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- Ciclo de Encuentros con el P. Mateo Bautista
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-
Gesto Misionero en el Hospital Güemes de Haedo MC900431561[1]
- El duelo “es el precio que se paga por amar” MC900431561[1]

     

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Pastoral de la Salud

 

Grupo Resurrección

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Los Grupos Resurrección son grupos de mutua ayuda que acompañan a quienes sufren por la muerte de un ser querido.

 

Para ir agendando

 

CICLO DE ENCUENTROS CON EL P. MATEO BAUTISTA EN ARGENTINA

 

 

Para mayores informes:

Liliana: 4650 - 2305 - Diác. Octavio: 4650 - 6971

 

contactoresurreccionhaedo@gmail.com

 

www.gruporesurreccion.com.ar

 

 

 

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Gesto Misionero en el Hospital Güemes

 

En torno al Día del Enfermo en la Argentina, nuestra Diócesis prepara un Gesto Misionero en el Hospital Interzonal de Agudos Dr. Luis Güemes, en Haedo.

 

Se invita a Sacerdotes, Religiosos, Religiosas, Agentes Pastorales: Ministros del Alivio y de la Sagrada Comunión.

 

Se realizará del 5 al 13 de noviembre.

Se visitará a los enfermos y habrá Misas todos los días, en las distintas salas.

 

Para mayores informes:

P. Juan Bravo:

micorreojuanrbravo@yahoo.com.ar

 

 

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2°Jornadas sobre “Relación de ayuda en la enfermedad y el duelo”

 

Ser buenos samaritanos en
el mundo de la salud

Entre el 31 de mayo y el 5 de junio, se desarrollaron en Buenos Aires y en la provincia de Córdoba las Segundas Jornadas sobre “Relación de ayuda en la enfermedad y el duelo”, que tuvieron como expositor al Padre Dr. Arnaldo Pangrazzi, religioso camilo y una de las más reconocidas figuras en Pastoral de la Salud, counselling, duelo y grupos de mutua ayuda para personas que han sufrido la muerte de un ser querido.

 

El sábado 4 de junio, el P. Pangrazzi arribó a Morón para exponer en el Encuentro Diocesano de Pastoral del Alivio. Fueron dos charlas que brindó a un concurrido auditorio, con asistentes que se acercaron incluso de Diócesis vecinas, sobre el tema: Ser buenos samaritanos en el mundo de la salud.

 

 

Luego de haber compartido la primera de las disertaciones, en el envío del 6 de julio, con las que el Sacerdote buscó a través de su reflexión y aporte, animar a las comunidades a desarrollar la Pastoral de la Salud, a practicar la misericordia, a estar cerca del que sufre y de su familia, a ser comunidades sanadoras, desarrollamos a continuación el contenido de la segunda exposición:

 

(Agradecemos a Caterina Marotta por la transcripción).

 

LAS PÉRDIDAS Y LA
ELABORACIÓN DEL DUELO

 

El duelo:
“Es el precio que se paga por amar”.

(C. M. Parkes)

 

El tema en esta segunda reflexión es la elaboración de las pérdidas en el duelo. El símbolo es un cactus en el que hay muchas espinas, dolores, pero las espinas pueden crecer y convertirse en flores, como después de un duelo, podemos experimentar nueva vida.

 


La pérdida es una crisis y por tal tiene dos significados, por un lado, un peligro y por otro, una oportunidad. Cuando perdemos un bien nos quedamos vacíos, hay sufrimiento, pero también descubrimos algo nuevo, se abre una vida nueva.

Tenemos apegos y separaciones, nos apegamos a personas, a ideas, a bienes materiales, pero también tenemos que educarnos en desapegarnos, es una ley de la vida que sucede.

Las pérdidas pueden producir sufrimiento y también crecimiento, para algunas  personas las pérdidas han creado solo dolor, después de 30 años, del dolor sólo ha brotado sufrimiento. En otras personas, las pérdidas, las separaciones han producido mucho crecimiento, la persona ha crecido desde el punto de vista humano, relacional, moral y espiritual. Es la opción de cada uno, transformar el dolor en crecimiento o dejarlo estéril, es parte de la responsabilidad humana.

 

Las pérdidas son inevitables y son universales, todos las experimentan. Tienen varias intensidades emotivas, es decir, cada pérdida puede implicar distintas formas de sufrir. Para explicar el duelo, hay que ver la intensidad del vínculo afectivo, lo que produce la intensidad del dolor.

 

Duelo

El duelo en latín es cor-dolere. Es el corazón que duele frente a las perdidas.

Luto en latín lugere, significa llorar.

 

Cuando hablamos del duelo, hay un tipo de duelo anticipado, que ocurre cuando vemos a un ser querido enfermarse gravemente y morir. Los abuelos, los padres envejecen y mueren, por lo tanto anticiparnos a lo que va a suceder. Poco a poco, la persona se va haciendo más débil. Entonces, sufrimos el duelo, como decía Parkes, es el precio que se paga por amar, es decir cuando nosotros amamos a alguien, tarde o temprano llega el momento de decir adiós, entonces sufrimos, hay lágrimas, dificultad de dormir, a concentrarse, falta el deseo de programar a futuro, son reacciones que tenemos de cara a la pérdida.

El modo de vivir positivamente y de una manera constructiva el duelo anticipado, depende de la madurez psíquica y espiritual de la persona y de la disponibilidad de recursos externos e internos para favorecer procesos sanadores.

 

Las fases del duelo

E. Kubler Ross, una persona que estudió las reacciones de los enfermos terminales, observó que pasan etapas, la negación de la enfermedad, después el enojo, la persona se revela, no quiere aceptar. Después viene la negociación, la persona intenta ver, ‘Dios, si vos me sanas yo volveré a la Iglesia”. Es una actitud muy humana la negociación, ‘si vos me haces esto, yo te hago esto’. Después, se da cuenta que la quimioterapia, los médicos, las medicinas, los fármacos no consiguen el resultado deseado, se sienten cada día peor, entonces sobreviene la depresión. Y la última etapa es la aceptación, donde la persona se reconcilia y acepta lo que no puede cambiar.

Es bueno tener en mente este esquema, pero sin presumir que las personas vayan siguiendo las etapas. Algunas aceptan desde el comienzo su situación, tal vez porque es muy madura, profunda, y también ayudan a los demás a reconciliarse consigo mismo. Otras, lo niegan hasta el último día.

 

Factores en la elaboración de la pérdida de un ser querido

Los factores que influencian en la pérdida de un ser querido son: Las circunstancias de cómo sucede la muerte; por qué causa.

La relación con el difunto, si era una relación íntima, estrecha. Se caracteriza por la cercanía o la lejanía; hay relaciones sanas o malsanas con la persona que falleció; si la relación era muy estrecha e íntima, se experimenta la sensación de vacío y soledad. Si la relación era muy conflictiva, hay sentido de culpa, también depende del nivel de dependencia. Si la persona que falleció era la persona clave en la familia.

 

Los duelos son muy distintos. Cuando se anticipa la muerte por vejez o por una enfermedad grave, no es tan impactante, como por un accidente o un homicidio. En un homicidio hay mucho resentimiento. En el suicidio, generalmente hay mucho sentido de culpabilidad. Las causas de muerte son elementos variables a tener en cuenta en el duelo.

 

Los recursos externos: Lo que tengo, los que me ayudan a ir adelante, la familia, los amigos, la cultura, la Iglesia, los profesionales, los grupos de pertenencia, el trabajo. Por ejemplo: Una señora que ha perdido al marido y al hijo, lo que más le ayudó es volver al trabajo, dedicar unas horas fuera de casa, porque adentro se siente inundada por la soledad. Con el trabajo ayudaba a los demás y el trabajo la ha ayudado a reencontrarse con sigo misma.

 

Los recursos internos: Son los elementos que tiene la persona dentro suyo. El 60 o 70% de la sanación depende de esto. Si los recursos internos son pobres, la persona se siente perdida en el mundo, se siente víctima, está deprimida, con baja autoestima, requiere un proceso larguísimo. Si la persona es sana, fuerte, tiene valores y tiene una buena imagen de sí, la recuperación en general es mucho más rápida. 

 

Los recursos internos son culturales, personales, interpersonales y espirituales.

Es útil saber conocernos a nosotros mismos y saber ayudar a los demás. Hay personas que tienen una sana imagen de sí, alta autoestima, una personalidad abierta. Estas características personales les ayudan a ir adelante o recursos interpersonales, habilidades sociales, la capacidad de tomar iniciativas, la capacidad de encontrar a los demás.

 

Los recursos espirituales tienen que ver con la fe que uno tiene o con la esperanza al creer en que hay algo más allá, en el paraíso, en Dios. Lo que tenemos dentro, nos ayuda a ir adelante.

 

Manifestaciones del duelo

En el amor hay facetas físicas, que tienen que ver con dar a las personas una caricia, un beso, un abrazo expresión de intimidad; cómo pensamos en esta persona, la llamamos, le preguntamos cómo está y pensamos en los hijos; o tenemos momentos sociales y vamos a comer juntos. Hay facetas espirituales, compartimos la misión de la vida, vamos juntos a la Iglesia, oramos. Hay facetas emotivas, se comparten los sentimientos de alegría o de tristeza.

 

El desapego produce entonces, reacciones a distintos niveles.

Cuando se muere un padre, un abuelo, en general el sufrimiento es por la pérdida del pasado, porque los padres, los abuelos representan nuestras raíces. Cuando se pierde la pareja, un amigo, o un enamorado, el dolor es por la pérdida del presente. Estas personas representan con quienes compartimos el tiempo, las decisiones, etc.. Si se pierde un hijo, un sobrino, un nieto, el dolor es por la pérdida del futuro. Ellos son nuestra proyección hacia el mañana. En general, de las tres, la más difícil es la última, porque los padres dan la vida a los hijos y es muy doloroso para el padre que da la vida al hijo, tenerlo que sepultar primero.

 

Manifestaciones físicas:

Hay reacciones físicas al duelo de acuerdo a los distintos sistemas que caracterizan al ser humano, el aparato glandular, el nervioso, el circulatorio y el digestivo. Llanto, falta de aire, desmayos, punzadas en el pecho y sequedad de boca, pérdida del apetito, insomnio, dolor de cabeza – cefaleas, inquietud, movimientos repetitivos, cansancio, falta de fuerzas, erupciones de la piel, calambres en el estómago, falta de deseo sexual.

  

De estas reacciones, la más crítica que habría que monitorear, es el insomnio, porque una persona que no puede dormir después de 48 hs algo se enferma en el organismo.

 

Manifestaciones mentales:

Pensamientos distorsionados “no quiero vivir sin ella”. Nadie es todo para nosotros, si bien son personas muy significativas, ninguno fuera de nosotros es la única razón para vivir. Debemos vivir para nosotros, tenemos este cuerpo, esta mente, este corazón, estas piernas, somos responsables de la vida que llevamos. Imágenes obsesivas (últimas escenas); dificultad para concentrarse; pérdida de los intereses; búsqueda de la persona difunta; fotografías; objetos personales; lugares significativos; percepciones auditivas o visuales y sueños. Personas que creen haber visto y se dan cuenta que no son, o haber escuchado la voz del ser querido, o en sueños. En el sueño aparece la persona que murió, tal vez las personas busquen consuelo ahí.  

 

Manifestaciones sociales:

A veces surgen resentimientos, los entierros tal vez son momentos de unidad familiar u ocasiones en las que salen a flote conflictos o resentimientos acumulados en el tiempo. Puede surgir envidia, clausura por parte de una persona a nivel social, que no quiere salir, no quiere ver a nadie. Tienen el temor de llorar, tienen la sensación de no pertenecer a los grupos de antes. Se sienten viudo/viuda. Se busca pertenencia visitando o conectando con otras viudas, van a visitar personas que están necesitadas de ayuda. A la sombra del dolor, aparece la elaboración de una nueva identidad, que antes no podíamos reconocer.

 

Manifestaciones espirituales:

A nivel espiritual se dan reacciones como la conciencia de la propia finitud e impotencia. Algunas personas han realizado muchas cosas, han viajado, han permitido a los hijos hacer todo, pero esta faceta no la han podido controlar. Murió, ni la ciencia pudo realizar sus esperanzas. Entonces se da un momento espiritual al sentirnos impotentes. De cara a la impotencia, algunos se enojan y otros se rinden, aceptan, se reconcilian con las limitaciones.

Otra es la caída de la ilusión de la inmortalidad, sobre todo en los jóvenes, que piensan que morir es para los ancianos y los enfermos. Pero cuando muere uno de los amigos, impacta muy profundamente, ha caído el tema de la propia inmortalidad.

 

Hay reacciones que se manifiestan hacia Dios, algunos tienen un sentido de amargura y resentimiento hacia Dios ¿Por qué no ha intervenido? ¿Por qué permite que los niños sufran? O el sentido de abandono, “hemos rezado. ¿Por qué Dios no ha contestado  nuestras peticiones?”.

Muchos entienden a la oración como cuando se actúa con la máquina de la “coca-cola”, en la que pones la petición y recibís la “coca”. La oración funciona si consigo enseguida lo que he pedido, por lo tanto, si Dios concede otra cosa, no interesa. El drama es que queremos que Dios haga lo que deseamos, en lugar de estar abiertos al misterio de la vida, a su voluntad.

 

Algunos protestan y se enojan con Dios. No van a la Iglesia, no rezan más. Vemos estos comportamientos humanos frente a las heridas producidas por la muerte. Estos se manifiestan en las primeras etapas y pueden ser positivos. Pero, si después de cinco años la persona sigue así, se ha complicado, se ha endurecido el corazón.

 

En otros se da la indiferencia, dicen: “Dios no existe, voy a ser indiferente, tendría que hacer algo, cómo puede permitir todo esto”. O, hay una renovada confianza en Él,   

Manifiestan: “Si yo no tenía mi fe, no sé cómo hubiera respondido a este dolor que ha sido una gran tragedia. Dios me está ayudando, está cerca, cuando necesito llorar o desahogarme, lo hago con Dios”.

 

Entonces, hay distintas formas de fe, unas más sólidas, más radicadas, otras, más superficiales. El dolor en la vida quita mucha superficialidad.

 

Otro punto espiritual es la búsqueda del significado del dolor. “Qué hago ahora en mi vida que me encuentro solo”. Son los desafíos, hay algunas personas que se involucran más con la familia, con los nietos, otras con la Iglesia.   

 

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Manifestaciones emotivas:

La faceta emotiva es la más difícil en la elaboración del duelo. En la sanación de las heridas, el territorio más crítico, es aquí.

En primer lugar de estos sentimientos, el choque. Puede ser un impacto de cara a la muerte violenta, a un accidente o a un infarto, por el cual a la persona no se la ve. Entonces, puede darse pánico o incredulidad, por ejemplo: “La mamá que cada día prepara el mismo número de platos en la mesa, olvidando que uno ya no está. El choque puede durar unos segundos, minutos, días.

 

Puede darse cólera, que se orienta hacia Dios. Hay reacciones, rebeldía o tal vez, la cólera es contra los médicos que no han hecho un diagnóstico correcto o hicieron una intervención que no dio los resultados deseados, o contra la ambulancia que llegó demasiado tarde, o hacia el difunto que tal vez no se cuido.

Hay sentimientos guardados que salen.

Otra reacción muy común es la culpa, que puede ser irracional, hay personas que por este sentimiento hacen cosas incomprensibles.

Hay una culpa normal, todos tenemos relaciones en las cuales hay límites, cometemos errores en lo que hacemos o no hacemos, decimos o no decimos. Entonces, es normal que haya ese sentido de culpa.

Idealizar demasiado al difunto, puede ser un signo de un duelo no elaborado, porque detrás de esta actitud de idealización, con frecuencia se esconden resentimientos por todo lo que no ha recibido, por todo lo que ha hecho.

 

O condicionamientos sociales y culturales. Algunas personas pueden decir de un joven que ha perdido a su papá y se reunió con los amigos: “Ya se olvidó del padre”. No es que se haya olvidado, se fue con los amigos porque necesita ir adelante con la vida, está triste por dentro.

 

El sentimiento más común y largo en el tiempo, es la tristeza, la soledad. Pueden durar como faceta hasta el final de la vida, ocurre por la noche, o el fin de semana, o el día del aniversario, cuando se acerca Navidad. Hay fechas en las que la tristeza se hace más fuerte.

 

Otro sentimiento es el miedo y la angustia, por los interrogantes que muchas personas se hacen: “¿Qué haremos sin él o ella, qué haré los próximos años de mi vida?”. Puede surgir depresión.

 

De  estos sentimientos, los más críticos son el resentimiento excesivo, que congela el corazón, los sentimientos de culpa, que gastan mucha energía y la depresión.   

 

Lo importante en la elaboración del duelo es el movimiento, crecer, ir para adelante y sentirse mejor, o regresar, sentirse peor. El problema es quedarse siempre triste, ni progreso ni regreso. El movimiento, aunque sea de progresar y regresar, es saludable.

 

Los objetivos del duelo son:

El más difícil es aceptar la pérdida que no es lo mismo que tener conciencia de la pérdida. Se puede tener conciencia pero no se acepta, se vive frustrado, desorientado.

El segundo es expresar el duelo, es aceptar una posibilidad de expresar lo que vivimos,  expresar los sentimientos y pensamientos.

El tercer objetivo es adaptarse a una vida cambiada, y el cuarto, es invertir en nuevas relaciones. Saber invertir en nuevas causas y relaciones es esperanzador, y nos ayuda a reinvolucrarnos en la vida.

 

 

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