Menú Principal | Portal Misionero | Página inicial de SC




Delegación para la Animación Misionera


En Cuaresma, Misión del Consuelo

 


En Cuaresma, preparando el Congreso Misionero, el Equipo del COMIDI1 propone a todas las comunidades que deseen adherir, una Misión del Consuelo, que consiste en acercarse a los enfermos, familias en duelo y ancianos.

Ante las distintas realidades que pueden darse en la Misión, ponemos a disposición textos con palabras de la Virgen a personas que atraviesan situaciones dolorosas, basadas en la Palabra de Dios y en la oración de la Hna. Verónica Alonso, Servidora del Evangelio.

Concretamente, ofrecemos las cartas dirigidas a personas enfermas, ancianas o que han perdido un ser querido.

*Para otras situaciones que necesitan consuelo, invitamos a mirar el material completo en el archivo de WORD que se adjunta o a través del siguiente link: http://www.seguimoscaminando.org.ar/Koinonia/ofprensa2010/archivos2010/Copiademisionconsuelo.doc

 

 

 

 



Para vos que perdiste un ser querido:

 

Querido hijo:

 

¡Cómo deseo poder estar, en estos momentos, más cerca de vos que nunca! ¡Cómo deseo poder traer a tu golpeado corazón, unas palabras de aliento y un abrazo que te consuele!

Yo también conozco el dolor frente a la pérdida de un ser querido... tan querido como mi propio hijo Jesús. Yo también conozco el dolor que parece una espada que te atraviesa el pecho.

Conozco la soledad que se siente cuando ya no tenés más a aquel con quien has compartido tan hermosos años.

Conozco tu dolor, tu angustia... esos días en que todo parece que grita su ausencia...

Por eso, déjame abrazarte, comprenderte, hablarte... Vamos acercarnos juntos con fe, al corazón de Dios. El es el único que puede dar sentido a este misterio tan profundo que es la muerte.

Él es el único que puede devolverte la alegría, el sentido, la fuerza para asumir este momento.

Vamos acercarnos a Él y a dejar que brote una pregunta:

-“Señor, mi hijo, mi esposo, mi amigo, mi padre... ¿está contigo?, ¿está bien, Señor?”

Y deja que en tu propio corazón se escuche esa voz de Dios que nace de la fe; esa voz de Dios quizás tenue., quizás débil, pero que poco a poco ser va a ir haciendo más firme.

-“Sí, está junto a mí, está sentado a mi mesa... no te preocupes, está bien.

No tengas miedo Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirás para siempre...

En la casa de mi Padre hay lugar para todos; en la casa se mi Padre hay un lugar especialmente reservado para aquel a quien tú tanto amas.”

Aquel  a quien tú amas, no ha muerto para siempre. Está conmigo. Lo tengo abrazado con toda mi fuerza, y por fin, ha podido disfrutar de ese cara a cara para el que un día yo le di la vida.

Cuando llegó a mi presencia, yo lo abracé... lo cubrí de besos. Sequé, una a una, sus lágrimas: todos esos pequeños o grandes dolores que la vida le había traído. También curé y besé una a una sus heridas y le hice descansar en mi regazo. Así mucho tiempo sin que nadie lo interrumpiera... y en ese largo abrazo pudo comprender que toda su vida, toda su historia, era una historia besada y abrazada por mí, y que, si había vivido momentos de más fragilidad, en mis ojos no había ningún reproche”.

 

Yo, tu Madre, te invito a que dejes que su Palabra, poco a poco, como bálsamo para tu corazón vaya suavizando tu dolor. Y te vaya renovando la alegría. Deja que su Palabra vaya trayendo poco a poco la paz que tu corazón necesita. Escucha en tu corazón las palabras de tu Padre Dios, y déjame también a mí, consolarte como Madre. Estos cortos años sobre la tierra fueron hermosos pero no eran lo definitivo. Ustedes, mis hijos, han sido creados para la eternidad, para un abrazo eterno en el que, por un instante se fundan todos los sufrimientos de la vida y yo pueda enjugar toda lágrima... y todos los dolores y el llanto quede atrás.

Todo desaparece entonces... y sólo queda lo único importante: el amor.


Yo le tengo abrazado y no hay ya nada que lo pueda separar de mí. Estamos más cerca de lo que nunca hubiera podido soñar.

Sólo desearía que hoy pudieras encontrar el consuelo que viene de mí.

No quiero decir que la separación no sea dura, que la ausencia no sea dolorosa... ofrecé tu sufrimiento por todos los que no tienen fe y creen que la vida acaba aquí.

También te quiero dar gracias por tu fe. Te doy las gracias por todo lo que le amaste cuando estaba contigo. Yo te lo entregué durante unos años de la vida, y vos me lo has devuelto más feliz. Gracias por todo el amor y los cuidados que le tuviste cuando estaba contigo. Nada de eso ha sido en vano.

Mientras tanto, ustedes también pueden vivir la vida preparándose para ese encuentro definitivo con el Padre, que les está esperando.

Un día vos también te encontrarás en mi presencia, unido a todos tus seres queridos que ya están conmigo.

Y fundido en mi abrazo, vos también podrás escuchar la Palabra de Dios: “ENTRA EN EL GOZO DE TU SEÑOR.”

 

Tu Madre, la Virgen de Luján

 

 



 

Para vos querido anciano:

 

Déjame hoy, querido hijo, decirte unas palabras al corazón: Vos, como anciano,  sos tan valioso para mí.

El mundo de hoy se ha vuelto tan eficacista, que muchas veces ya no sabe valorar aquello que está desgastado, o no es útil como antes...

Quizás en algún momento, la sociedad te haya hecho creer que ahora, en tu estado, sos una carga, que tu vida ahora tiene poco valor.

O quizás te encuentres rodeado de amor, cuidado con mucho cariño, por tu familia.

Sea como sea, sólo déjame decirte, que tu vida, hoy, es tan importante para la humanidad.

Esas arrugas hablan de tanto amor entregado; ese rostro hoy desgastado, nos hablan de tantos y tantos momentos de sacrificio por sacar adelante tu familia: noches sin dormir, días de privarte de muchas cosas, para que los tuyos las tengan...

Tu avanzada edad nos habla de tanta experiencia vivida, y esa experiencia se  convierte para el mundo en fuente de sabiduría.

Tus manos gastadas seguro que han sido manos generosas en el dar, trabajadoras y amigas.

Manos que habrán acariciado, tantas veces, el rostro de tus hijos... secado sus lágrimas, consolado su dolor.

Querido anciano,  mi hijo Jesús siempre nos hablaba de buscar, entre las perlas, esa perla más fina. Yo hoy creo que la perla más fina sos vos, que llevas adelante la vida, aún cargada de enfermedades y de años.

Deja que hoy, tu Dios, agradecido frente a tu vida, te rinda un homenaje por todo lo que has sido y sos.

Que tus achaques, tu invalidez, tus pocas fuerzas... no te lleven a pensar que sos menos. No sos menos, sino más, pues tienes la dignidad sagrada de un hijo de Dios que ha pasado por la tierra intentando hacer el bien.


Con todo el  cariño:

Tu Madre la Virgen






Para vos mi hijo(a) enfermo(a):

 

Querido hijo(a):

Déjame acercarme a vos, y ser ese consuelo que tu corazón está buscando en medio de la enfermedad. Hoy vengo a visitarte en tu dolor. ¡Cómo quisiera que mis palabras pudieran aliviarte! Sé que crees en mí, y con frecuencia te dirigís a mí, para pedirme por otros... o por vos mismo.

Pero me gustaría que supieras que yo estoy mucho más cerca de vos de lo que te imaginás.

Así como tuve en mi regazo a Jesús, y al calor de mi amor, él fue creciendo y haciéndose un hombre, así también te tengo a vos en mi regazo de madre. Te tengo entre mis brazos. Y te miro con ternura cada día, cada hora, cada minuto.

No hay sufrimiento que vos vivás que yo no lo sufra también, como una madre buena sufre en su propia carne todo lo que vive su hijo.

El sufrimiento ha llamado a tu puerta, lo sé, con una enfermedad difícil de llevar.

Y no tenés las fuerzas que tenías, ya no te valés por vos mismo y te gustaría no tener que depender de los otros.

Pero ¿sabés una cosa? Esta enfermedad, que a los ojos del mundo puede parecer una “desgracia” si la miramos con los ojos de Dios, puede llegar a ser una “gracia”.

Por eso, vamos a luchar para encontrar un sentido a la enfermedad y al dolor, porque tu Dios quiere dárselo.

Se te ha debilitado tu cuerpo, pero no tu corazón. Podés amar, y amar mucho. Eso nunca nadie te lo va a poder impedir. Aún si llegas a estar postrado, o en una silla de ruedas, tu corazón puede seguir estando muy vivo en el amor. Y el amor es lo que da oxígeno a nuestra humanidad.

Ofrece tu dolor con amor.


Podés unir ese dolor tuyo, al dolor de mi Hijo Jesús en la cruz que eligió el camino del sufrimiento para salvar al mundo.

Por eso, tu sufrimiento, unido al suyo, puede dar muchísima Vida.

Esto no lo vemos con los ojos del cuerpo... sino con los ojos de la fe. Pues la fe viene a iluminar tu enfermedad con una nueva luz. 

¿Vos sabés que el sufrimiento ofrecido sostiene a la humanidad?

Por eso no sabés todo el bien que podés hacer desde tu enfermedad.

Ofrécela por todos los hombres y mujeres, niños y ancianos que más sufren el del día de hoy, en cualquier rincón del mundo.

Mi hijo Jesús aceptó el sufrimiento de la cruz, y atravesando el dolor más grande nos dijo que el sufrimiento no tiene la última palabra en esta vida, que el sufrimiento ofrecido con amor es vida para toda la humanidad.


Quizás hay muchas cosas que no podés hacer... pero podés rezar.

Ofrecé tus oraciones por tantos misioneros en el mundo entero, que desde el rincón más perdido de esta humanidad, están ofreciendo su vida para anunciar el amor de Dios.

Tu oración puede llegarles como impulso para continuar y no bajar los brazos cuando las dificultades son grandes...

Cree mucho en la fuerza de tu oración: hoy puede ser que, en algún rincón del mundo, un joven tenga fuerza para salir de la droga, porque vos, desde tu enfermedad, le has ofrecido a Dios tu dolor, con amor.

Hoy puede ser que ese matrimonio no se rompa, porque vos tuviste el valor de aceptar tu enfermedad y ofrecérsela a Dios.

¡Hay tanto bien que podés hacer aunque no lo veas con los ojos del cuerpo!

Por eso hoy te digo: entrégame tu enfermedad, tu dolor, tus momentos de alegría y de tristeza, de sentido y de bronca... Entrégamelos, para que yo se los pueda ofrecer a mi Hijo Jesús, y uniéndolos a su Cruz, puedan llegar a ser vida para muchos. Sabé que contás con una Madre que te quiere muchísimo y que está a tu lado todos los días de tu vida”.

Tu Madre, la Virgen de Luján


 

 

 

 

Delegación para la Comunicación Social de la Diócesis de Morón





OFICINA DE PRENSA DEL OBISPADO DE MORÓN

Sr. Fabián Parodi.

De lunes a viernes de 9 a 12 horas.

Buen Viaje 936 - Morón     

Teléfono: 4629-3143

E-mail: encuentrodiocesano2005@gmail.com / obmoronprensa@speedy.com.ar

 

Se autoriza la reproducción total o parcial de la información que ponemos al servicio de nuestros lectores, citando la fuente (Koinonia, newsletter de la Oficina de Prensa del Obispado de Morón).
Este servicio cumple con la legislación sobre correo electrónico y no podrá ser considerado SPAM mientras incluya una forma de ser removido. Su dirección de correo ha ingresado a nuestra base de datos por medio de solicitud o recomendación de nuestros usuarios. Si ha recibido este mensaje por error o simplemente
desea cancelar la suscripción, puede hacerlo en la siguiente dirección: obmoronprensa@speedy.com.ar
Pedimos por favor, sobretodo a las cuentas LIVE y HOTMAIL, marcar este correo como CORREO DESEADO, porque de no hacerlo, se afecta a los demás miembros de la red.

Altas CLICK AQUÍ