenando una
laguna.[11]
La celebración del Bicentenario en nuestra Ciudad de Buenos Aires es una
ocasión para reconocer al pueblo que habita la Villa como un interlocutor al
que hay que primeramente escuchar para entrar en un diálogo fecundo. Por eso
se trata de una escucha sincera y eficaz que lleve soluciones reales, que
ayuden a recuperar la confianza del vecino común de la Villa en los
funcionarios públicos, en la justicia etc.
Este tipo de escucha ciertamente ayudará a bajar los niveles de enojo y
de violencia que a veces vemos en los barrios. Por eso no alcanza conocer el
barrio a través de punteros políticos. No alcanza conocer la Villa a través
de la televisión o los diarios. No alcanza, porque aquí estamos hablando de
que se desatienden los derechos más elementales: el derecho a la
alimentación, el acceso al agua, a la educación básica, al cuidado de la
salud, a una vivienda digna. etc. Estamos hablando aquí de derechos
universales de todo ser humano sin distinciones ni discriminaciones. Estos
derechos elementales suponen el cumplimiento de los deberes más elementales
por parte del Estado. Deberes que la Iglesia, las ONG, los grupos
comunitarios de nuestros barrios y la sociedad en general, tenemos
también que asumir como propios, según nuestras posibilidades. Esta es
nuestra responsabilidad ya que la solidaridad es algo de todos, no se le
puede exigir todo al Estado[12].
En la gran ciudad muchas veces se reivindica el derecho a lo superfluo y nos
olvidamos que en la periferia de la misma se vulneran los derechos más
elementales[13].
El Evangelio de Jesús nos enseña que cada persona es sagrada, cada una tiene
una dignidad infinita y debemos respetarla. Esta Buena Noticia debe ser
anunciada y realizada entre los más pobres.[14]
El programa de Jesús, ese camino que va desde los pobres a todos, nos parece
un programa más que válido a la hora de trazar políticas de Estado, a la hora
de legislar y a la hora de juzgar.
En camino hacia la
integración urbana
Si
tenemos pasión por el Bien, si realmente queremos pagar la deuda social en
los barrios más pobres de la Ciudad, la celebración del Bicentenario se
presenta como una gran oportunidad. La misma abarcará un período de seis
años; esto nos da la posibilidad de escucharnos y a través del diálogo buscar
consensos que nos permitan realizar acciones concretas, que ayuden a integrar
las Villas a la Ciudad de Buenos Aires.
En un primer paso habría que buscar un método para escuchar a los vecinos de
las Villas, recogiendo así los deseos y necesidades que el pueblo de la Villa
experimenta. Tal vez por ejemplo se descubra que primero desean una escuela
cerca, o una guardería para que las mamás puedan salir a trabajar y sólo
luego cambiarle el nombre a las calles, para que no sean los mismos nombres
que las de otras calles de la ciudad.
Obviamente se necesita alguien en el Ejecutivo de la Ciudad de Buenos Aires
que tenga la mirada del conjunto de estas aspiraciones de los vecinos de las
Villas y articule la necesaria participación de distintos ministerios y áreas
del Estado, para que en lo concreto del trabajo de integración de las Villas
al todo de la Ciudad no se superpongan roles y funciones, ni se actúe de
manera desarticulada.
También es necesario más allá de las diferencias políticas, el diálogo, el
consenso y las acciones comunes entre el gobierno nacional y el gobierno de
la Ciudad de Buenos Aires sobre temas que hacen a la promoción y al cuidado
de los más pobres que viven en las Villas de la Ciudad.
El Bicentenario nos da la posibilidad de mirar hacia delante, de proyectar,
de votar un presupuesto, de realizar acciones concretas y de evaluar los
objetivos consensuados. Por consiguiente es necesario una vez escuchados a
los vecinos de estos barrios trazar políticas de Estado más allá de quien
gobierne.
Estamos hablando entonces de un acuerdo social y político que favorezca la integración
de las Villas a la Ciudad. La deuda social es enorme, visualizamos esta
propuesta como un camino para alcanzar una mayor justicia social.
Pedimos a la Virgen de Luján, Madre del Pueblo, que nos inspire los caminos
para celebrar un Bicentenario con justicia e inclusión social.
- José María Di Paola, Carlos Olivero, Facundo Berretta y
Juan Isasmendi de la Villa 21-24 y N.H.T. Zabaleta.
- Guillermo Torre, Martín Carrozza y Eduardo Drabble de
la Villa 31.
- Gustavo Carrara, Joaquín Giangreco y Hernán Morelli de
la Villa 1-11-14.
- Franco Punturo y Pablo Ostuni de la Villa 20.
- Sebastián Sury y José Nicolás Zámolo de la Villa 15.
- Pedro Baya Casal y Martín De Chiara de la Villa 3 y del
Barrio Ramón Carrillo.
- Nibaldo Valentín Leal de la Villa 6.
- Sergio Serrese de la Villa 19.
- Enrique Evangelista de la Villa 26.
- Jorge Torres Carbonell de la Villa Rodrigo Bueno.
Equipo de Sacerdotes para las villas de emergencia
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 11 de mayo de 2010.
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[1] Cfr.
Carta Pastoral de los Obispos argentinos con ocasión de la Misión
Continental. 20 de agosto de 2009. Nº 35-37.
[2]
Conferencia Episcopal Argentina. Hacia un Bicentenario en Justicia y
Solidaridad (2010-2016). 14 de noviembre de 2008. Nº 5.
[3] Gera
Lucio. Nuestra Mirada. Documentos y reflexiones del Equipo de Sacerdotes para
las Villas de Emergencia. Editora Patria Grande. Buenos Aires. Setiembre
2009. Pág. 8.
[4] Documento
de Aparecida. V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Nº
528.
[5] Di Meglio
Gabriel. ¡Viva el bajo pueblo! La plebe urbana de Buenos Aires y la política
entre
la Revolución de Mayo y el Rosismo. Prometeo libros. Buenos Aires, 2007. Pág.
15.
[6] Gera
Lucio. Nuestra Mirada. Documentos y reflexiones del Equipo de Sacerdotes para
las Villas de Emergencia. Editora Patria Grande. Buenos Aires. Setiembre
2009. Pág. 10.
[7]
Conferencia Episcopal Argentina. Iglesia y Comunidad Nacional. 4-9 de Mayo de
1981. Nº 8.
[8] La
cultura popular experimenta a Dios como un Dios bautismal y bautizador. El
cual hace al hombre Hijo de Dios, le da por tanto conciencia de su
independencia frente a cualquier otro “señor” y de su radical igualdad y
solidaridad con respecto a todos los hombres. Y por consiguiente inserta al
bautizado en el proceso de liberación de todo el pueblo. Por otro lado la Virgen María tiene un vínculo cercano,
íntimo y amoroso con cada uno de sus hijos y a su vez los constituye en un
pueblo de hermanos. La Virgen es la “Mamita” que congrega y así se fortalece
el tejido social. Esto se da en una
cultura en que la madre, la maternidad y la tierra madre ocupan un lugar
central.
[9] “La
tradición cristiana nunca ha aceptado el derecho a la propiedad privada como
absoluto e intocable: “Al contrario, siempre lo ha entendido en el contexto
más amplio del derecho común de todos a usar los bienes de la creación
entera: el derecho a la propiedad privada como subordinada al derecho al uso
común, al destino universal de los bienes”... “La propiedad privada, en
efecto, cualquiera que sean las formas concretas de los regimenes y de las
normas jurídicas a ella relativas, es, en su esencia, solo un instrumento
para el respeto del principio del destino universal de los bienes, y por
tanto, en último análisis, un medio y no un fin”. (CDSI Nº 177).
“El
principio del destino universal de los bienes exige que se vele con
particularidad solicitud por los pobres, por aquellos que se encuentren en
situación de marginación, y, en cualquier caso, por las personas cuyas
condiciones de vida les impiden un crecimiento adecuado”. (CDSI Nº 182).
[10] “La
crítica de la cultura popular es indispensable. Irresponsable sería
justificar toda su producción en aras de su ‘positividad’. Por decirlo de
otro modo, mucho de la producción popular obedece a principios de realidad
(de supervivencia, de oposición, de protesta, de revuelta o de resistencia).
En este contexto, si la crítica política no se inicia con la propuesta de
salida de la asimetría social, cultural y económica, debemos sospechar que se
trata de un ardid” Denis Merklen en: Bajo Continuo. Exploraciones
descentradas sobre cultura popular y masiva. Pablo Semán. Editorial Gorla.
Buenos Aires, 2006. Pág. 19.
[11] “Si
las poblaciones pobres, por cuenta propia y con tan pocos recursos consiguen
realizar tanto, ¿de qué no serán capaces si contaran con la colaboración y
ayuda que reivindican?” Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil.
Tierra, vivienda urbana y ambientes pobres. Nº 57.
[12] Cfr. Benedicto XVI. Caritas in veritati
Nº 38.
[13] Cfr. Ibidem. Nº 43.
[14]
“En esta época, suele suceder que defendemos demasiado nuestros espacios
de privacidad y disfrute, y nos dejamos contagiar fácilmente por el
consumismo individualista. Por eso, nuestra opción por los pobres corre el
riesgo de quedarse en un plano teórico o meramente emotivo, sin verdadera
incidencia en nuestros comportamientos y en nuestras decisiones. Es necesaria
una actitud permanente que se manifieste en opciones y gestos concretos, y
evite toda actitud paternalista. Se nos pide dedicar tiempo a los pobres,
prestarles una amable atención, escucharlos con interés, acompañarlos en los
momentos más difíciles, eligiéndolos para compartir horas, semanas o años de
nuestra vida ...” (DA. Nº 397).

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