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Encuentros de Estudio sobre Pastoral Urbana
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Fundación Monseñor Oscar Vicente Vetrano Delegación para la Cultura y el Patrimonio Histórico
Ciclo “Compartiendo Saberes”
Transformaciones culturales y
religiosas
La Fundación Vetrano y la Delegación Diocesana para la Cultura y el Patrimonio Histórico, invitan a participar de la charla que ofrecerá el sociólogo y profesor de cultura religiosa, Dr. Aldo Ameigeiras, dando inicio al Ciclo “Compartiendo Saberes”.
La misma se realizará el viernes 25 de noviembre, a las 20.30 hs, en la Casa de la Cultura, Abel Costa 261 – Morón.
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OBISPADO DE MORÓN
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Pastoral Urbana
Encuentros de Estudio
22 de noviembre, de 19.30 a 21.30 hs. Lugar: Unidad de Gestión Comunitaria N° 2 (UGS2) de Haedo
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Caritas
Diocesana Tel./fax: 4483-3154 Email: moron.caritas@speedy.com.ar
COLECTA NAVI – DAR
EN PARROQUIAS Y COLEGIOS DE LA DIÓCESIS
Caritas Diocesana nos pide un esfuerzo más por los que menos tienen. Súmate a la colecta Navi – dar. Lo recaudado será utilizado para ampliar el plan Emaús en otro punto de la Diócesis, que actualmente está en la comunidad signo de Carlos Gardel.
Desde ya agradecemos tu gesto solidario que trae esperanza,
¡contamos con vos!
Para cualquier consulta Cáritas Diocesana Morón - García Silva 823 - Morón. TEL/fax 4483-3154 - E-mail: moron.caritas@speedy.com.ar Lunes y Jueves 9 a 18 hs – Martes y Miércoles 9 a 12 hs
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“Unidos en el servicio, la oración y la fracción del Pan” (Cfr. He)
Sobre la Asamblea de la Caridad
Convocada por el Sr. Obispo, Mons. Luis Guillermo Eichhorn, el 10 de septiembre, en el Colegio San José, se realizó la asamblea de la Caridad en la que participaron agentes de Caritas, Pastoral Social y Pastoral de la Salud.
Los integrantes de la Comisión de Caritas Diocesana han manifestado que la experiencia les ayudó a poder distinguir la situación actual y real en la Diócesis, en el aspecto puntual del servicio a los hermanos más necesitados, tanto de lo material como de lo espiritual, creando entre los participantes canales de comunicación socialmente fraternos.
“Sentimos que es necesario seguir construyendo sobre estos cimientos una Pastoral Orgánica en la Diócesis, que incluya a todos los agentes pastorales en la construcción de una sociedad más justa y fraterna.
Que nuestra Señora del Buen Viaje Patrona de la Diócesis nos ayude a permanecer en la unidad del servicio, buscando siempre privilegiar al que menos tiene, descubriendo en ellos a Cristo Jesús”.
Desde una profunda vivencia de fe,
Palabras de Mons. Luis Guillermo Eichhorn:
Dos textos “fundantes”: “Permanezcan en mí como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto por sí solo, si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos: Quien permanece en mí y yo en él dará mucho fruto, porque separados de mí nada pueden hacer” (Jn 15, 4-5)
“No me eligieron ustedes a mí; yo los elegí a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto, un fruto que permanezca; así, lo que pidan al Padre en mi nombre él se los concederá. Esto es lo que les mando, que se amen unos a otros” (Jn 15, 16-17).
Ser comunión. Para ser fecundos en el amor. Para que el reinado de Dios entre nosotros sea una realidad: la Civilización del Amor.
Dos textos “para el camino”: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien coma de este pan vivirá siempre. El pan que yo doy para la vida del mundo es mi carne” (Jn 6, 51).
“Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí (…). Este es el pan bajado del cielo y no es como el que comieron sus padres, y murieron. Quien come este pan vivirá siempre” (Jn 6, 56.58).
Sólo desde la Eucaristía somos comunión, somos comunidad. Sólo desde la Eucaristía, fuente de amor, daremos fruto.
Recordando el “Marco Doctrinal”
Sobre la dimensión caritativa y solidaria
De la participación plena en la Eucaristía nace la vivencia del amor. Amor fraterno compartido, que construye la comunidad “unida por el vínculo del amor”, y de manera especial, la caridad para con los pobres y necesitados de toda índole. Todo fiel cristiano tiene que ser consciente de que la celebración del misterio del amor que es la Eucaristía requiere, para que sea expresión auténtica de fe de la comunidad, que el amor mutuo sea sincero y que la preocupación por los necesitados sea sincera y eficaz. La Eucaristía solicita de cada uno esta actitud: compartir con amor verdadero. Descubrimos a Cristo en el hermano pobre; a ese Cristo con quien comulgamos en la Misa debemos servir y atender. Por esto, se hace necesaria una organización de la caridad que exprese el amor preferencial por los pobres. La acción caritativa es de toda la comunidad, si bien se organiza y hace efectiva a través de equipos especializados (Cáritas). Juan Pablo IIº habla de una mejor “imaginación de la caridad”, y sobre el trato con el pobre nos habla de tratarlos como verdaderos hermanos, que se sientan en nuestra comunidad “como en su casa” (Cf. NMI 49-50). La caridad para con el pobre radica no tanto en lo que se le da, sino en la manera de acogerlo, tratarlo, en fin, amarlo: ¡es Cristo para nosotros! Promover al hermano pobre, dándole a conocer a Jesús, que se abra a Él, para que el Espíritu Santo le cambie el corazón (Cf. Ez 36, 24-27); será el signo de que el Reino acontece entre nosotros: “Los pobres son evangelizados…” (Lc 7, 22-23). Nuestro gran desafío: ¿Cómo evangelizar a los pobres? ¿Cómo lograr que Cáritas sea una obra sentida por todos los miembros de la comunidad? ¿Cómo lograr que sea expresión de la vida de la Iglesia, y no una mera organización de ayuda y asistencia social?
Esto nos muestra tareas a afrontar: - Hacer de la acogida y de la solidaridad un estilo y una actitud de vida al interior de la comunidad. - Que la comunidad sea un lugar de sensibilización y de educación en la fraternidad. - Realizar obras de misericordia y de promoción humana que siempre estén fundadas en el trato personal lleno de amor al hermano necesitado. - Resaltar y asegurar la dimensión evangelizadora de la caridad: tanto hacia dentro de la comunidad como para con los pobres mismos, con quienes hemos de compartir nuestra fe.
La Iglesia en su magisterio nos confirma
“A partir de la comunión intraeclesial, la caridad se abre por su naturaleza al servicio universal, proyectándonos hacia la práctica de un amor activo y concreto con cada ser humano. Este es un ámbito que caracteriza de manera decisiva la vida cristiana, el estilo eclesial y la programación pastoral (…). Si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse: ‘Tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; estaba de paso y me alojaron; desnudo y me vistieron; enfermo y me visitaron; preso y me vinieron a ver’ (Mt 25, 35-36). Esta página no es una simple invitación a la caridad: es una página de cristología, que ilumina el misterio de Cristo. Sobre esta página, la Iglesia comprueba su fidelidad como Esposa de Cristo, no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia (…). Ateniéndonos a las indiscutibles palabras del Evangelio, en la persona de los pobres hay una presencia especial suya, que impone a la Iglesia una opción preferencial por ellos. Mediante esta opción, se testimonia el estilo del amor de Dios, su providencia, su misericordia y, de alguna manera, se siembran todavía en la historia aquellas semillas del reino de Dios que Jesús mismo dejó en su vida terrena atendiendo a cuantos recurrían a él para toda clase de necesidades espirituales y materiales” (NMI 49).
“También lo encontramos (a Jesucristo) de un modo especial en los pobres, afligidos y enfermos (Cf. Mt 25, 37-40), que reclaman nuestro compromiso y nos dan testimonio de fe, paciencia en el sufrimiento y constante lucha para seguir viviendo. ¡Cuántas veces los pobres y los que sufren realmente nos evangelizan! En el reconocimiento de esta presencia y cercanía, y en la defensa de los derechos de los excluidos se juega la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo. El encuentro con Jesucristo en los pobres es una dimensión constitutiva de nuestra fe en Jesucristo. De esta contemplación de su rostro sufriente en ellos y de encuentro con Él en lo afligidos y marginados, cuya inmensa dignidad Él mismo nos revela, surge nuestra opción por ellos. La misma adhesión a Jesucristo es la que nos hace amigos de los pobres y solidarios con su destino” (DA 257).
“Jesucristo está en los que dan testimonio de lucha por la justicia, por la paz y por el bien común, algunas veces llegando a dar la propia vida, en todos los acontecimientos de la vida de nuestros pueblos, que nos invitan a buscar un mundo más justo y más fraterno, en toda realidad humana, cuyos límites a veces nos duelen y agobian” (DA 356).
Ideas fuerza:
- En la caridad se juega la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo. - El encuentro con Jesucristo en los pobres, es una dimensión constitutiva de nuestra fe en Él, y es la primera y gran motivación de nuestra acción caritativa. - La opción por los pobres, necesitados, enfermos, marginados, no es un oportunismo estratégico, sino fruto de contemplar el rostro de Cristo sufriente en ellos. - Ser semilla del Reino, de la Civilización del Amor, desde una caridad activa, concreta, desde una siembra de ideas, desde una promoción de acciones irradiantes, testimoniales, desde una mirada simple y comprometida (“compasiva”) a nuestro alrededor: ese es el mundo que primeramente debemos cambiar.
Amigos de los pobres y solidarios con su destino
Mirando nuestra realidad, caemos en la cuenta que la conversión pastoral que nos pide el documento de Aparecida es necesidad urgente para nosotros (conversión, “metanoia”, cambio de mentalidad).
Una Iglesia misionera, que sale al encuentro del hermano, compadeciéndose con él (como el Buen samaritano de la parábola).
Esto significa abandonar todo aquello que ya no evangeliza, que ya no funciona hoy, todo aquello que se escuda en el “siempre se hizo así”. Superar la separación pastoral entre Cáritas y Pastoral Social, articulando realmente tanto los análisis y estudios de la realidad como las acciones de promoción. Ser una Iglesia comunión en misión permanente, que sale al encuentro el hermano para compartir con Él, movida por el Espíritu Santo, urgida por el amor de Cristo. Iglesia en comunión y participación, como nos decía Puebla, lo cual significa que cada acción pastoral surja de la comunión y busque crear comunión; una Iglesia en la que todos participen activamente, coordinada y articuladamente, donde los fieles -y no sólo algunos agentes pastorales- encuentren su lugar de comunión y participación. Una Iglesia servidora, en la cual superamos la idea de institución como espacio de poder o de vanagloria personal, para asumir con sencillez, con humildad y delicadeza a cada hermano, sabiendo que es Cristo que espera un gesto de amor. Basta por lo tanto de individualismos, de compartimientos pastorales estancos, de cotos cerrados y privados. Busquemos ayudarnos, colaborar, trabajar juntos, en sincera actitud de entrega y don hacia los demás, no buscando beneficios personales o grupales, sino solamente por solidaridad para con los que más necesitan. Una Iglesia donde el amor fraterno sea la nota característica, pero amor que no quede en palabras, sino en gestos concretos, que se manifieste especialmente ante los hermanos pobres, sufrientes, enfermos y necesitados. Desde un amor sincero al pobre, darles lo mejor que tenemos, “la primera caridad”, que es nuestra fe en Jesucristo. Compartir con ellos nuestro amor a Él. Más aún, ¡abrir el corazón para recibir de ellos mismos a Cristo! Una decidida acción de promoción integral de toda la persona y su núcleo familiar, barrial, etc., en la orientación que nos dejó Pablo VIº:
“Ideal al que hay que tender
(…)Realizar en toda su plenitud el verdadero desarrollo, que es el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas, a condiciones más humanas. Menos humanas: las carencias materiales de los que están privados del minimum vital y las carencias morales de los que están mutilados por el egoísmo. Menos humanas: Las estructuras opresoras, que provienen del abuso del tener o del abuso del poder, de la explotación de los trabajadores o de la injusticia de las transacciones. Más humanas: remontarse de la miseria a la posesión de lo necesario, la victoria sobre las calamidades sociales, la ampliación de los conocimientos, la adquisición de la cultura. Más humanas también: el aumento en la consideración de la dignidad de los demás, la orientación hacia el espíritu de pobreza, la cooperación en el bien común, la voluntad de paz. Más humanas todavía: el reconocimiento, por parte del hombre, de los valores supremos, y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin. Más humanas, por fin y especialmente: la fe, don de Dios acogido por la buena voluntad de los hombres, y la unidad en la caridad de Cristo, que nos llama a todos a participar, como hijos, en la vida de Dios vivo, Padre de todos los hombres” (Populorum Progressio 20-21).
El ámbito de la salud
La pastoral de la salud cobra real importancia para nosotros. Es una realidad que abarca muchas dimensiones: sea el propio hermano enfermo, sufriente, como su entorno familiar, los agentes de la salud, las instituciones asistenciales, la incapacidad de muchos de acceder a una atención adecuada, a tratamientos determinados, a remedios o terapias fuera de su alcance. Todos problemas ante los que nos sentimos impotentes, incapaces, insuficientes en todo. ¿Qué tenemos para dar? ¿Qué nos enseñó Jesús?
En la parábola del Buen samaritano, lo sabemos, tenemos la pista segura: la clave es el amor, es el “hacerse prójimo”, el saber acercarse compasivamente. Es asumir, cargar en mi cabalgadura al hermano herido, que sufre. Es curarlo, aliviarlo, devolverle la salud y la dignidad. Es velar por él hasta que pueda valerse por sí mismo.
Y esto sin herramientas, sin capacitación, sin conocimientos. Sólo con nuestra fe, con el amor de Cristo, con el Evangelio: aliviar al enfermo, sanar al enfermo. ¡Y esto sin caer en la tentación de ser “sanadores”! Sin promesas falsas y sin crear falsas expectativas. Nuestro hermano está enfermo, su familia está enferma. Es toda una conmoción tanto física, orgánica, síquica, cuanto espiritual, religiosa. Lo que más necesita nuestro hermano es el asumir su enfermedad desde la fe, aceptando este camino-vocación para seguir a Cristo en su pasión y en su cruz. Mirar la realidad de la agonía de Jesús en el huerto de los olivos, y ver la paz y el dominio de sí que manifiesta a lo largo de toda su pasión, hasta la muerte en la cruz: he aquí el camino de toda enfermedad.
Es la invitación a encontrar la paz interior, por la reconciliación, por el encuentro con Cristo, por la acción de su Gracia. Jesús acepta la voluntad del Padre, ora con insistencia, y es consolado por los ángeles. Ahí está la fuente de su serenidad: la confianza en el amor del Padre que no lo abandona, aún cuando todo aparenta que sí. La enfermedad es como la subida al monte Tabor, el monte de la transfiguración: humanidad dolorosa ante la perspectiva de la pasión, pero humanidad en la que se refleja la gloria de Dios, que hace exclamar a Pedro “¡Qué bien estamos aquí!”. Esta es la verdadera y auténtica salud espiritual que podemos dar a nuestros hermanos enfermos: paz, serenidad, alegría, confianza en el Señor. Y sólo lo logramos con nuestra oración, con la Palabra del Señor, con mucho amor y delicadeza, abriendo su corazón para el encuentro con Jesucristo en los sacramentos, fuentes de Vida. La pastoral de la salud es la pastoral de la Vida y para la Vida. Pero Vida que es un don de Dios, un regalo que debemos cuidar.
Repensar la caridad
Esto nos lleva a repensar profundamente toda la actividad, tanto de Cáritas como la de Pastoral Social, y también en el ámbito de la Salud, por no mencionar todas aquellas nuevas expresiones y manifestaciones de pobreza y miseria humana que emergen en el tiempo actual (las nuevas formas de pobreza).
A la luz del Evangelio, en el espíritu que nos enseñó Jesús en la parábola del Buen samaritano, orientados por la Doctrina Social de la Iglesia, y sobre todo, motivados por un intenso amor fraterno bebido en su fuente que es la comunión con Jesucristo, debemos tender a que toda nuestra Iglesia diocesana viva un estilo nuevo, caracterizado por la caridad y el amor fraterno, como expresión del amor a Dios, que no sólo se manifieste a través de unos pocos, y hacia algunos hermanos necesitados, sino que todos amen con sinceridad, tanto hacia dentro como en una proyección hacia fuera de nuestras comunidades: llegar a todos, vincularnos con todos, entregarles todo: nuestra ayuda, nuestra solidaridad, nuestra mano tendida, y también nuestra Buena Noticia: Jesucristo, nuestra paz, está entre nosotros; Él se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza. El es el Camino, la Verdad y la Vida. El es nuestro Señor y Salvador; Él es Dios con nosotros.
La Iglesia debe proponer a todos los hombres, a toda la sociedad, el modelo “siempre nuevo” de convivencia, de relación que Jesús nos enseñó. Modelo que tiene a Dios-comunión como paradigma fundamental, modelo que vivimos y recibimos como de su fuente en la misma Eucaristía. Vivirlo con autenticidad, para animarnos a decir a los demás, como lo hizo el mismo Jesús: “¡Vengan y vean!”.
Aporte de Caritas a las Desde Caritas Diocesana · Difusión de los micro emprendimientos existentes en la diócesis, a través de los medios virtuales y escritos, Ej: koinonia, redes sociales, boletines informativos, etc. · Organizar reuniones dentro de las Parroquias para conocer más el servicio que cumple cada área, y así poder interrelacionarnos. · Inserción de los jóvenes en las Áreas de la Caridad: brindando espacios de formación. (escuela de Ministerios y talleres para mochileros) · Más acompañamiento de Pastoral de la Salud y Pastoral Social, que puedan formarse estos grupos en todas las parroquias. · Refugio para mamás y niños en situación de violencia · Organizar bolsas de trabajo · Confeccionar una cartelera abierta a la comunidad con servicios · Crear centros para gente en situación de calle. · Abrir canales de Dialogo, aportando recursos entre las tres áreas. · Incentivar a la formación de la Red Solidaria de Profesionales de la Salud
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4623-3447 - beatrizventuriello95@hotmail.com
Taller Ecológico
El Movimiento Ecológico Raíces de Vida realizará mañana, 19 de noviembre, un TALLER ECOLÓGICO en la Parroquia de Ntra. Sra. de los Ángeles, de Hurlingham, en el horario de 10 a 12 (Subteniente Aviador Fernández 1965 Pque. Quirno - Administrador Parroquial Pbro. Fernando Laguna).
“Juntos podemos hacer algo por la salud del lugar donde vivimos, desde nuestras casas, desde la escuela, desde el barrio... Invitamos a compartir ideas y acciones para mejorar nuestra calidad de vida”.
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Delegación
para la Comunicación Social de la Diócesis de Morón OFICINA DE PRENSA DEL OBISPADO DE MORÓN Sr. Fabián Parodi. De lunes a viernes de 9 a 12 horas. Buen Viaje 936 - Morón Teléfono: 4629-3143 E-mail: obmoronprensa@speedy.com.ar
Se
autoriza la reproducción total o parcial de la información que ponemos al
servicio de nuestros lectores, citando la fuente (Koinonia, newsletter de la
Oficina de Prensa del Obispado de Morón).
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