|
|
|
|
Morón,
sede del III Congreso Catequístico Nacional
“Tu casa también es sede del Congreso”
ANTICIPAR LA AURORA, CONSTRUIR LA ESPERANZA El III Congreso Catequístico Nacional ya está en marcha; se
inició en los encuentros, diálogos y propuestas de las comunidades
parroquiales de las ocho regiones pastorales de nuestro país. Esta instancia
parroquial está a la base de todo diálogo posterior en las instancias
diocesanas, regionales y nacionales, y siempre se debería encontrar modos de
asegurar este anclaje en la realidad cotidiana de los catequistas y de
nuestras comunidades. La identidad y ministerio del catequista en su comunidad es el
‘humus’ de toda otra instancia eclesial, ya sea ésta decanal, diocesana,
regional o nacional. Una suerte de ‘almácigo primero’ que convida su
fertilidad a otros campos y que espera que le retornen frutos y nuevos
semilleros de esperanzas y fecundas realizaciones. Es la comunidad diocesana, la que articula la integración
orgánica de la catequesis con la totalidad de la realidad pastoral; es la
Iglesia particular la que, junto a su Obispo, discierne el paso de Dios por
su historia común y por el palpitar de cada uno. Aguardamos recibir la potencial
riqueza de cada Congreso Diocesano. El primer lugar de resonancia de esas
riquezas será en la propia Región y luego en la celebración misma del III
CCN, Morón 2012. En nuestra Diócesis, se alojarán 1200 congresistas de todo el
país. Y en este anticipar la aurora…ya se ha iniciado la campaña. “Tu casa también es sede del congreso”. En las distintas Diócesis se ha anunciado a los congresistas,
que traen la voz de sus comunidades de origen, que se alojarán en un lugar
VIP, es decir, “la casa de otro catequista”. ¿Ya? …si falta tanto para mayo del 2012! El congreso ya comenzó y hay diversas formas de participar,
pero otras más concretas de construirlo; la primordial, anidar su espíritu.
Están trabajando orgánicamente hace unos cuantos meses, diversas
comisiones en nuestras tierras moronenses. El alojamiento es una de ellas, y éste no es solo
conseguir techo y algunas comidas, porque esa perspectiva no anida en el
Congreso. Cuando abro las puertas de mi casa para recibir a un hermano, que
hará su parte desde su mesa de trabajo dentro del congreso, estoy poniendo mi
parte: mi mesa personal, una cama, una taza de algo caliente y mi presencia,
con mi testimonio de vida para vivir como dijo Jesús: “El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe
a mí” -Mc 9, 30-37 “…Y que me falta una manito de pintura a la casa… el botón
del baño ya no tiene arreglo, no tengo sábanas nuevas… que mi techo es de
chapa…” Esta es una oportunidad para recibirlo a Él en mi casa, para ser
testimonio de comunidad moronense generosa, que construye la esperanza, en
hechos concretos, para ver un cielo nuevo y una tierra nueva; una comunidad
moronense, que como el centinela, se anticipe a la aurora. Hay responsables decanales para el alojamiento, comunicate con
alguno de estos referentes y disponé tu casa para hospedar a un congresista: La
secretaria de tu parroquia; la comisión de alojamientocongresistas@catequesisargentina.org.ar AlinaSaumench: 15 4079 4037; Laura Aramburu 4481 4357
(Ituzaingó); Ana Lidia Scotti 15 4078 76 14 (Hurligham); Silvia Mendes 15
5853 61 95 (Haedo) Gladys Nieto 4645 1178 (Morón Sur); Alejandra Romero 15
5846 5417 (Morón Centro)
El Señor Resucitado, surca nuestros
mismos caminos… Él los va llenando con su Palabra, con su ardor, y con un
coraje, inédito, siempre nuevo, para desandar la tristeza y contar con
alegría: ‘comimos con Él’ al declinar el día. Alina Rodríguez de Saumench Alojamiento Congresistas
|
|
|
Desde Facebook Celebración en el lago En el día de su cumpleaños nº 52, recordamos al P.
Alfonso López Villamor, de la Asociación Privada de Fieles ADSIS, quien fue
por varios años Párroco de San Francisco de Paula de Ituzaingó y Delegado
Diocesano para la Pastoral Universitaria.
“Desde que estoy en Bolivia no he visto una pintura más
hermosa que la que está en la capilla de Choquenaira (“ojo de papa” en
aymara; naira=ojo y papa=choque), de unos cuatro metros de
largo por dos de alto. Cuando los primeros días de diciembre nos reunimos la Asamblea
de la Diócesis de El Alto, este cuadro concentra las miradas de las más de
doscientas personas participantes. Lo primero que llama la atención es, en el primer plano, el
gesto de alabanza de esta pareja inequívocamente aymara: La mujer lleva en
sus manos un recipiente de barro con brasas para que el incienso se eleve
hacia el cielo, y en la espalda el aguayo, tela muy resistente de franjas
simétricas, con que sobrelleva a su “wawa” o bebé, cuya cabeza está bien
tapada por el frío. Al lado derecho está el varón con sus brazos extendidos,
su mano derecha portando un bastón ceremonial y, protegida con el “chullu”, la
cabeza hacia lo alto. Un detalle elocuente es que no es la torre de la
capilla la que más se eleva sino el brazo derecho del hombre, sentado sobre
una loma, dando un sentido más solemne y preferente a la expresión corporal.
Pero ¿Por qué tanta reverencia y respeto? La respuesta la podemos encontrar dejando que nuestra mirada
se adentre guiada por los brazos de esta pareja primordial. Bajo el incienso
vemos tres personas cosechando papas; un poco más al fondo, cerca del lago,
dos varones y una mujer separan con sus largas varas de sus ramas el grano,
quizás quinua, habas, cebada u otros cultivos andinos. Y bajo el brazo del
esposo contemplamos la danza de un abundante grupo de personas que festejan
la fecundidad de la naturaleza. Acercándonos con mucho detalle, hasta podemos
escuchar el sonido del bombo y de las quenas. No sólo es la tierra, sino también los animales que participan
de esta fiesta de la creación: sobre la cabeza del niño podemos observar
cuatro llamas pastando, y al lado derecho un buey que ara la tierra guiado
por su dueño. El lago también colabora aportando truchas, ispis o pejerreyes
que ese pescador en su barquita terminará recibiendo del generoso Titicaca.
Al fondo del lago, sobre el codo izquierdo del papá, admiramos el sagrado
Illimani, nevado emblemático de la Cordillera Real. Aunque parezca en gran medida un cuadro “naif”, trazado con
ingenua simplicidad, nos desconciertan algunos perfiles enigmáticos, llenos
de simbolismo por la imaginación del pintor. Sobre la mano izquierda aparece
una montaña con aspecto humano, como la cara de alguien dormido, descansando
del esfuerzo y esperando ser despertado. Otro caso, aún más claro, es la
silueta sobre la cabeza de la mamá. Quizás puesta a propósito, mujer sobre
mujer, creemos contemplar una montaña con rostro, mano y pecho desnudo
femeninos. Imaginamos ver a la Pacha Mama, madre fecunda que amamanta
infatigablemente con sus pechos colmados a su numerosa familia. ¿No será para
ella esta alabanza aymara? Me inclino a pensar que no: Primero porque el cuadro está en
una capilla católica que, bajo la inspiración del cántico de las criaturas de
San Francisco de Asís, prefiere hablar de la Hermana Madre Tierra,
criatura insigne pero no diosa, junto con quien todas las demás criaturas
alaban al Altísimo y Bondadoso Señor. La segunda razón, la aporta el mismo cuadro. En el medio y en
lo alto, como vértice del triángulo que tiene a la pareja humana como base,
vemos nítidamente el rostro resucitado de Cristo, por quien todo fue hecho,
cuyas manos parecen abrazar la creación entera, correspondiendo a tanta
amistad. ¿Quién dio el abrazo primero? ¿Fue la bendición divina la que
desencadenó la humana o la de la creación la que alcanzó con su armonía y
sencillez la bendición del Creador? ¿No es posible descubrir un círculo
virtuoso de amor inagotable que se retroalimenta sin fin? ¿No cabría poner a
modo de comentario las palabras finales del Nuevo Testamento: “El Espíritu
Santo y la esposa dicen “¡Ven!”. “Sí, vengo pronto” (Ap 22, 17a.20b)? Alguno se preguntará: ¿Este cuadro refleja la realidad o la
fantasía del pintor? Pienso que en cierta medida expresa la realidad de un pueblo
profundamente ligado a la tierra y al cielo, y en mayores proporciones el
sueño de la humanidad, ya imaginado bíblicamente: “Aquí está el
lugar donde Dios vive con los hombres. Vivirá con ellos, y ellos serán sus
pueblos, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Secará todas las
lágrimas de ellos, y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor.”
(Ap 21, 3-4) Y si el Cristo Resucitado está dibujado viniendo desde lo alto
¿Cómo no encontrar también al Cristo humano y sencillo, de manos encallecidas
por el trabajo agrícola y el rostro quemado por el sol entre estos indígenas
campesinos originarios, como uno más que comparte sus alegrías y esperanzas,
sus temores y dolores, sus trabajos y sus fiestas? El Cristo que sin
abandonar el lago de Galilea se aproxima a las fértiles orillas del Titicaca. |
|
|
Delegación para la Comunicación Social de la Diócesis de Morón OFICINA DE PRENSA DEL
OBISPADO DE MORÓN Sr. Fabián
Parodi. De lunes a
viernes de 9 a 12 horas. Buen Viaje
936 - Morón Teléfono:
4629-3143 E-mail: obmoronprensa@speedy.com.ar Se autoriza la reproducción total o
parcial de la información que ponemos al servicio de nuestros lectores,
citando la fuente (Koinonia, newsletter de la Oficina de Prensa del Obispado
de Morón). |
|