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- CALDIM 2011 – Subsidios 2010 - Agradecimientos
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- Buscar de cambiar lo que no estamos haciendo del todo bien MC900431561[1]

 

 

 

Nuestra Diócesis nos necesita, ayudemos a sostenerla

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Colecta CALDIM 2011

CONTRIBUCIÓN A LA DIÓCESIS DE MORÓN

 

Una ayuda a las comunidades de menos recursos y a los proyectos de evangelización de nuestra Diócesis.

 

La Colecta CALDIM 2011 se realizará este fin de semana, 7 y 8 de mayo, en las Parroquias y Capillas; y del 9 al 13, en los colegios e institutos religiosos del Obispado.

 

Como fruto de las contribuciones recibidas en la edición 2010, se pudo asistir económicamente a diez de los pedidos de ayuda presentados, por un total de $ 48.000, -

 

 

Subsidios de CALDIM 2010

 

Proyectos                                                    Monto Asignado

 

 

1) Pastoral Penitenciaria                                       $2.000.-

 

2) Casa de Espiritualidad                                    $12.500.-

 

3) Seminario San José                                        $10.000.-

 

4) Santa Cecilia                                                   $5.000.-

 

5) Escuela de Ministerios                                     $1.500.-

 

6) Cristo Obrero (V. Tesei)                                   $5.000.-

 

10) San Martín de Porres (V. Tesei)                   $12.000.-

 

Total                                                                   $48.000,-

 

 

 

Agradecimiento de la Pastoral Penitenciaria

 

La Pastoral Penitenciaria es una pastoral de la Iglesia a favor de los que, directa o indirectamente, se encuentran afectados por la realidad de la cárcel.

Por eso, sale al encuentro de las personas privadas de la libertad, de sus familiares y de los funcionarios penitenciarios.

 

“Animados por el Espíritu Santo y conscientes de nuestro propio pecado, vamos al encuentro del hermano que sufre para, con él, generar experiencias de encuentro y profunda comunión, reconociendo el rostro de Jesús en los hermanos encarcelados.

 

Queremos ser discípulos misioneros del Evangelio, no sólo con la palabra, sino, sobre todo, con nuestra propia vida, entregándola en el servicio incluso hasta dar la vida, como el pastor de las ovejas.

Es por eso que, enviados desde la Iglesia para llegar hasta el último rincón de la Diócesis, arribamos a la Unidad Penal Nº 39 de Ituzaingó, hace ya 7 años, y previamente, a las comisarias de la mano del Delegado para la Pastoral de ese entonces, Diácono Horacio González.

 

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Mons. Eichhorn (centro izq.) en su última visita al Penal de Ituzaingó con motivo de la celebraciones de Pascua, el domingo 24 de abril. Desde que asumió como Obispo de Morón, todos los años visita el Penal para las fechas de Pascua y Navidad.

En esta ocasión, participaron en la Misa el Director del Penal, Sr. Jorge Eduardo Vallejos; el Sub Director, Sr. José Aipuru; el Sub Jefe, Sr. Gabriel Gandino; personal penitenciario; y catequistas de la Pastoral Penitenciaria acompañados por los Capellanes, Diác. Horacio González y Diác. Mario Miskiewiez. Para compartir después de la Eucaristía, la Pastoral llevó huevos de pascua y roscas.

 

En la necesidad de nombrar a un Capellán para el Penal, el Sr. Obispo, Mons. Eichhorn, me nombró en el año 2007. Unos meses después, también nombró Capellán al Diácono Horacio González. Es así que, actualmente, el Penal de Ituzaingó cuenta con dos Capellanes y la colaboración de varios Catequistas quienes con sol, lluvia, frio, o calor están firmes todos los miércoles en el encuentro de catequesis que se realiza en el Salón de Usos Múltiples. Se utiliza dicho salón, porque las unidades nuevas no cuentan en su planificación con la construcción de Capillas.

 

Nos sentimos agradecidos por la ayuda de CALDIM ya que hay que solventar los gastos de material didáctico para los encuentros: Biblias, rosarios, libretas de familia, fotocopias, y hasta alguna necesidad urgente de algún hermano preso.

También se colabora con la organización del Día del Niño, el Día de la Madre y Navidad, armando el pesebre y el árbol.

Compramos afiches alegóricos a los momentos fuertes del año, como son Pascua y Navidad.

Asimismo, la Pastoral requiere la formación permanente de quienes trabajan en ella. Es por eso, que todos los años en el mes de febrero se realiza en Villa Allende, Córdoba, un Encuentro de Formación para Responsables y 2 catequistas. Hasta ahora, la Diócesis participó en todas las ocasiones.

En 2010, en el mes de agosto, se realizó el Encuentro Nacional de Pastoral Penitenciaria en Mar del Plata, en el que participaron 4 hermanos de nuestra Pastoral. La ayuda va destinada en parte a solventar dichos viajes.

 

Por eso, en nombre del Diácono Horacio González y mío, quiero reiterar nuestro agradecimiento por el aporte realizado en años anteriores y en 2010, que se destinaron y se destinarán a la ardua y demandante tarea que tratamos de llevar adelante junto a mis queridos hermanos de la Pastoral Carcelaria.   

 

Mario Miskiewiez

Diácono Capellán U39

Delegado Pastoral Penitenciaria

 

 

 

Agradecimiento de la comunidad

parroquial de Santa Cecilia

 

La Parroquia Santa Cecilia, de Ituzaingó agradece a CALDIM por su colaboración con los recursos económicos para las reformas de nuestro Templo. Hemos comprado tejas para el arreglo del techo, madera y ruberoy.

Para la reforma del Altar, además de la mano de obra, compramos el material necesario para poder ampliarlo y los mosaicos para el piso. Reformamos también el ambón y cambiamos de lugar el Sagrario y la imagen de nuestra Santa Patrona, quedando pendiente la compra de la pintura. Agradecemos también a Don Julio quien guió este trabajo y a todos los que colaboraron.

 

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Iglesia Catedral de Morón

Centro de Espiritualidad “María, Madre del Buen Viaje”

 

Buscar de cambiar lo que no estamos

haciendo del todo bien

 

Disertación del Pbro. Mariano del Río

(Gracias a Catalina Marotta por la transcripción)

 

Convocado por el Centro de Espiritualidad “María, Madre del Buen Viaje”, el P. Mariano del Río, Párroco de Cristo Rey y Asesor del Área de Pastoral de Laicos, brindó una mirada acerca de la conversión, que es tratar de cambiar aquellas cosas que sentimos o experimentamos que no estamos haciendo del todo bien.

La Iglesia cuando nos llama a la conversión, nos está invitando a transitar un camino que no es simplemente el que cada uno pueda realizar, sino, particularmente, el camino que Dios quiere proponer. “La conversión no es algo nuestro, sino de Dios. Es lo que Él quiere obrar y actuar en nuestra vida”, sostuvo el P. del Río, acentuando la dimensión de la voluntad, en la que muchas veces se experimenta más de una vez por más que queremos cambiar, lo que dice San Pablo: “Hacemos el mal que no queremos y no podemos hacer el bien que queremos”. 

 

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Convertirse no es solamente ejercitar la voluntad. Se es muy ingenuo si se piensa que la conversión debería ser a través de la propia voluntad, que de alguna forma esta caída como nuestra naturaleza humana, por la acción del pecado. La conversión es voluntad de Dios, es el plan que Dios tiene para nuestra propia vida, y es, en primer lugar, un llamado a experimentar la necesidad de Dios en la propia impotencia, en lo que no podemos cambiar, en lo que no podemos transformar.

Para convertirse, la mirada debe estar puesta en Dios, en lo que Él quiera hacer en nosotros, y especialmente, en la conciencia de lo mucho que Él nos ama.

 

El primer llamado en la conversión es a experimentarnos amados, queridos, elegidos por Dios, porque nadie se convierte realmente, si primero no se siente amado por Dios. Conversión es la conciencia plena de que Dios nos elige, nos cuida, nos ama, nos sostiene, nos cura, nos sana, nos abraza, de que quiere suscitar en nosotros una respuesta.

 

El P. Mariano puntualizó tres características esenciales para la conversión: La primera, es una fe alegre como la de María. Cuando el Ángel la saluda y le cuenta que es la elegida por Dios, le dice: “Alegrate María”.

La segunda, es la certeza que Dios nos mira con complacencia, como le expresa el Ángel a María: “Haz hallado gracia delante de Dios”.

La tercera, es como la fe de María tiene que ver también con que se siente humilde, y porque se siente humilde y pequeña es elegida por Dios. “El Señor ve en la humildad, en la pequeñez. ¿Quién es el que se puede convertir? El que se siente pequeño y necesitado de Dios. El Señor no mira al que cree que hace todo bien. Dios elige al pequeño, al humilde, al sencillo, al frágil, ahí muestra su poder”, aseguró.

“Dios quiere que seamos más humildes, que experimentemos el ser pequeños, necesitados, porque solos no sabemos por dónde ir y la conversión se da confiando en Él, buscándolo más”.

 

“Sean santos como Dios mismo es santo”

Jesús habla de ser santos como propuesta de Dios para nuestra vida. Él dice: “Sean santos como Dios mismo es santo” o “sean perfectos como Dios mismo es perfecto”.

¿Jesús nos está pidiendo algo que nadie podría realizar? ¿Quién de nosotros puede ser perfecto?

Se puede decir que no somos perfectos, pero que estamos tendientes hacia la perfección. Pero Jesús va mucho más lejos: “Dios es amor”, entonces la perfección de Dios, la santidad de Dios tiene que ver con la plenitud del amor, ese amor que es vincularidad, dar la vida, entrega, encuentro, sanar, perdonar. Entonces ser santo, ser perfecto puede ser entendido como “amar como Dios ama”.

 

La conversión es, en primer lugar, sabernos elegidos, amados y buscados por Dios. En segundo, intentar de responder a ese amor. Como dice San Benito: “No anteponer nada al amor de Jesucristo”, pero no como esfuerzo de nuestra voluntad, sino como necesidad de responder a un amor primero de Dios.

 

Dios pide que seamos santos para poder ser plenos como Él en el amor. Y sintiéndonos amados podemos tener la experiencia que sólo el amor nos salva, nos transforma la vida, nos convierte.

San Juan de la Cruz sintetiza la experiencia creyente en un amor que surge de Dios y que necesita una respuesta, que solamente puede ser de amor: “Tanto amor de Dios, solamente se puede pagar con amor”.

 

Sintetizando este camino, el P. del Río explicó que el proceso de conversión se da porque al sentirnos tan amados, es que necesitamos amar a Dios y a los demás. Y si ese amor de Dios no toca toda nuestra existencia y nuestra vida, todo lo que nos ocurre, sentimos y decimos, la palabra conversión siempre estará relacionada con un proceso voluntario, pero no con una acción de Dios en nuestra propia existencia. Solamente frente la experiencia de ser amados, podremos intentar amar de la misma manera.

 

En el proceso de conversión, a veces estamos adormecidos en el amar, en el perdonar, en el creer. Todo nos parece como una meseta donde no hay nada nuevo. Al ponernos frente a Jesús que entregó su vida por nosotros, empezamos a descubrir que nuestro pecado, nuestro egoísmo y falta de amor nos empieza a doler. Es cuando empezamos a descubrir cuánto nos ama. Necesitamos transformar ese dolor, y el único que puede transformarlo es el poder sanador de Dios, que ha dado la vida por nosotros.

El P. Mariano señaló dos caminos en la conversión: El dolor infecundo que sufrimos solos sin poder abrirlo a la gracia de Dios y el adormecimiento, que es creer que no se siente nada, que no pasa nada, y en el fondo hay un montón de insensibilidades internas que nunca se dejaron calentar por el fuego que transforma.

En el libro de Isaías, se describe al pueblo de Israel que estaba desterrado en Babilonia. Al principio el pueblo lloraba porque no estaba en el lugar que Dios había elegido. Pero luego, el pueblo se deja adormecer y construye una religión acomodada a como ellos podían vivirla en esa realidad. Isaías le empieza a hablar a su pueblo y le dice: “Mira que Dios está viniendo, mira que Dios es fiel, mira que Dios te quiere libre, mira que Dios no te quiere esclavo, mira que Dios quiere dar su vida por vos, mira que Dios te quiere liberar , te quiere transformar”.

Convertirse es también descubrir cuáles son nuestras babilonias y cómo estamos tan aferrados, que no queremos cambiar, o ver que hay cosas que nos dan tanta seguridad, que nos da miedo dejarlas.

 

El profeta Jeremías habla de su pueblo como “arcilla blanda en manos del alfarero”. Significa dejar que Dios nos moldee, nos cambie la vida, nos transforme el corazón, nos ponga criterios nuevos. Esto es convertirse, transformarse. El proceso de conversión es siempre ir por más, es convertirse como papá, mamá, esposo, esposa, hijo, hermano, en esta realidad donde nos experimentamos amados por Dios, llamados a amar más y mejor al estilo de Él. Santa Rafaela María decía: “No se trata tanto de hacer, sino de dejarse hacer”.

 

El proceso de la conversión nunca se termina, enseña San Juan de la Cruz, “es como la leña que se pone cerca del fuego para secarse más”. Nosotros somos leña verde y estamos llamados a purificarnos en el amor de Dios. Cuanto más nos acercamos a Él, ese amor más nos transforma. Dejarse transformar por ese amor de Dios es convertirnos, no por lo que hagamos, sino por lo que dejemos que Dios haga en nosotros.

 

“Convertirse es tener la certeza de que nada ni nadie podrá separarnos del amor de Dios. Estamos llamados a actualizar la conciencia de ese amor, de dejar que ese amor toque nuestra vida y expresarnos de verdad en respuesta al amor de Dios. Esto será lo que nos exija un poco más de confianza, un poco más de entrega, un poquito más de aquello que no podemos darle, pero que en el fondo nos ponemos plenamente en sus manos con lo que somos, con lo que tenemos, con lo que nos pasa. Sabemos que esto que le ofrezcamos será transformado por ese amor de Dios del que nada nos puede separar”, concluyó.

 

 

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