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El Documento de Aparecida señala la
urgencia de desarrollar en nuestras comunidades un proceso de iniciación
en la vida cristiana que comience por el kerygma y, guiado por la Palabra de
Dios, que conduzca a un encuentro personal cada vez mayor con Jesucristo,
perfecto Dios y perfecto hombre experimentado como plenitud de la humanidad,
y que lleve a la conversión, al seguimiento en una comunidad eclesial y a una
maduración de fe en la práctica de los sacramentos, el servicio y la misión. Informes: Jueves de 18 a 21.30
y sábados de 8.30 y 12.30 hs.. Tel: 4489-2416 |
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Tuvo lugar el 28 de julio, en el
Seminario Catequístico San Pío X y estuvo a cargo del Sr. Obispo, Mons. Luis
Guillermo Eichhorn, quien remarcó con ímpetu la necesidad de urgentes cambios
en la catequesis para que responda a estos nuevos tiempos. Una catequesis que
“haga cristianos”, una catequesis que debe integrar y ser responsabilidad de
toda la comunidad, aún de aquellos que sólo participan de la Misa dominical.
Estamos
en un cambio de época, con profundas transformaciones, culturales, sociales,
familiares. La vida cristiana y eclesial- y por ende-, la propuesta
pastoral-, necesitan un urgente reajuste a esta nueva realidad, y a este
análisis no escapa la catequesis, tarea primordial en la actividad de la
Iglesia. Actualmente,
el modelo marcado por el Concilio Vaticano II no se ve. Se continúa
respondiendo a un marco pastoral correspondiente al Concilio de Trento, en un
tiempo en el que toda la sociedad respondía a un criterio cristiano y la
transmisión de la fe se hacía naturalmente. El objetivo de esa catequesis era
que se entendieran los sacramentos que se iban a recibir, pero se
convirtió en una catequesis sacramentalista que se olvidó de anunciar a
Jesucristo (el anuncio kerigmático). Es
así, que la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica que preside
nuestro Obispo, Mons. Luis Guillermo Eichhorn, elaboró un documento con
lineamientos y orientaciones para una renovación de la Catequesis de
Iniciación. Dicha catequesis es la que acompaña al proceso por el que somos
iniciados en la vida cristiana, a través del Bautismo, la Eucaristía y la
Confirmación.
Renovar implica corregir y mejorar
lo que tenemos “Debemos mirar con mucho realismo y
sinceridad nuestra situación. Son muchos los creyentes que no participan
en la Eucaristía dominical, ni reciben con regularidad los sacramentos, ni se
insertan activamente en la comunidad eclesial. Este fenómeno nos
interpela profundamente a imaginar y organizar nuevas formas de acercamiento
a ellos, para ayudarles a valorar el sentido de la vida sacramental,
de la participación comunitaria y del compromiso ciudadano.
Tres elementos esenciales en la vida cristiana”, subrayó el Sr. Obispo de los
números 286 y 287 de aparecida, preguntando a los
presentes: ¿Nuestra Catequesis inicia en la vida
comunitaria? ¿Por qué razón nuestra dirigencia política, sindical y
empresarial está en manos de gente no cristiana? “Hay algo que nos está
fallando”, señaló.
Un desafío que debemos afrontar con decisión, valentía y creatividad
El
gran desafío es ver cómo estamos educando en la fe y cómo estamos
alimentando la vivencia cristiana, en esta sociedad y cultura en la que
vivimos, más aún teniendo en cuenta la descripción planeada en el documento
de Aparecida ya que en muchas partes, la iniciación cristiana ha sido
pobre o fragmentada. “Pobre, porque en sus contenidos,
en sus vivencias, en sus experiencias ha sido lamentable, y fragmentada
porque la hemos separado en compartimientos estancos. Para la primera
comunión, para la confirmación. Se ha trastocado, incluso, el orden de los
mismos sacramentos, porque no se entiende para qué están. Una mamá a su hijo
le ayuda a crecer integralmente. Le da de comer y le educa al mismo tiempo,
no separa por etapas. Un mes le da de comer y el otro le enseña a caminar. O
educamos en la fe, poniendo en contacto con Jesucristo e invitando a su
seguimiento, o no cumpliremos nuestra misión evangelizadora”, recalcó
citando al Documento de Aparecida. Se
impone, entonces, la tarea irrenunciable de ofrecer un modo de trabajar la
Iniciación Cristiana, que además de marcar el qué, de también
elementos para el quién, el cómo y el dónde se realiza.
(Estos cuatro puntos son la estructura del Documento).
La muerte de Dios. El rotundo
fracaso de la catequesis Estamos
ante un gran descreimiento, una crisis de fe muy grande. Ante un mundo en el
que se ha cortado el proceso de transmisión de la fe, que normalmente se hace
en la familia. Estamos en una cultura secularista que ha quitado a Dios. Dios
no cuenta, Dios molesta, los argumentos religiosos son desechados como cosa
de la edad media. Dios molesta, entonces hay que matarlo.
Ser cristiano = Ser Iglesia. La Iglesia
es una comunión de discípulos de Jesús, a imagen de la comunión de la
Santísima Trinidad. La vida cristiana no puede vivirse sin una comunidad
cristiana donde vivir y compartir la fe, como un ámbito de crecimiento y
maduración. La catequesis, una tarea de toda
la comunidad La acción pastoral depende de nuestra
vivencia eclesial. Que debe
ser reflejo de una pastoral orgánica, coordinada, articulada en la que todos
nos sentimos participantes de la actividad de todos. “Y la catequesis es
una tarea de toda la comunidad. No sólo de la catequista que se reúne una
vez por semana. Por eso, otro gran desafío es que toda la comunidad se
entusiasme y viva la catequesis”, expresó Monseñor, ejemplificando que
una comunidad en la que quienes reciben catequesis, tanto niños y jóvenes,
como adultos, no participan, no asisten a Misa, es como una escuela de
natación en la que se sienta a los alumnos y se les da los conocimientos para
nadar, y una vez que saben todo lo teórico, se los deja ir. ¿Qué pasará
cuando intenten ingresar al mar? Para enseñar a nadar hay que meterse al
agua con el chico. Para iniciar en la fe, hay que meterse en la vida
cristiana cuyo centro es la Eucaristía. Allí es donde se hace catequesis, el
encuentro fundamental es la Misa. La catequesis corre el riesgo de esterilizarse
si una comunidad de fe y vida cristiana no acoge en algún momento de su
catequesis al catecúmeno”. El Documento no da soluciones ni recetas,
simplemente plantea interrogantes y cuestionamientos para pensar lo que se
viene haciendo y ponerse en camino para una renovación sincera. “O NOS
RENOVAMOS HACIENDO VERDADERAS COMUNIDADES CATEQUÍSTICAS Y MISIONERAS, O
PERDEMOS EL TREN”, advirtió el Sr. Obispo. |
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