| Menú Principal | Guía Eclesiástica | Página inicial de SC |
|
- La Patria es un regalo de Dios e implica una
tarea – Te Deum en la Catedral |
|
En su
mensaje, Mons. Eichhorn subrayó que nuestra Patria es un regalo de Dios que
nos ama, y que quiere que seamos felices y bienaventurados. Y este don que
hemos recibido, exige una acción de gracias y supone un compromiso para que
sea fecundo. Invitó a asumir con esperanza la tarea que el señor
encomienda a cada uno para ir realzando entre todos esta nación, comunidad
de hermanos que tienen que vivir en concordia y en paz.
La patria es un don, un regalo de Dios e implica una tarea para nosotros. Siempre tenemos que mirar así el regalo y la bondad de Dios. El Señor no nos subestima, sabe que somos inteligentes, que tenemos voluntad, que tenemos capacidad de trabajo, entonces nos da las cosas para que con nuestro trabajo podamos lograr lo que necesitamos. El trabajo del hombre completa el don del Señor. Él sabe que necesitamos el pan para alimentarnos, pero nos da el trigo. Tenemos que sembrarlo y cosecharlo, hay que fabricar la harina y hay que amasarla para hacer el pan”, explicó el Sr. Obispo.
Somos una patria de hermanos Hermanos
podemos ser solamente cuando reconocemos que tenemos un Padre y ese Padre es
Dios, que nos ha bendecido. Las palabras del salmo “feliz el pueblo cuyo
Dios es el Señor”, reconocen que Él está con nosotros y que por eso
somos hermanos.
Llamó a
fortalecer las organizaciones, para que todos puedan participar en un
ambiente y en un clima de verdadera democracia; a afianzar como claves del
desarrollo la educación y el trabajo, para que haya una justa distribución de
bienes. Prosperidad y paz, producto de haber crecido en el amor El
Obispo de Morón anheló que se afiance entre los argentinos la concordia
y la justicia, para poder gozar de prosperidad y de paz.
“Concordia significa corazones que laten juntos, significa corazones unidos
buscando la justicia, que es dar a cada uno lo que le corresponde para no
apropiarnos injustamente y que no haya en nuestra patria excluidos,
marginados, pobres. En esta Patria bendita del pan, es un escándalo que
haya hermanos que tienen hambre, que haya hermanos desnutridos que mueren por
falta de alimento”, señaló, indicando que cuando encontramos esta concordia,
esta justicia empezamos a crecer en prosperidad, que no es solamente tener
bienes materiales. La prosperidad es, fundamentalmente, el desarrollo de
los espíritus, de nuestra calidad humana para ser personas que saben relacionarse
con respeto, con el reconocimiento que nos debemos unos a otros.
“…constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia…”.
|
|
Bicentenario |
|
"Para pedir la gracia de un mayor Amor"
Pbro. Mariano del Río
Martes 8, 15, 22 y 29 de junio de 19.30 hs. a 20.30 hs.
Salón parroquial de la Catedral de Morón
Entrada : Una contribución voluntaria
La Virgen María tiene muchas especialidades: disolver los nudos, los enfermos... Todas las letanías... La Trinidad son TRES Personas y un solo Dios. Es Dios-Comunidad de Amor. Nos ha revelado, de sí misma, lo que es útil y necesario para nuestra vida y salvación: nos ha creado a su imagen y nos ama. El Padre “nos amó primero” y nos envió a Jesús para salvarnos y manifestarnos su “Ser” y su Amor. Además, es imagen perfecta y visible del Padre. También viene, en nuestra ayuda, el Espíritu Santo que Jesús, desde el Padre y con el Padre, nos ha enviado.
De Dios-Trinidad se habla poco, aunque en su nombre comenzamos todas nuestras acciones litúrgicas y, como se dice: “en su gloria terminan todos los ‘salmos’”. Se habla en forma genérica de Dios; se habla de Jesús y, gracias a Dios, siempre más, del Espíritu Santo. Pero, según mi impresión, siempre en forma individual. Casi casi, me animaría a decir, como si fueran “tres” Dioses. Cada uno con su especialidad. Algo de verdad hay, pero hay muchos matices para tener muy en cuenta y que son esenciales. Los exhorto a que tomen y mediten el “Credo”. De éste, tenemos dos formulas. El que rezamos habitualmente, en nuestras Misas, y el llamado “Niceno-Constantinopolitano”. Tomen éste. Aprovechemos, también, la fiesta hodierna: meditemos sobre el “prefacio”. Es una hermosa catequesis y una profesión de fe, de gratitud y alabanza al Dios-Trinidad. Tampoco podemos dejar de lado, el Catecismo:
261: “El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana...”
266: "La fe católica es esta: que veneremos un Dios en la Trinidad y la Trinidad en la unidad no, confundiendo las personas...; una es la persona del Padre, otra la del Hijo, otra la del Espíritu Santo; pero del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo una es la divinidad, igual la gloria...”
Hay, también, una hermosísima profesión de fe, sobre la Trinidad, llamada: “Símbolo Atanasiano”. Algunos párrafos: “Ésta es la fe católica: que veneremos a un solo Dios en la Trinidad Santísima y la Trinidad en la unidad. Sin confundir las personas, ni separar la substancia. Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo. Pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una sola divinidad, les corresponde igual gloria y majestad eterna. Cual es el Padre, tal es el Hijo, tal el Espíritu Santo. Increado el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo. Inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso el Espíritu Santo. Eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo. Y sin embargo no son tres eternos, sino un solo eterno. De la misma manera, no tres increados, ni tres inmensos, sino un increado y un inmenso. Igualmente omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no tres omnipotentes, sino un omnipotente...” Esto
sigue, lo pueden encontrar en Internet (“Símbolo Atanasiano”).
O me lo piden a mí. Santa Teresa de Ávila nos confía: “Estando una vez recitándolo se me dio a entender la manera de cómo era un solo Dios y tres personas tan claramente, que yo me espanté y me consolé mucho. Me hizo tan grandísimo provecho para conocer más la grandeza de Dios y sus maravillas...”
La Trinidad, es el misterio de los misterios. Es inútil darles vueltas. No puede entrar en nuestras cabecitas. Como preguntaba Nicodemo a Jesús: “¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?”. (Jn 3,4) ¡Como si quisiéramos encerrar el mar en una botella! Pero sí podemos encerrar todo el mar en unas cuantas botellas. También, algo de Dios podemos entender. Una botellita podemos llenarla y llevarla a nuestra casa. Él nos dio la pista: nos ha creado a su imagen. Pero ¡cuánto la hemos desfigurado! Jesús decía a Felipe: “El que me ha visto, ha visto al Padre” (Jn 14,9). Entonces, Jesús es la imagen perfecta, visible del Padre. Y son muchos también los que se han acercado: la Virgen María y todos los Santos. Por eso la canonización. La Iglesia, con la Luz del Espíritu Santo, confirmada por los “signos” (los milagros) que vienen de Dios, los declara “Santos”. Es decir: nos los propone como modelos de imitar. Son un aspecto, una Palabra de Dios.
Conclusión: Es importante conocer a la Trinidad, para crecer, nosotros, hacia la perfección, es decir: llegar a ser nosotros mismos, realizando en nosotros el proyecto de nuestra creación: ser imagen de Dios. ¡Y Dios es Trinidad: es Comunidad! No podemos vivir solos.
Esta debe ser nuestra tarea espiritual: No arrojar martillazos a Dios, la imagen a la que debemos tender: “Sean perfecto como el Padre que está en el cielo” (Mt.5,48). Los martillazos deben ser contra nuestra materia, esa mole de mármol “frío” (nosotros), la que queremos trabajar, moldear e ir transformándola. Decía Isaías: “Señor, tú eres nuestro Padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tus manos.” (Is 64, 7). O como dice S. Pablo: “Yo corro, pero no sin saber adonde; peleo, no como el que da golpes en el aire. Al contrario, castigo mi cuerpo (¡Cuántos martillazos!) y lo tengo sometido, no sea que, después de haber predicado a los demás, yo mismo quede descalificado”. (1Co. 9,26-27) Tenemos toda la vida que nos queda para ir moldeándonos y creciendo a imagen de Dios. Tenemos como modelos a Jesús (la imagen perfecta del Padre), a la Virgen María y a los santos. Especialmente
al Espíritu Santo. Él sabe, y puede, trabajar nuestro corazón de
piedra, para hacerlo de carne. Un corazón que sepa amar y perdonar. ¡Dejémoslo
transformar todo nuestro ser en una piedra viva del Templo de Dios!
Es el Espíritu que guió a Jesús y que nos repite: “¿No era necesario que el
Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?” (Lc.24,26)
También: “Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía de
Pisidia. Confortaron a sus discípulos y los exhortaron a perseverar en la fe,
recordándoles que es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar
en el Reino de Dios”. (1ra. lect. del Domingo 02/05). |
|
L A P A L A B R A
Proverbios 8, 22-31 Dice la Sabiduría de Dios: «El Señor me creó como primicia de sus caminos, antes de sus obras, desde siempre. Yo fui formada desde la eternidad, desde el comienzo, antes de los orígenes de la tierra. Yo nací cuando no existían los abismos, cuando no había fuentes de aguas caudalosas. Antes que fueran cimentadas las montañas, antes que las colinas, yo nací, cuando él no había hecho aún la tierra ni los espacios ni los primeros elementos del mundo. Cuando él afianzaba el cielo, yo estaba allí; cuando trazaba el horizonte sobre el océano, cuando condensaba las nubes en lo alto, cuando infundía poder a las fuentes del océano, cuando fijaba su límite al mar para que las aguas no transgredieran sus bordes, cuando afirmaba los cimientos de la tierra, yo estaba a su lado como un hijo querido y lo deleitaba día tras día, recreándome delante de él en todo tiempo, recreándome sobre la faz de la tierra, y mi delicia era estar con los hijos de los hombres.»
SALMO: ¡Señor, nuestro Dios, que admirable es tu Nombre en toda la tierra!
Al ver el cielo, obra de tus manos, / la luna y las estrellas que has creado: ¿Qué es el hombre para que pienses en él, / el ser humano para que lo cuides?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, / lo coronaste de gloria y esplendor; le diste dominio sobre la obra de tus manos, / todo lo pusiste bajo sus pies.
Todos los rebaños y ganados, / y hasta los animales salvajes; las aves del cielo, los peces del mar / y cuanto surca los senderos de las aguas.
Rom. 5, 1-5 Hermanos: Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Más aún, nos gloriamos hasta de las mismas tribulaciones, porque sabemos que la tribulación produce la constancia; la constancia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza. Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.
Juan 16, 12-15 Jesús dijo a sus discípulos: «Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.»
|
|
Delegación para la Comunicación Social de la Diócesis de Morón OFICINA DE PRENSA DEL OBISPADO DE MORÓN Sr. Fabián Parodi. De lunes a viernes de 9 a 12 horas. Buen Viaje 936 - Morón Teléfono: 4629-3143 E-mail: encuentrodiocesano2005@gmail.com / obmoronprensa@speedy.com.ar
Se autoriza la reproducción total o parcial de la información
que ponemos al servicio de nuestros lectores, citando la fuente (Koinonia,
newsletter de la Oficina de Prensa del Obispado de Morón).
|