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- Ser buenos samaritanos en el mundo de la salud
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Encuentros para Animadores del Grupo Resurrección MC900431561[1]

 

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Pastoral de la Salud

 

2°Jornadas sobre “Relación de ayuda en la enfermedad y el duelo”

 

Ser buenos samaritanos en
el mundo de la salud

Entre el 31 de mayo y el 5 de junio, se desarrollaron en Buenos Aires y en la provincia de Córdoba las Segundas Jornadas sobre “Relación de ayuda en la enfermedad y el duelo”, que tuvieron como expositor al Padre Dr. Arnaldo Pangrazzi, religioso camilo y una de las más reconocidas figuras en Pastoral de la Salud, counselling, duelo y grupos de mutua ayuda para personas que han sufrido la muerte de un ser querido.

 

El sábado 4 de junio, el P. Pangrazzi arribó a Morón para exponer en el Encuentro Diocesano de Pastoral del Alivio. Fueron dos charlas que brindó a un concurrido auditorio, con asistentes que se acercaron incluso de Diócesis vecinas, sobre el tema: Ser buenos samaritanos en el mundo de la salud.

 

 

En este envío, compartiremos la primera disertación con la que el Sacerdote buscó a través de su reflexión y aporte, animar a las comunidades a desarrollar la Pastoral de la Salud, a practicar la misericordia, a estar cerca del que sufre y de su familia, a ser comunidades sanadoras.

 

(Agradecemos a Caterina Marotta por la transcripción).

 

LA PASTORAL DE LA SALUD
Y LA COMUNIDAD

 

La enfermedad se manifiesta en distintos momentos a lo largo de la vida de cada persona.

El P. Pangrazzi comenzó señalando algunas perspectivas acerca de las patologías.

 

Perspectiva Clínica

La primera es la clínica, es la que la mayoría de la gente considera. Ocurre cuando hay enfermedad, una patología, una forma de no estar bien. Hay causas que producen el dolor del cuerpo, por ejemplo un virus. Entonces hay que poner remedios y vamos al hospital, al médico. Este es el acercamiento común.

 

Perspectiva Psicológica

La segunda es la psicológica. La enfermedad es causada por otras causas, que pueden ser dinámicas internas, por ejemplo, producto de que la persona tenga un problema en la familia, o que en la pareja que haya habido una traición y las cosas han quedado muy mal. Necesitamos resolver los nudos internos, entonces recurrimos a un psicólogo, a un sacerdote, a una persona amiga.

La enfermedad puede ser de naturaleza psicosomática, el cuerpo se enferma pero es el dolor el que hay que confortar. Hay que buscar la causa de ese dolor, que no es orgánico

 

Perspectiva Espiritual

La tercera perspectiva es de orden espiritual. Cuando nos enfermamos experimentamos una forma de la fragilidad que se da en el cuerpo, y también en la mente y en el espíritu. Esta perspectiva es un invite a escuchar el mensaje, a escuchar la enfermedad, que esconde  información preciosa sobre la vida. Entonces, aquí no se trata de quitarla, no hay que resolverla, hay que escucharla, porque nos puede decir verdades importantes sobre la vida.

A esta perspectiva muchas personas no la consideran, pero podría ser la más significativa.

 

Distintas patologías

Cuando hablamos de enfermedades o fragilidades no hay que limitarlas a los problemas físicos, porque las fragilidades de la mente también son muy serias, o aquellas sociales, como la dependencia a las drogas, impactan mucho más.

 

Físicas. Hay distintas patologías físicas: tumores, infartos, enfermedades crónicas, terminales, los que están en diálisis, etc.. Cada una representa un cierto tipo de enfermedad que pone heridas en el cuerpo.

 

Psicológicas. También hay enfermedades que afectan la psiquis o la mente, por ejemplo: desequilibrios afectivos, la depresión, obsesiones, compulsiones, personas esquizofrénicas, paranoicas, es decir la mente no está equilibrada y muchas personas sufren.

 

Sociales. Hay enfermedades o fragilidades que afectan nuestra vida con los demás, que afectan la dimensión social, como el alcoholismo, la droga, el sida, formas de pobreza que producen enfermedades o marginados de la sociedad.

 

Espirituales. Y otras que afectan el espíritu. Por ejemplo, hoy en día estamos viviendo la pérdida de valores, muchas personas sólo tienen valores materiales, obsesión por el dinero, las cosas externas, no cultivan el respeto, la tolerancia.

Hay personas que tienen un sentido de vacío y de inutilidad, que se dejan morir; personas que están aburridas que no saben qué hacer con su tiempo.

Aparece el suicidio. En la desesperación se quitan la vida, valor supremo, en un momento de oscuridad interior. Se pierden la dimensión espiritual de la vida, la fe, la esperanza y la caridad.

 

 

Los destinatarios de la Pastoral de la Salud

 

Son destinatario de los esfuerzos de la Pastoral de la Salud, en primer lugar, los enfermos. Muchas personas al fijarse en la Pastoral de la Salud piensan en los ancianos, los hospitalizados, los drogadictos, los alcohólicos, esos que se consideran enfermos.

La Iglesia católica se ha enfocado en ellos creando profesionales, hospitales, grupos de asistencia voluntaria.

 

Pero la Pastoral de la Salud está destinada también a la familia, que muchas veces cuando se enferma una persona del grupo familiar, es toda la familia la que se enferma. Es importante considerar y valorar lo que pasa con esta familia, también son ellos las personas que tenemos que cuidar.

 

En Tercer lugar, la Pastoral está dirigida a los profesionales de la salud, porque el enfermo reside en el hospital por varios días y después vuelve a su casa, pero los profesionales, los médicos, las enfermeras, se quedan ahí.

 

Una comunidad parroquial y hospitalaria

 

¿Cómo se organiza una parroquia para interpretar y ser testigo del espíritu del buen samaritano? ¿Cómo motivamos a voluntarios, vecinos de casa, para que se animen a visitar, a ayudar, a acompañar a las personas que sufren? El voluntariado es un ámbito que merece la pena, su presencia, su supervisión, su formación para el acompañamiento de estos destinatarios de la Pastoral.

 

La atención de las familias

El P. Pangrazzi centró su atención en las familias:

Venimos y vivimos en distintas familias. La familia es sensible a lo que le sucede a cada uno de sus miembros. Las enfermedades físicas, mentales, psicológicas y espirituales, y algunas situaciones de dolor, según su seriedad y gravedad provocan un desgaste físico-psíquico en las familias. Por ejemplo, cuando hay niños enfermos; los ancianos, que hoy en día no hay jóvenes para asistirlos; enfermos crónicos que tienen una patología muy grave; los discapacitados; los que están en diálisis, que por años tienen que estar dependiendo de una máquina. El sacerdote invitó a pensar en los familiares que tienen que cuidarlos: el desgaste, el esfuerzo de todos los días sin vacaciones, y la necesidad de que la comunidad y los vecinos les den una mano que les permita recuperarse.

 

En este camino, propuso pensar qué pasa con las familias de los enfermos terminales, o de víctimas de las drogas, los tóxico dependientes, los que toman alcohol, los inválidos, etc..

 

“En la familia se produce en una primera etapa una forma de desorganización, por ejemplo, si se enferma la mamá que tiene 35 años, 3 hijos pequeños en la casa, su marido viaja para trabajar, se genera una crisis que desorganiza al grupo familiar, ¿Quién sustituye?, ¿Cómo adaptarse a estos cambios? La familia está desorganizada, es como un terremoto.

Después hay una búsqueda de ayuda, ¿Cuáles son los mejores médicos en este campo? ¿Cuál es el hospital más cercano? Se recurre a internet, hay una búsqueda de auxilio.

Y poco a poco la familia se va adaptando a la situación, hay cambios necesarios, hay que reemplazar a mamá, hay que cocinar, hay que hacer las tareas, las crisis nos invitan a las adaptaciones.

 

Cuando uno se enferma detrás hay una familia, y en general, cada uno de nosotros vive en familias que pueden ser más sanas o más problemáticas.

Una familia sana puede aguantar de una manera más constructiva la enfermedad.

 

Características de las familias sanas

Hay un equilibrio emotivo, donde las personas se respetan, se escuchan, saben manifestar sentimientos, pensamientos sin sentirse juzgado, marginado y controlado, hay una salud relacional.

Se valora a cada una de las personas y se respetan según su identidad; un hijo puede tener habilidades físicas, otro, artísticas, otro, comunicativas y otro sensibilidades espirituales. Cada uno es valorado por los frutos que pueden producir. No es que uno sea mejor que otro, cada uno tiene su valor.

Hay buena comunicación y hay cohesión, cercanía entre los miembros, se aceptan, se comunican en la mesa, no hay sólo silencio, pueden expresarse y esto facilita el ingreso en la sociedad.

Hay una relación positiva con la sociedad, es decir, los padres ayudan a los niños a crecer, a salir, a involucrarse en la Iglesia, a ser scout, a hacer acciones positivas. Es una familia que no teme y es confiada, con actitudes positivas hacia la sociedad.

Hay una estabilidad interna de respeto, las normas son claras y contribuyen a dar una estructura saludable a la vida.

También hay flexibilidad de roles, no siempre una persona manda, ordena. Si esta persona no está, a otra puede reemplazarla, es decir, si uno se enferma otro puede reemplazarlo e intervenir.

 

Familias problemáticas

Mientras tanto, las familias problemáticas tienen como tendencia un exceso de autoritarismo, control a los otros. Un padre puede ser un tirano en algunas situaciones o infunde temores.

Hay crítica destructiva de las personas. El individuo crece en una familia donde sólo escucha que crea problemas, comparaciones con familiares. Crece en ambientes familiares donde siempre ha asimilado mensajes negativos, tiene una pobre imagen de sí y después esta es su manera de vivir en el mundo.

Otra característica es la ausencia de personas significativas. En estas familias es posible que haya muerto el padre o la madre, o están vivos pero ausentes, entonces faltan elementos relacionales importantes para el desarrollo de la persona.

Hay carencia de cariño o distancia interpersonal. Las relaciones son frías, por lo tanto, la persona se siente incómoda en el mundo y tiene dificultad al expresarse.     

Otro elemento, es la desorganización interna. Por ejemplo: Se come a cualquier hora. La madre da una orden y el padre otra, los niños dan ordenes a los padres. Algunas personas crecen en esa situación, en la que hay mucha confusión y desorganización, y después, cuando uno se encuentra enfermo va a empeorar todavía más las cosas.

Hay problemas específicos, en estas familias alguien está bebiendo demasiado alcohol, hay violencia, hay enfermedad psíquica. Hay elementos que crean desequilibrios. Algunos problemas con la enfermedad tienen detrás esta estructura frágil.

 

Verbos claves para ayudar a las familias   

Ser presente, no abandonar, no olvidar a estas familias, que tienen un enfermo y que necesitan ser acompañados.

Conocer a estas personas y familias como Jesús, quien es el Buen Pastor que conoce a las ovejas, y estas a Él.

Saber consolarlos, porque muchas veces están solos y necesitan la cercanía, la solidaridad, el ser escuchados y acompañados.

Involucrar a la familia en el cuidado del enfermo. Dejarlo en una institución es una opción positiva, pero no abandonarlo, olvidarlo, sino seguir involucrándose.

Recordar a las personas y sus vivencias pasadas. Es sanador hablar con la familia buscando los buenos aspectos de la vida.

Acompañar a las personas que tienen un familiar enfermo y ayudarlos, eso sería una comunidad sanadora. 

Favorecer la reconciliación. Hay familias desunidas que tienen muchos conflictos, que no se perdonan.

Evangelizar, tal vez estas familias piensan que eso que les ha tocado es absurdo, injusto y piensan que ese dolor es para los criminales, no para las personas buenas. Este es un contexto para evangelizar, que la fe no está para protegernos del dolor, está para ayudarnos a enfrentarlo, que puede suceder en las mejores familias. Es saber alimentar la esperanza en los momentos más difíciles, ofreciendo ayuda, iluminación, elementos que los ayuden a sostenerse.

 

Comunidades sanadoras

 

Ser comunidad sanadora implica en primer lugar, saber identificar cuáles son los recursos dentro de una comunidad.

Los cuidadores son todas las personas que tienen competencias específicas. En una Parroquia puede haber médicos, psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, capellanes, voluntarios. Son todas personas que cuidan a los que sufren.

Asimismo, hay religiosos y religiosas que tienen el carisma especial de servir a los enfermos.

 

Hay catequistas. Es importante que los catequistas introduzcan el tema del sufrir como parte del tema del vivir, no podemos eliminar el sufrimiento, de la enfermedad; y la muerte, de la vida. Que el catecismo no sea solamente la inclusión de la doctrina de nuestra Iglesia, sino también de realidades y verdades de la existencia, que incluyen el sufrir. Ejemplo: Ante el drama de un niño muerto, ninguno quiere hablar de esto, de cómo nos sentimos después del fallecimiento, todos tienen miedo. Por eso, es importante que los catequistas y los educadores lo hagan.

 

También los ministros de la Sagrada Comunión son muy importantes en la comunidad, para consolar a los enfermos, sobre todo a domicilio.

Además, la Iglesia tiene vecinos de casa. Hay personas que mueren solos y hay vecinos que después de tres semanas se dan cuenta. En muchos suicidios la persona vive sola, en el anonimato. Muchos vecinos pueden por ejemplo, ir a tomar un café, comprarles algo; serian signos positivos de cercanía y de solidaridad.

 

Los jóvenes también pueden ayudar a los enfermos cantando para ellos, organizando una fiesta para alguna fecha especial. Pueden acompañar a las personas en silla de ruedas en un día de vacaciones, etc..

 

Los profesionales de la salud y los centros de escucha pueden identificar necesidades y evaluar estrategias para responder a las personas.

También hay grupos de oración. Son un buen recurso comunitario, la oración ayuda también a los enfermos, es una ayuda preciosa en los momentos de debilidad. También están los grupos de mutua ayuda, como el Grupo de Resurrección, que ayuda en situaciones específicas del duelo. 

La comunidad tiene este mosaico de colores que ayudan a practicar la misericordia, estando cerca del que sufre.

 

Presentación de la Red Sanar durante el Encuentro.

 

Para animar la comunidad

Para ser una comunidad sanadora cercana a la gente, en primer lugar se debe sensibilizar, poner la atención hacia las personas necesitadas.

La segunda tarea después de sensibilizar, es formar. La espontaneidad sola no es la solución, hay personas que son sensibles y van a visitar al enfermo pero dicen cosas  que no están bien, que los pueden herir. Hay que formar, cultivar las habilidades relacionando sobre todo, la escucha. Escuchar a los demás, no dar sugerencias, recetas, “no te sientas triste”, “no te enojes”, “esta es la voluntad de Dios”, muchas personas distribuyen recetas en lugar de ayudar y pueden turbar. Por eso, necesitamos formar voluntarios para ser preparados a nivel humano, a nivel espiritual, relacional y emocional.

 

Después identificar acciones y proyectos para ser testigo de solidaridad ¿Qué puede hacer nuestra comunidad? ¿Cuál es el plan de este año?

Por ejemplo, en el Día del Enfermo hacer una celebración de unción. Hay proyectos culturales para ayudar a prevenir las enfermedades, hay proyectos parroquiales para consolidar la caridad y los testimonios del espíritu del buen samaritano. ¿Cuáles son los ancianos que están aquí? ¿Cuáles son sus necesidades. Son materiales, morales, espirituales, necesitan recibir la Comunión? ¿Cómo evaluamos la asistencia a estas personas?

Para ser buenos sanadores, tenemos que invertir el doble del tiempo a observar y escuchar y la mitad del tiempo a hablar.

Necesitamos acoger primeramente el dolor, ofrecer espacio para que los sentimientos sean liberados, para que los pensamientos sean ganados. Acogemos, recibimos, en primer lugar las heridas, y después vamos descubriendo recursos que la persona tiene, el prójimo no es sólo dolor, es esperanza, es fe, es la capacidad de luchar. Escuchando bien, tenemos que poner atención a la otra faceta.

Entonces, escuchar bien las heridas para despertar, luego, los recursos dentro de la persona, físicos, mentales, psicológicos, espirituales, y llevarlos a la luz para que sean puestos al servicio de la esperanza. Ayudamos así a las personas a hacer una medicina larga, no a tapar heridas, aprendemos así a ser sanadores.

 

 

 

 

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Pastoral de la Salud - Grupo Resurrección

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Para ir agendando

 

Encuentros para Animadores del Grupo Resurrección

 

Los Grupos Resurrección son grupos de mutua ayuda que acompañan a quienes sufren por la muerte de un ser querido. Sus referentes en la Diócesis junto con la Comisión de Pastoral de la Salud Diocesana, confirman que los Encuentros para Animadores se llevarán a cabo todos los sábados del mes de septiembre, de 8.30 a 12.00 hs. en la Escuela Parroquial Nuestra Señora del Buen Viaje (Belgrano 357 - Morón).

 

Exposición del Grupo Resurrección en la Escuela de Ministerios.

 

Presentación en video del Grupo  

 

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Para mayores informes:

Liliana: 4650 - 2305 - Diác. Octavio: 4650 - 6971

 

contactoresurreccionhaedo@gmail.com

 

www.gruporesurreccion.com.ar

 

 

 

 

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Delegación para la Comunicación Social de la Diócesis de Morón

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Sr. Fabián Parodi.

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