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- Encuentros de Preparación Cuaresmal
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- Un Rosario por la Vida MC900431561[1]

- ¿Sabemos acompañar la vida? MC900431561[1]
- Reflexiones sobre el tsunami-terremoto de Japón
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- Pastoral de la Salud – Organizando el año
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Renovación Carismática Católica

 

"Ya que sabemos que la santidad se alimenta del Evangelio"

 

espiritu santo 15[1]

 

ENCUENTROS DE PREPARACIÓN CUARESMAL

 

Para crecer juntos en oración, formación y contemplación, y poder ofrecer a nuestro SEÑOR JESUCRISTO, no solo nuestra disponibilidad, sino también un corazón dispuesto a recibir su GRACIA.

 

- DÍAS:  Martes, de 18.00 hs. a 20.00 hs.

- LUGAR:  Hogar para Ciegas Felisa Miro, BROWN 362, Esq., YATAY. (Morón)

 

         Solo es necesaria TU presencia y TU Biblia.

 

 

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Año de la Vida

 

25 de marzo, Día del Niño por Nacer

 

Un Rosario por la Vida en Haedo
Parroquia Santiago Apóstol y San Carlos Borromeo

 

La comunidad parroquial y educativa Santiago Apóstol y San Carlos Borromeo de Haedo preparó un Rosario por la Vida, para celebrar la Jornada del Día del Niño por Nacer.

 

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Niños prenden una vela por cada Ave María.
Los ayudan alumnos del Colegio Secundario,
que forman la Comunidad Solidaria
“Esperanza Joven”.

 

Durante la Misa que presidió el P. Consoli, se bendijeron a mamás en la dulce espera y a los niños nacidos en el 2010 y en lo que va del 2011. Se oró a San José, Padre Adoptivo de Jesús, por los matrimonios que piden adoptar un hijo.

 

Al concluir, se hizo elevar con globos al cielo la imagen de la Virgen de la Dulce Espera, desde el techo del atrio del Templo Parroquial.

 

 

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¿Sabemos acompañar la vida?

 

Homilía Completa del Sr. Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Jorge Mario Bergoglio, con motivo de la Misa por la Vida.

 

“Alguien me decía una vez, que el día de hoy es el día más luminoso del año, porque conmemoramos el día en que Dios comenzó a caminar con nosotros. Dios es recibido por María; el seno de María se transforma en un santuario cubierto por el Espíritu Santo, cubierto por la sombra de Dios y de ahí en más, María comienza un camino de acompañamiento a la vida que acaba de concebir, a la vida de Jesús. Lo espera, como toda madre espera a un hijo, con mucha ilusión, pero antes de nacer empiezan las dificultades; y ella sigue acompañando esa vida de dificultades. En el momento prácticamente de dar a luz tiene que emprender un viaje para cumplir con la ley civil de los romanos, y cumple.

Y allí, nace el chico sin ninguna comodidad y ella acompaña eso, Jesús prácticamente nació en situación de calle, en un pesebre, en un corral. No había lugar para Él y ella acompaña.

 

Después del inmenso gozo que siente al recibir a los pastores, a los magos y ese reconocimiento universal a Jesús, viene la amenaza de muerte y el exilio. Y María acompaña el exilio. Después acompaña el regreso, la educación del niño y su crecimiento. Va acompañando esa vida que crece con las dificultades que tiene, las persecuciones. Acompaña la cruz, acompaña su soledad esa noche en que lo torturaron justamente toda la noche. Al pie de la cruz está ella, acompaña la vida de su hijo y acompaña su muerte. Y en su profunda soledad, no pierde la esperanza y acompaña su resurrección plena de gozo. Pero ahí no termina su trabajo, porque Jesús le encomienda la Iglesia naciente, y desde entonces, acompaña a la Iglesia naciente, acompaña la vida.

 

María, la mujer que recibe y acompaña la vida hasta el final; con todos los problemas que se puedan presentar y todas las alegrías que la vida también nos da. María, la mujer que en un día como hoy, recibe la vida y la acompaña hasta su plenitud. Y todavía no terminó, porque nos sigue acompañando a nosotros en la vida de la Iglesia, para que vaya adelante. La mujer del silencio, de la paciencia, que soporta el dolor, que enfrenta las dificultades y que sabe alegrarse profundamente con las alegrías de su hijo. 

 

El Papa Benedicto XVI ha querido que este año fuera el Año de la Vida. Y un día como hoy, en que la vida de Dios se inaugura en la tierra, este Año de la Vida tiene su peso más fuerte, en esa vida traída y acompañada por María. Y en este Año nos hará bien preguntarnos a nosotros cómo recibimos la vida, cómo la acompañamos, porque a veces no nos damos cuenta de lo que es la fragilidad de una vida. Quizá no caigamos en la cuenta de los peligros que la vida de una persona desde niño, desde su concepción hasta su muerte, tiene que atravesar.

La pregunta que yo quisiera hacerles hoy, mirando a María que acompaña la vida, es: ¿Sabemos acompañar la vida? La vida de nuestros chicos, de nuestros hijos y de los que no los son. ¿Sabemos ponerle a los chicos alicientes en su crecimiento? ¿Sabemos ponerles límites en su educación? Y los chicos que no son nuestros, aquellos que parecen los “chicos de nadie” ¿Me preocupan a mí también? ¡Son vida! ¡Es hálito de Dios! ¿O me preocupa más cuidar a mi mascota, la que como no tiene libertad con su instinto me va a devolver lo que yo creo es cariño? ¿Alguna vez pensé que lo que gasto en cuidar una mascota podría ser alimento y educación de otro chico que no lo tiene? ¿Cuido la vida de los chicos cuando crecen? ¿Me preocupo por sus compañías? ¿Me preocupo para que crezcan maduros y libres? ¿Sé educar en la libertad a mis hijos? ¿Me preocupo de sus diversiones?

A veces, cuando vemos los programas de ciertos viajes de egresados, uno se pregunta si esto es cuidar la vida o es preparar el camino para que quemen todos los cartuchos que puedan. ¿Yo cuido eso? Y la vida sigue creciendo, y María la sigue acompañando, y yo, como María ¿La acompaño? ¿Qué tal tus padres? ¿Qué tal tus abuelos? ¿Qué tal tus suegros? ¿Los acompañás? ¿Te preocupás por ellos? ¿Los visitás? A veces es muy doloroso, pero no queda más remedio que estén en un geriátrico por las situaciones de salud o de la misma familia, pero, cuando están ahí, ¿Desgasto un sábado o domingo para estar con ellos? ¿Cuidás esa vida que se está apagando y te dio la vida a vos?

 

En este Año de la Vida, el Papa quiere que veamos todo el curso de la vida. En cada paso está María aquí, la que cuidó la vida desde el principio y la sigue cuidando en nosotros, como Iglesia que está caminando. María es la mujer del amor. Lo peor que nos puede pasar, es que carezcamos de amor para cuidar la vida, y si no hay amor, no hay lugar para la vida. Sin amor, hay egoísmo y uno se enrosca para acariciarse a sí mismo. Amor le pedimos hoy a María para cuidar la vida. ¡Amor y coraje! Me podrá decir: “Pero Padre, en esta civilización mundial que parece apocalíptica ¿Cómo podremos llevar el amor en medio de tantas contradicciones y cuidar la vida hasta sus últimas consecuencias?” El gran Papa Pío XI dijo una frase muy dura: “Lo peor que nos pasa, no son los factores negativos de la civilización, sino que lo peor que nos pasa es la somnolencia de los buenos”. 

 

¿Tenés coraje para asumir este camino que asumió María de cuidar la vida desde el principio hasta el final? ¿O estás somnoliento? Y si lo estás ¿Qué es lo que te anestesia? ¡Porque María no concedía anestesias al amor! Y hoy, le pedimos a ella: “Madre, que amemos en serio, que no seamos somnolientos, y que no nos refugiemos en las mil y una anestesias que nos presenta esta civilización decadente”. Que así sea. 

 

Buenos Aires, 25 de marzo de 2011, Cardenal Jorge M. Bergoglio, s.j.

 

 

 

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“Si quieres promover la paz, protege la creación”

 

Reflexiones sobre el tsunami-terremoto de Japón

P. Julio Cura, omv

 

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Dada la trascendencia de la tremenda catástrofe que padece y enluta al pueblo de Japón y su resonancia planetaria, proponemos esta reflexión escrita hace exactamente un año por el P. Julio Cura, OMV, con motivo del Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada mundial de la paz (01-01-2010): “Si quieres promover la paz, protege la creación”.

 

“En efecto, reflexionando sobre el proyecto de Dios (ver Génesis cap. 1-2) y el anti-proyecto del hombre respecto del acuciante problema ecológico y el cuidado de la creación, vimos que el plan de Dios tiene su origen y cumplimiento en su Hijo-Palabra creadora: “Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, las del cielo y las de la tierra”, (San Pablo -Efesios 1,10).

 

Sin embargo, el discípulo testigo de “la Palabra hecha hombre” nos habla de la indiferencia y el rechazo de los destinatarios: “La luz brilló en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron” (Juan 1,5); “La luz verdadera que ilumina a todo ser humano estaba viniendo al mundo. En el mundo estaba, el mundo existió por ella, y el mundo no la reconoció. Vino a los suyos (a su casa) y los suyos no la recibieron”. (Juan 1,9-11).

 

Entonces, nos preguntamos: ¿Cuáles son las tinieblas que no la comprendieron y quiénes son los suyos que no la recibieron? ¿Serán los representantes de las grandes potencias los responsables del recalentamiento global? ¿O los jefes de las naciones que deciden en lo político, social y económico? ¿Serán los dueños de las multinacionales? ¿Seremos nosotros, quienes nos profesamos cristianos? A estos interrogantes y apenada por esta cerrazón, es la misma Palabra quien responde por medio del profeta Isaías: Ofrecí una respuesta a los que no preguntaban, me dejé encontrar de los que no me buscaban; y dije: Aquí estoy, aquí estoy, a un pueblo que no invocaba mi nombre” (Isaías 65,1).

 

Sin embargo:”Todo lo que existe –nos recuerda Benedicto XVI- pertenece a Dios, que lo ha confiado a los hombres, pero no para que dispongan arbitrariamente de ello. Por el contrario, cuando el hombre, en vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios, lo suplanta, termina provocando la rebelión de la naturaleza, «más bien tiranizada que gobernada por él». Así, pues, el hombre tiene el deber de ejercer un gobierno responsable sobre la creación, protegiéndola y cultivándola” (Mensaje n.6). Pero ¿existe esta conciencia? Antes de ensayar una respuesta, veamos el contra-proyecto alternativo propuesto por la ambición del hombre:

 

El anti-Génesis: Al fin el hombre acabó con el cielo y con la tierra. La tierra era bella y fértil, la luz brillaba en las montañas y los mares, y el espíritu de Dios llenaba el universo.

El hombre dijo: “Que posea yo todo el poder en el cielo y en la tierra”. Y vio que el poder era bueno: Y puso el nombre de Grandes Jefes a los que tenían el poder, y llamó Desgraciados a los que buscaban la reconciliación. Así fue el sexto día antes del fin. El hombre dijo: “Que haya gran división entre los pueblos: que se pongan de un lado las naciones a mi favor y del otro las que están en mi contra”. Y hubo “buenos” y “malos”. Así fue el quinto día antes del fin.

El hombre dijo: “Reunamos nuestras fortunas todas en un lugar y creemos instrumentos para defendernos, para controlar el espíritu de los hombres, el alineamiento para controlar sus pasos, los ejércitos para dominarlos”. Y fue así. El mundo quedó dividido en dos bloques, en guerra. El hombre vio que tenía que ser así. Así fue el cuarto día antes del fin.

El hombre dijo: “Que haya una censura para distinguir nuestra verdad de la de los demás”. Y fue así. El hombre creó dos grandes instituciones de censura: una para ocultar la verdad en el extranjero, y otra, para defenderse de la verdad dentro de casa. El hombre lo vio y lo encontró normal. Así fue el tercer día antes del fin.

El hombre dijo: “Fabriquemos armas que puedan destruir grandes multitudes, millones y millones, a distancia”. El hombre creó los submarinos nucleares que surcan los mares y los misiles que cruzan el firmamento. El hombre lo vio y se enorgulleció. Entonces los bendijo, diciéndoles: “Sean numerosos y grandes sobre la tierra, llenen las aguas del mar, y los espacios celestes, ¡multiplíquense!”. Así fue el segundo día antes del fin.

El hombre dijo: “Hagamos a Dios a nuestra imagen y semejanza: que actúe como actuamos nosotros, que piense como pensamos nosotros, que quiera como queremos nosotros, que mate como nosotros…”. El hombre creó un Dios a su medida. Y lo bendijo diciendo: “Muéstrate a nosotros y pon la tierra a nuestros pies. No te faltará nada, si haces nuestra propia voluntad”. Y así fue. El vio todo lo que había hecho y estaba muy satisfecho de todo ello. Así fue el día antes del fin.

 

De pronto, se produjo un gran terremoto en toda la superficie de la tierra, y el hombre y todo lo que había hecho dejaron de existir. Así acabó el hombre con el cielo y con la tierra. La tierra volvió a ser un mundo vacío y sin orden; toda la superficie del océano se cubrió de oscuridad y el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas.

 

Esto que parece fantasía o ciencia-ficción, lamentablemente está superando la imaginación. Ya se verifican muchas de estas pretensiones fruto de mentes enfermas y ambiciosas que merecen el nombre de tinieblas según la expresión bíblica. Los grandes jefes reunidos en Copenhague volvieron a decir no al proyecto de Dios y repitieron la pretensión del tentador en el desierto: “De nuevo se lo llevó el Diablo a una montaña altísima y le mostró todos los reinos del mundo en su esplendor, y le dijo: –Todo te lo daré si te postras para adorarme. Entonces Jesús le replicó: ¡Aléjate, Satanás! Que está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, a él sólo darás culto (Mt 4,8-10).

 

¿Qué debemos hacer? ¿Cuál es nuestra responsabilidad? – Con respecto a los tsunamis y terremotos, si bien se trata de eventos cíclicos naturales, no exime de culpa al hombre que degrada la naturaleza, detonando bombas atómicas en el mar y otros experimentos nucleares. Mientras lamentamos las pérdidas humanas y económicas, en el mundo mueren de hambre y en el abandono más de 30.000 por día que nadie llora. Por eso, ante una creación usurpada por la ambición de los que se erigen en árbitros del mundo, el apóstol Pablo nos invita a colaborar con el proyecto creador de la Palabra:

“Estimo que los sufrimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria que se ha de revelar en nosotros. La humanidad (y toda la creación) aguarda ansiosa la manifestación de los hijos de Dios. Ella fue sometida al fracaso, no voluntariamente, sino por imposición de otro (el tentador y secuaces); pero tiene la esperanza de que será liberada de la esclavitud de la corrupción para obtener la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que hasta ahora la humanidad entera está gimiendo con dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos por dentro esperando la condición de hijos adoptivos, el rescate de nuestro cuerpo. Con esa esperanza nos han salvado (Rom 8, 18-23).

De modo que la respuesta a los interrogantes planteados arriba debe ser coral y abarcativa. Todos estamos llamados a cuidar el planeta y hacerlo habitable. “En efecto, parece urgente lograr una leal solidaridad intergeneracional. Los costes que se derivan de la utilización de los recursos ambientales comunes no pueden dejarse a cargo de las generaciones futuras: «Herederos de generaciones pasadas y beneficiándonos del trabajo de nuestros contemporáneos, estamos obligados para con todos y no podemos desinteresarnos de los que vendrán a aumentar todavía más el círculo de la familia humana. La solidaridad universal, que es un hecho y beneficio para todos, es también un deber…, una responsabilidad que incumbe también a cada Estado y a la Comunidad internacional» - (Mensaje n.8).

 

 



Pastoral de la Salud

Organizando el año de trabajo

                       

Pastoral de la Salud comenzó a caminar el 2011 y para acompañarse mejor, los integrantes de la Comisión Diocesana realizaron recientemente su primer encuentro, en la Parroquia Cristo Rey. Allí, surgieron proyectos y se planificaron actividades en la Escuela de Ministerios, el Día del Enfermo y visitas de profesionales en los temas de pastoral del duelo y salud.

 

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Delegación para la Comunicación Social de la Diócesis de Morón

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Sr. Fabián Parodi.

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