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1º de mayo, Fiesta de la Divina Misericordia – Beatificación de Juan Pablo II MC900431561[1]

- Santa Faustina Kowalska, el rostro de la misericordia MC900431561[1]
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Partieron a la Casa del Padre – Sobre el fallecimiento de Norma Maroni MC900431561[1]

 

 

 

Apostolado de la Divina Misericordia
Ana María 5294-3667 - María Rosa 4603-9556 - María 4665-6454

 

 

1º de mayo, Fiesta de la Divina Misericordia

 
Beatificación de Juan Pablo II

 

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Queridos hermanos:

Que Dios, fuente de misericordia infinita, les colme de abundantes bendiciones en la labor de fe que realizan, llevando a Cristo a los hermanos.
 

Santa Faustina, consciente de su misión escribía en su diario: “Oh, Dios mío, soy consciente de mi misión en la santa Iglesia. Mi empeño continuo es impetrar la misericordia para el mundo” (n 482). Esto llenaba toda su alma y fue capaz, a pesar de sus duras pruebas, de llevarlo a cabo con éxito.

En nuestra Diócesis, ya hace unos años, se ha ido gestando cada vez más, de una forma constante y firme, la “gran empresa” de la Divina Misericordia, para que todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo se acerquen al corazón bendito de Jesús salvador. En esta noble labor queremos animarlos a seguir adelante procurando ganar nuevos apóstoles de la Divina Misericordia.

 

Y pronto celebraremos la Fiesta de la Misericordia Divina, junto con la beatificación del “gran apóstol” de la misericordia como ha sido el Papa Juan Pablo II. Deseamos que esta Fiesta renueve el compromiso de fidelidad de todos los hermanos que trabajan en este apostolado, pidiendo a Dios les conceda abundantes frutos para su gloria.

Recibamos también nosotros la promesa de Jesús, como lo había dicho a Santa Faustina: “Mi amor te dará la fuerza y el ánimo que te es necesario en esta obra” (n230).


Que la Pascua de Cristo Jesús, que vive y está presente entre nosotros, nos llene de alegría en el servicio que prestamos a Dios y a la Iglesia, para que la misericordia de Dios finalmente triunfe en el mundo.

 

                  Junta Interparroquial del Apostolado de la Divina Misericordia

                              Diócesis de Morón

 

 

Programa

Parroquia San José

Av. Félix Burgos 1100 –  Morón Sur -  4696-5250

 

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Editorial Claretiana - Apostolado de la Divina Misericordia

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Santa Faustina Kowalska.

El rostro de la misericordia

 

“La única esperanza que tiene la humanidad es la Misericordia de Dios”.

(Juan Pablo ll)

 

La Junta Interparroquial de la Divina Misericordia compartió con alegría un fruto de la devoción a Jesús Misericordioso y su Misericordia Divina, desde el corazón de Santa Faustina: El libro “Santa Faustina Kowalska, el rostro de la misericordia”, escrito por Mons. Santiago Olivera.

 

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Mons. Olivera (der.) junto a la Junta Interparroquial del Apostolado de la Divina
Misericordia, que es asesorada por el P. Silvio Rocha. La Junta agradeció a las comunidades y grupos que acompañaron con su colaboración y presencia.

 

Con gran asistencia, el encuentro se desarrolló el pasado 15 de marzo, en la Parroquia San José de Morón Sur. Durante la jornada presenciamos la presentación de la obra, que estuvo a cargo del Asesor de Pastoral Bíblica Diocesano y Párroco de Santa Mónica de Villa Sarmiento, Pbro. Juan Carlos Roldán.

 

Monseñor Olivera, actual Obispo de Cruz del Eje, Córdoba, siendo Vicario General de esta Diócesis acompañó momentos muy importantes en la historia de este Apostolado y Devoción, que marcaron su propio camino y dieron origen al texto.

 

Los Religiosos de San Miguel Arcángel fueron quienes introdujeron en la Diócesis la mencionada Devoción, y quienes trajeron las primeras reliquias de la Santa a la Parroquia San José. Mons. Olivera toma allí contacto con Faustina y con los escritos de sus memorias. Más adelante, bendijo la imagen de Jesús Misericordioso en las Avenidas Burgos y Eva Perón, en Morón Sur, y luego, predicó un retiro en el que, desde la sencillez de la fe, se captó la alegría de saber que “Jesús, en vos confío”.

El Apostolado fue creciendo. Al surgir grupos en otras Parroquias, con la idea de que el conocimiento del amor de Dios misericordioso se propague, le fueron encargadas dos reliquias de Faustina. Durante el tiempo sabático que estudio en Roma, visitó Polonia para conocer la tierra de Juan Pablo II. Impresionado por la fe del pueblo polaco, obtuvo personalmente las mismas en el Santuario de la Divina Misericordia, en Cracovia.

 

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Santuario de la Divina Misericordia
en Cracovia, Polonia.

 

Su regreso con las reliquias fue un gran momento para el Apostolado. Una de ellas fue destinada a misionar a la Parroquia San José Obrero de Willam Morris, y la otra, a la Parroquia San Carlos Borromeo de Hurlingham.

Todo este camino de la providencia, su experiencia y cercanía con Santa Faustina y su propuesta, motivó a que Editorial Claretiana le hiciera el pedido de escribir un libro sobre ella en 2007, para la colección “Testigos del Reino”. Pasaron varios años, Mons. Olivera fue nombrado Obispo de Cruz del Eje, en 2008, y a fines de 2010, finalmente la obra pudo ver la luz quedando plasmada en el libro que el P. Roldán presentó en Morón.

            

 

El llamado a la santidad

(Agradecemos a Catalina Marotta por la transcripción)

 

Con los labios podemos decir: ‘Es eterna la misericordia de Dios’, pero esto que decimos debemos vivirlo de un modo experiencial, con la experiencia del amor de Dios misericordioso”, expresó Mons. Olivera, cuyo anhelo y del Grupo, es dar a conocer dicho amor.

 

Lo importante para el lector será descubrir el llamado a la santidad

 

Juan Pablo II al comienzo del milenio preguntaba: ¿Quieres recibir el bautismo? Que es lo mismo que decir: ¿Quieres ser santo?

“El bautismo supone una nueva vida con criterios y actitudes, no podemos ser bautizados y vivir como paganos, como lamentablemente vemos en nuestros tiempos. Por eso, viene bien a la luz de Santa Faustina recordar lo que la Escritura señala: Que estamos llamados a ser santos, que debemos responder a nuestra vocación bautismal. La santidad será parecernos cada vez más a Jesús.

Volver a anunciar el Evangelio significa poder ayudar a todos a que seamos santos, que vivamos nuestra condición de bautizados y que no nos dejemos contagiar por los valores y los criterios del mundo, los criterios de los hombres que no son creyentes.

 

Faustina fue una creyente particular, porque ha tenido muchas revelaciones. Nos habla de la relación con Jesús, de un Dios que es misericordia, del Cielo, del infierno, de su realidad con la Virgen María, pero la clave es su vida santa, su adhesión a Jesucristo. Por eso, no confundamos las especiales gracias de Dios en Santa Faustina del camino de la santidad. Que con sólo vivir, cada uno de nosotros predique el Evangelio. A esto estamos llamados”, señaló el autor del libro.

 

A más miseria, más misericordia

 

“Santa Faustina tiene una novedad importante, inmediatamente nos lleva a Jesús con su vida, e inmediatamente también, nos presenta a Jesús. La imagen de Jesús misericordioso prevalece, anunciando la misericordia de Dios, algo muy antiguo, de siempre, pero anunciado nuevamente y serenamente por la Santa”, subrayó Olivera, resaltando que un corazón humilde es capaz de entender a un Dios misericordioso. “Cuando nos sentimos pobres, frágiles, débiles, enfermos y pecadores podemos experimentar mejor la misericordia de Dios. Cuando nos sentimos autosuficientes, buenos, santos y los mejores, perdemos la posibilidad de recibir la misericordia de Dios, ese abrazo que nos da una posibilidad, que nos espera, que nos invita, que es paciente.

 

Juan Pablo II decía que el primer nombre de Dios es amor, y el segundo, es misericordia. Es esa mirada que todo lo perdona, todo lo espera, todo cree y confía. Y Santa Faustina lo presenta a Jesús como es bueno que lo apliquemos de verdad: “Jesús, en vos confío”. Quién de nosotros no tiene dificultades, quien de nosotros no tiene sufrimientos profundos, quien no tiene situaciones difíciles. Al decir: ‘Jesús, en vos confío’, nada se escapa a la mirada de Jesús. Aun en la dificultad y en el dolor de la cruz, si lo vivo desde Jesús y con Jesús, será un camino redentor”.

 

Otro aspecto que resaltó de la vida de Santa Faustina para responder al proyecto de Dios, fue la dirección espiritual, que es quitar de la vida por medio de confrontar, de dejarse conducir por el Espíritu Santo, primer Director Espiritual, y por aquel mediador que el Señor pone en el camino, los obstáculos que van entorpeciendo nuestra relación con Dios.

 

“Esta mujer nos presenta a Jesús con una devoción que no estamos obligados a seguir, es libre. Lo que no es libre es nuestro amor a Jesús, lo que no es libre es la experiencia de la misericordia, lo que no es libre es saber que Dios nos ama y nos manifestó su amor hasta el fin, y nos mando a su único Hijo cuya muerte y resurrección es la clave de un amor misericordioso, una vida que se ofrece, una vida que se entrega aun a cambio del desprecio y la humillación, porque así amó Dios. Y así debemos amar nosotros, porque la misericordia que experimentamos debe hacerse misericordia en hábito, porque Jesús es misericordioso y sigue siéndolo a través de nosotros por las obras de misericordia, por nuestro corazón misericordioso, por nuestra mirada misericordiosa, comprensiva. Así debe ser nuestra vida, como vivió Jesucristo”, concluyó Olivera.

 

 

¿Qué es un santo? 

 

Luego de las palabras del Obispo de Cruz del Eje, el P. Juan Carlos Roldán indicó que si nos hacemos esta pregunta clave para entender nuestra vocación y tratamos de encontrarla a través del libro “Santa Faustina Kowalska, el rostro de la misericordia”, el texto nos ayuda a encontrar una respuesta, que es hermosa y compleja al mismo tiempo:

 

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Es compleja, porque un santo es por un lado, parte de la misericordia divina; por otro, es parte del misterio de la historia humana; y también, es parte del misterio o de la realidad de la Iglesia. En un santo confluyen la misericordia de Dios y de los hombres; la historia de la Iglesia, que se mete dentro de la historia de los hombres; y también, parte del misterio humano, porque ningún santo deja de ser hombre. “Muchas veces se cree que la vida de los santos es como la historia de un ángel, en la que no hay realidad frágil, ni historia concreta de pecado”, subrayó el P. Juan Carlos, recordando un libro muy breve pero profundo, dedicado solamente a hablar de pecados de los santos, para mostrar la realidad de que todo santo tuvo una historia de pecado. “Esos momentos de fragilidad y humanidad que tienen tanto que ver con nuestra propia historia, son también parte de la historia y el misterio de los santos”, sostuvo.

 

En la obra de Mons. Olivera, Santa Faustina no se presenta como si fuera el centro de la historia desde la cual se explica todo. Para presentarnos a Santa Faustina, Monseñor la rodea de todo aquello que hace posible que su figura pueda ser una luz para los que estamos llamados a buscar nuestra propia santidad. Alrededor de ella van poniendo grandes círculos que ayudan a entender lo que fue su vida. Santa Faustina no está en el centro iluminando todo, sino que es rodeada de otras grandes luces, para que ella se encienda y nos ilumine a nosotros.

¿Cuáles son esas grandes luces o realidades? 

Una, la Misericordia Divina.

Otra, el llamado a ser santos, como habla tanto de ello el Antiguo Testamento: “Sean santos porque yo soy santo”; como Jesús retoma en el sermón de la montaña: “Sean perfectos como el Padre celestial es perfecto”.

 

Apóstol y Secretaria de la Divina Misericordia

 

La misión de Santa Faustina fue de iluminar y alimentar su vida con la misericordia de Dios, de ser apóstol y secretaria de la Divina Misericordia.

La palabra secretaria significa el secreto que tiene que guardar, por eso es muy importante la discreción. Santa Faustina tiene el gran secreto en su corazón de la obra de la misericordia, y ella así lo transmite. Nadie puede hablar mejor que la Palabra Dios sobre la misericordia divina, pero esa misma misericordia nos ha dado una religiosa que con su vida santa, nos comunica eficazmente su llamado. “La Palabra de Dios ya dijo todo sobre la misericordia del Padre, pero las vidas, los testimonios como lo sabemos, hablan con mayor eficacia que las letras. Cuando la misericordia divina esta encarnada en las personas, ahí realmente llega a los corazones.

Este es el primer círculo que ilumina y explica el misterio de la vida de Santa Faustina en el libro”, explicó el P. Roldán.

 

Agregó que a su vez, Mons. Olivera dedica varios capítulos a mostrar que Santa Faustina es parte de un rompecabezas muy difícil de entender, el de la historia de los hombres; y en medio de esa historia, está el camino de la Iglesia. “Cada santo es una respuesta de Dios en un determinado momento de la historia. Al vivir cada día con intensidad la voluntad de Dios, dan a conocer al mundo con su testimonio de vida y también con su palabra, el mensaje de Jesús que ilumina y da sentido a los hechos y circunstancias de ese momento particular”, escribe Olivera en la pág. 17.

 

Y más adelante se pregunta: ¿Por qué el Señor en pleno siglo XX, se aparece a esta religiosa polaca y con insistencia le pide que se establezca la devoción a la Divina Misericordia?

Para responder este cuestionamiento, desarrolla con brevedad y eficacia la circunstancia de los tiempos en que vivió Santa Faustina, y cómo un pueblo, una nación como es Polonia tan maltratada en la historia, puede ser cuna de vidas como la de Faustina, el Padre Maximiliano Kolbe, el Papa Juan Pablo II, y fuente de devociones ya universales como la de la Divina Misericordia.

 

“La Iglesia, que es un misterio del amor del Padre, se sumerge en la historia humana y la va llevando a su fin, llamando a hombres y mujeres a través de distintas vocaciones para que jueguen sus papeles en el armado de ese gran rompecabezas. Lejos de ser la suma de muchas voluntades, la Iglesia es, antes que nada, el misterio del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo que se mete en la historia y va sumando hombres que con su gracia, pueden responderle. Cada uno de nosotros vamos metiéndonos en ese entramado del amor del Padre y de la historia de los hombres, y allí vamos cumpliendo nuestra vocación”, expuso el Párroco de Santa Mónica, citando el capítulo 4 del libro.

 

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Luego resaltó que Santa Faustina tenía dones místicos extraordinarios que están citados en la obra y que fueron mencionados por otro próximo “gran santo”, como es Juan Pablo II.

“Este Papa se nos ha presentado como un titán, un superhéroe, Obispo, Sacerdote, Papa, cristiano sobresaliente. Junto con Faustina son figuras excepcionales, pero esto de presentar a los santos como excepcionales hace que quedemos medio flojos y cansados, antes de empezar nuestro propio camino a la santidad.

 

La presentación de S. Faustina en el libro de Mons. Olivera es muy buena en relación con el llamado a la santidad, porque después de leerlo, uno queda con la sensación de admiración por los grandes santos que tiene la Iglesia, pero también queda el entusiasmo por imitarlos.

 

Como manifiesta el Obispo de Cruz del Eje, la santidad es compatible con la fragilidad humana o con deficiencias temperamentales. Santa Faustina tuvo esas deficiencias y fragilidad, y eso no hay que ocultarlo, porque nos permite no sólo entusiasmarnos en admirarla, sino en vivir nosotros mismos la santidad, nuestro propio camino, hermanándonos con Faustina”.

 

Se puede leer en el Evangelio sobre la casa edificada sobre roca y la casa sobre arena. “Hay demasiados libros, incluso en librerías cristianas que están edificados sobre arena. Hay que buscar los que dan testimonio no sólo de la palabra escrita, sino de la misma persona que está detrás, es importante saber que quien escribe puede comparar sus palabras con su vida. De alguna manera queremos apoyarnos en algo firme, no solamente en algo interesante o lindo, por eso necesitamos que quien escriba, además dé ejemplo”, opinó el P. Juan Carlos al concluir, agradeciendo el testimonio de Mons. Olivera como Obispo, como sacerdote y como cristiano.

 

Recordó como dato bíblico, que la misericordia es, no sólo plenamente evangélica, en cuanto es amor misericordioso del Padre y de Jesús para nosotros, sino también, que es la perfección cristiana: “Seamos perfectos cuan perfecto es el Padre del Cielo”, escribe San Mateo, pero San Lucas en el texto paralelo dice: “Sed misericordiosos como es misericordioso el Padre del Cielo”.

En conclusión, el fruto de este trabajo es animarse a vivir la misericordia en lo concreto de cada día y con los demás.

 

 

 

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Partieron a la Casa del Padre

Norma Maroni

 

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El día miércoles 20 de abril, a los 65 años, la Sra. Norma Maroni, empleada de Claretiana desde hacía unos quince años, falleció debido a un cáncer que la tuvo en lucha durante dos años.

La gente la conocía no sólo porque era vendedora de la Editorial, sino también por su vocación de catequista que ejerció en la Parroquia Madre de Dios (Villa Tesei) durante muchos años.

Era una persona muy amable, y su atención y predisposición ante el prójimo hicieron que los clientes la recordaran con mucho cariño.

Fueron muchos años, pero no de vendedora, fueron años de compartir. Que es lo que enseñaba ella sin querer. No trataba de vender un libro, trataba de compartirlo; y la gente la quería por eso.

 

Con sus compañeros era muy cariñosa, hasta al más nuevo invitaba a su casa a comer o al mediodía a mojarse un poco los pies en la pileta. Trabajar con ella era agradable, tenía un amor de madraza que repartía a todos y sus quejas no era con maldad, sino con el reto de aprender, de crecer. Se encariñaba con la gente, ayudó a más de uno a ingresar a Claretiana y tenía una risa tan particular que contagiaba y que daba gusto escucharla reír. Nunca pedía nada a cambio y mantenía siempre la necesidad de unión entre las sucursales cercanas. (San Justo y Morón). Para los días festivos, invitaba a juntarse para compartir algún almuerzo y algún presente: Navidad, Cumpleaños, día del Amigo, todo era motivo para conocerse.

 

En una carta que nuestra Querida Norma envió a Claretiana, tiempo después de jubilarse, nos contaba con respecto a su salud: 

 

“Siento que Dios hoy me ha dado la enfermedad. El estar cerca de Él me enseñó que no ha sido una casualidad, asumo esto con la preocupación lógica de tratar de ponerme bien, luchar y salir adelante…!!!

Esto llegó a mi vida, sí para ayudarme a no sufrir tanto por mi despedida; la sucursal Morón era parte de mi vida, irme me estaba costando lágrimas, las mismas que ahora se escapan de mis ojos escribiendo. Pero necesito descansar y curarme, en éste momento es lo más importante.

Dios los bendiga a todos y recen por mí”.

 

Continuó visitándonos luego de su jubilación y ya pasaba mucho con su nieta Tiziana. A pesar de estar en tratamiento y estar un poco decaída, su familia fue gran soporte para acompañarla. Le organizaron viajes para que paseara y compartieron a lo Norma, con alegría y mucho amor cada cumpleaños y fiesta que hubiera.

Norma tenía dos hijas y un hijo: Liz, Celeste y Christian; y cinco nietas: Juliana, Nazarena, Candelaria, Tiziana y Juana. De las que hablaba muy seguido y contaba sus vidas. A ellas, les dejamos un enorme cariño, ese mismo que nos dejó Norma a nosotros.

 

Cintia, Érica, José, Alejandro, Santiago

 

 

 

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